domingo, 16 de agosto de 2026

Cuánta razón tenía Dolina...

"Ah, típico de Tauro". Es lo que dicen con un reduccionismo bárbaro quienes creen en esas cosas, refiriéndose a los que demostramos cierto grado de terquedad (no gratuita) y, por ventura, nacimos en la primera quincena de mayo.

Pues a  veces ser terco no es necesariamente un rasgo negativo. Al menos, no en este caso que traigo a colación, mis queridos (y seguramente, alguna vez, tercos) cuatro lectores.

—¿Y en qué consiste esa obstinación, testarudez, obcecación, tozudez, pertinacia, irreductibilidad, contumacia o empecinamiento, oh intrigante bloguero?

En leer es su idioma original (inglés) un libro de una escritora norteamericana llamada Deborah Eisenberg. Como el inglés no es mi idioma nativo (ni colonizado, faltaba más; ese vino de España), y mi mayor contacto con este es por la lectura de artículos de tipo técnico y de negocios, encuentro en estos relatos cortos muchas palabras y expresiones que no conozco. Así que me toma mucho más tiempo del normal entender exactamente lo que la autora buscaba expresar.

Una de mis hojas de anotaciones con palabras y expresiones

Por cierto, el libro en cuestión se llama Your Duck Is My Duck


Me inicié en su lectura el 19 de julio, hace casi un mes, y apenas terminé de leer el primer relato corto (el que le da título al libro). Les aclaro que no lo he leído día tras día, pues no siempre tengo el tiempo (inasible recurso no renovable) ni el ánimo para hacerlo.

—Oh, mentecato redactor, ¿acaso no sabes que ya puedes conseguir ese libro traducido al español?

Volteando mis ojos al cielo respondo: obvi que sí, dah. Pero ya me pasó con el libro traducido al español de Fran Lebowitz, el cual traía tantas N. del T. (notas de traductor) que pensé que tenía que leer el original personalmente. ¿Y saben qué? Valió la pena. A pesar de que la traducción sea la más mejor del mundo, la inteligencia e ironía de Fran solo se puede apreciar en todo su esplendor en inglés.

Joya literaria

Además, yo no leo por leer. O peor, como lo describió magistral, irónica y crudamente Alejandro Dolina: yo no leo para decir que he leído.

Los invito a ver ese revelador (y, al mismo tiempo, desenmascarador) video aquí abajo.


Lapidaria su frase: «La gente no quiere leer, sino quiere haber leído». 

¡Tómala! Y miren que cuando dijo eso, si se fijan bien en el video, no existían las redes sociales: todos los jóvenes ahí presentes tenían su total y completa atención puesta en quienes departían al frente de ellos, para no perderse el menor detalle. Hoy día no faltaría el montón de malditos celulares enfrente de todas las caras, grabando. Si ya en ese entonces había quienes pensaban en la inmediatez (según el comentario de Dolina), en vez del placer de la lectura, ahora la cosa es hartísimo mucho peor.

En fin. Cada uno puede hacer de su vida un rehilete, si quiere. 

Algunos preferiremos seguir a nuestro lento ritmo, disfrutando de lo que deseemos leer.

Por cierto, Deborah Eisenberg es una de las autoras y los autores de cuentos cortos (short stories) que Fran Lebowitz recomiendó leer durante una entrevista que le hicieron. Si la recomendación viene de ella, entonces vale la pena darles una oportunidad, y en su idioma original.

Hasta la próxima.


sábado, 15 de agosto de 2026

Dos meses sin Whatsapp


Querido lector, querida lectora, hace ya dos meses que cerré mi cuenta de WhatsApp.

—Y en lugar de WhatsApp, ¿qué tienes ahora?

Una tranquilidad y paz mental que ya extrañaba.

—Pero ¿no perdiste algo por dejar de usar esa aplicación?

Ah, claro que sí: perdí completamente el FOMO (fear of missing out), pero en cambio he abrazado (con singular alegría) el JOMO (joy of missing out).

—Uy, entonces ya no te conectas con nadie.

Si vieras que no es así. Le avisé mediante SMS a todos mis contactos frecuentes que me podrían encontrar por ese medio. Solo unos pocos respondieron y con ellos es con quienes intercambio mensajes periódicamente.

De hecho, unos pocos (muy pocos en realidad) me mandaron un SMS diciéndome "Oye, no te puedo contactar por WhatsApp". Es decir, hicieron el esfuerzo de comunicarse conmigo y lo lograron. Buena onda. Supongo que para la mayoría cuando algo deja de ser fácil y el interés no es suficiente, ni le intentan, no se molestan (prefieren «evitar la fatiga», como decía Jaimito, el cartero).

Si vieran lo rico que se siente sacudirse la autoimpuesta tiranía de tener que estar siempre disponible…

Hasta la próxima.


sábado, 1 de agosto de 2026

«Hoy toca»... con Germán Dehesa

Sin que quepa la más microscópica de las dudas, si mi estilo de redacción ha sido influenciado por alguien, con total convicción puedo decir que esa persona fue don Germán Dehesa (1944 - 2010). 

De hecho, en el mismísimo primer artículo de este blog, titulado Back to business (da clic aquí para leerlo), hago referencia a él.

Germán Dehesa en la XXIII Feria Internacional del Libro.
FOTO: Eunice Adorno/CUARTOSCURO.COM

Y lo corroboro más ahora que estoy leyendo su libro Fallaste, corazón, el cual ha sido rescatado y preparado por sus hijos Juana Inés, Ángel, Mariana y Andrés. ¡Muchísimas, pero muchísimas gracias! Que Diosito se los pague con harta lana para que puedan rescatar más obras de tan genial personaje.


Imperdible

Si no saben quién fue Germán Dehesa, solo les diré esto: gugléenlo. Encontrarán muchísimos artículos acerca de él, además de videos y hasta audios.

Para mí fue alguien que hizo que me aficionara a buscar su columna «Gaceta del Ángel» en el periódico El Norte cada domingo que íbamos de visita a casa de mi abuela (quien tenía suscripción acá en Monterrey). Me zambullía en el montón de ejemplares apilados, que tenía en una silla de la cocina, buscando la sección  donde su columna se publicaba.

Cómo me hacían reír las puntadas que su agudeza mental le inspiraba a garabatear en sus notas, las que luego entregaba a la rubia misteriosa (así llamaba a su secretaria) para que las mecanografiara.

¿Cuál era su estilo de escritura? Creo que la parte de atrás del libro lo expresa perfectamente: «[...] su prosa inconfundible —erudita y callejera, tierna y feroz—[...]». Ándale, así meritito. 

El título del libro hace referencia a un hecho de la vida del autor: le dio un infarto. «Primero me infarté yo; luego el país», escribió.

La parte de atrás de este libro

Qué bueno que vivió para contarlo, al menos otros 23 años más. Pero, desde que murió, dejó a muchísimos lectores en la orfandad (me incluyo —snif—). Por eso, en cuanto supe de este libro no dudé en pedirlo por Amazon para revivir esos buenos recuerdos (den clic en esta liga para pedir el suyo).

¿Saben qué fue lo primero que hizo Dehesa en cuanto estuvo lo suficientemente consciente y tan pronto lo trasladaron a la unidad de cuidados intensivos del hospital tras la operación postinfarto? ¡Se puso a escribir su columna! (Faltaba más). Qué bárbaro. ¡Y cómo me carcajeé leyendo el final de su artículo «Ya vine de donde andaba» (pág. 95) cuando por fin le dieron comida sólida! Ese y otros artículos más me hicieron reír como hace mucho tiempo no lo hacía. Menos mal que estaba yo solo en casa, o de lo contrario iban a pensar que estaba loquito al oír mis carcajadas.

Claro, no todo es risa en esta colección de unas pocas de sus columnas (escribió varios cientos) fechadas entre agosto de 1987 y julio de 1994, entre las que el libro incluye aquellas relativas al levantamiento zapatista en Chiapas de enero de 1994.

Algo que me gusta de este libro es que, después de la mayoría de las columnas, se anexan comentarios escritos en 1996 por el mismo Germán en referencia al texto que acabamos de leer. Creo que eso le da un valor adicional a este libro.

Yo no sabía que a don Germán Dehesa le habían hecho una revascularización coronaria (el famoso bypass), tal como a mi papá. Así que entiendo muy bien todo el dolor físico (y el consecuente miedo) que el autor describe en sus escritos referentes al antes y después de dicha operación. Puedo imaginarme totalmente cómo se sintieron su esposa, sus hijos y amigos en esos momentos.

Creo que hay libros para ser leídos en diferentes momentos; yo este lo leo antes de dormir: no hay nada mejor que una lectura amena después de un pesado día de labores.

Somos muchísimos quienes en el pasado disfrutamos de los escritos de don Germán Dehesa. Por ejemplo, miren esta página que encontré donde una agradecida lectora, llamada Lorena Sanmillán, transcribió su artículo favorito titulado Los dones (den clic en esta liga para leerlo). Además, alguien muy buena onda publicó esta página en internet titulada El Archivo Maestro del Maestro Germán Dehesa (den clic en esta liga para verlo), donde se encuentran textos, audios y videos. Súper completo.

¡Ah! Cómo olvidar sus geniales intervenciones en la película «Cilantro y perejil», de 1995. Les dejo aquí abajo el tráiler (él es el primerito que sale a cuadro).


Espero con ansias conseguir más libros de la Biblioteca Germán Dehesa (©Herederos de Germán Dehesa, apúrense, plis) para reír y para reflexionar.

Porque la inteligencia siempre ha estado casada con el humor.

Ya de colofón, les dejo esta liga a un artículo con frases célebres de don Germán Dehesa (dar clic aquí para leerlo).

¿Y saben qué es lo mejor? Antes de dormir: hoy toca.

Hasta la próxima.


viernes, 31 de julio de 2026

Con lo que crecí


Estoy escuchando con mi tornamesa el vinilo original de 1982 de la película E. T., el extraterrestre. Bebo de mi taza de café: es negro, sin azúcar ni leche ni nada más.

¿Es perfecto el sonido que sale de las bocinas del estéreo? Se escucha el crepitar de la aguja sobre el disco, como si hubiera una fogata a un lado y la leña se quejara de su destino. Medito un poco y pienso: para mí, sí es perfecto.

Me remonto a mi infancia y temprana adolescencia en que escuchaba ese sonido una y otra vez; los chasquidos de la aguja ahí estaban. Vuelvo a esos tiempos cuando cierro los ojos... escucho... y no pienso en nada más.

Por supuesto, llegó luego el disco compacto (o CD) y esos «ruidos» desaparecieron. Los archivos musicales digitales mantuvieron la impecabilidad. Y eso me parece genial. Pero nunca superarán lo que un vinilo de mi colección me hace sentir, me hace revivir.

Agradezco haber vivido en esa época, y por la buena música y el buen café. No quisiera haber crecido creyendo que las cafeterías vendían cualquier tipo de bebida saborizada y demasiado azucarada, cuyo resultado sabe a todo menos a café.

Me quedo con lo que crecí.



domingo, 26 de julio de 2026

Noche analógica

He decidido tener una noche analógica: sin tecnología de avanzada.

Esto lo escribo en papel con bolígrafo.


Quiero tener música de fondo, así que enciendo mi estéreo Sony, limpio el vinilo de la banda sonora de «Arturo, el millonario seductor» y lo pongo en la tornamesa: la música analógica inunda la habitación. 

Doy un sorbo a mi café, el que preparé con sumo cuidado en mi máquina Dolce Gusto® (qué esperaban, no soy un salvaje).

Medito en lo difícil que le puede parecer a los nativos digitales (esos niños que nacieron con contraseña y PIN para descargarlos, en vez de darlos a luz) el pasar un momento desconectados. ¿Desconectados de qué? De la realidad.

Mi apreciada Fran dice que ve a estos jóvenes creyendo que la realidad es lo que sucede únicamente dentro de las pantallas que acaparan su atención. Que aquello que los rodea, para ellos, no es la realidad. Fuertes declaraciones. Pareciera que se evadieran en su mundo digital. Pero la verdad es que no los culpo al ver el mundo real en el que les ha tocado crecer. Los mayores (ya paso de los 50, así que me autocategorizo como tal) tenemos al menos herramientas para lidiar con este. El alcohol, por ejemplo.

Ya en serio, el manejo de la frustración de parte de los jóvenes es tema de discusión. Miren, en este momento el vinilo que puse está ya en la última canción: la aguja de la tornamesa en breve llegará al final de su recorrido y emitirá ese sonidito rasposo y repetitivo hasta que yo me levante de mi asiento, me dirija a quitar el disco, limpie la superficie del otro lado, lo coloque de nuevo y, muy sutilmente, pose la aguja en el principio del lado B. A algunos quizás ya los cansó solamente el leer este procedimiento. Puede parecerles tedioso y hasta hacerlos sentir ansiedad. Pero, a quienes lo hacíamos una y otra vez en nuestra infancia, nos parece de lo más normal. Y tiene su encanto.

Por supuesto, no voy a negar que es muy padre poner Spotify® con su reproducción ilimitada de música (y sin comerciales, para quienes le brincamos con una lana). Yo mismo lo hago. Mas en esta ocasión el smartphone ha sido reemplazado por lo analógico (ándale, chiquito; pa que veas lo que se siente).

En este momento, caigo en cuenta de cómo me gusta escribir a mano, aunque mi letra parezca salida de un sismógrafo con Párkinson y espíritu de maraquero. La caligrafía brilla por su ausencia, pero la ortografía y la gramática jamás. Creo que garabateo rápidamente por un temor infundado a perder la idea que me hizo comenzar el renglón. ¿Les ha sucedido?

Tacho algunas palabras al releer lo que acabo de escribir y las reemplazo por otras que me expresen mejor o que tengan más «punch». Todavía no es el texto final ni mucho menos. Volveré a releerlo después, ya que, según recomiendan los que dicen que saben, hay que dejar reposar tus escritos. De esta manera, los leerás con otros ojos. Dicen.

Ya me terminé mi cafecito. Ya suena la última canción del disco. Y ya se termina este artículo. ¡Que coincidencia tan venturosa!

Hasta la próxima.


lunes, 6 de julio de 2026

Una lectura introspectiva | por AmramR.


04 Julio 2026

Una lectura introspectiva

por AmramR.


Creo que todos los entusiastas, intensos, con pensamiento crítico e inmersos en esta modernidad hemos caído en la tentación de discutir sobre algún tema en la caja de comentarios de las redes sociales. Les confieso, con algo de vergüenza, que así fue como inició la intención de redactar este artículo. Me encontraba divagando entre videos cuando vi uno que trataba burdamente el tema del libro «Crimen y castigo». Como un lobo que ve a una oveja pequeña cojear no pude contenerme de ir y dar mi preciado y desapercibido punto de vista al respecto, lo que generó más comentarios e interés por parte de los «viewers».  Sin más preámbulo, les dejo mi análisis para su enriquecimiento literario.

 

 

08 enero 2025

 «Comprimiéndose los latidos del corazón con una mano, al mismo tiempo que palpaba el hacha una vez más, procedió a subir los peldaños suavemente, con mucho tiento, y aguzando el oído a cada instante».

 

 Crimen y Castigo - Fiódor M. Dostoievski

 

Una historia bastante psicológica dentro de la perspectiva de un criminal. Nuestro protagonista Rodión Raskólnikov es un joven muy inteligente y activo, quien comienza a tener dificultades económicas. Durante la lectura de esta novela, bien redactada y detallada, se nos deja mucho a la interpretación, y así obtenemos respuestas abiertas a varias preguntas: ¿qué lleva a alguien a cometer un crimen?, ¿qué tipo de efectos puede sentir dicha persona luego del acto?, ¿de qué forma se ve afectada? Y, tras leer los razonamientos del criminal, ¿está justificado el acto cometido?

 

Los minutos invertidos en esta inmersiva lectura valen mucho la pena. ¡Esto es literatura! Y si te gustan las historias de crímenes, detectives, psicología, moralidad, humanidad, etcétera, esto es para ti.

 

A continuación, daré mi análisis sobre la obra. Esto probablemente te despierte más el interés y puedas digerir mejor su lectura en un futuro.

 

En la introducción de esta historia encontramos a Raskónikov cometiendo un crimen. Decide matar a una señora de la tercera edad, usurera y amargada (al menos así lo es a los ojos de nuestro querido protagonista). ¿El motivo? Al principio, no hay un motivo muy claro. Rodión es un inteligente estudiante de Derecho. Tiene familia: una madre y una hermana que viven fuera de la ciudad, que lo quieren y que, de tanto en tanto, le mandan rublos (moneda rusa) para que siga viviendo en el departamento en el que se encuentra. Si bien es cierto que «bien» no está, tampoco le va «muy mal». Al menos, para mí, no se encuentra desamparado. Entonces ¿por qué privar de la vida a esta pobre anciana? Veamos. Lo que sigue (y es destacable de la obra) es la enfermedad de Rodión: no existe una causa; solo está enfermo de fiebre, debilidad corporal, delirios, inconsciencia, etcétera.

 

Comienza la investigación del caso de homicidio doble (—¿Dijiste doble? —¡Ah! Sí. ¿Olvidé mencionarlo? Pequeño detalle) y nos presentan a Porfirii Petróvich, un juez muy perspicaz, quien comienza a tener pláticas recurrentes con Rodión, en las cuales logras sentir la incomodidad en las conversaciones; como si Petróvich ya supiera de algo. ¿Realmente sabrá algo con respecto al crimen o solo es mi conciencia herida creyendo que todas las miradas me ven con sospecha?, era lo que básicamente se cuestionaba Raskólnikov. Y es en este momento cuando nos dan la primera pista para todas nuestras preguntas.

 

Rodión tenía una teoría muy buena que él mismo llevó a proyecto, con una motivación excelente, pero, lamentablemente, estaba muy mal enfocado. Porfirii recuerda un ensayo que fue publicado por Rodión en el periódico, en el cual, y a modo de resumen, menciona que existen dos tipos de humanos: los que son perturbados y severamente culpados por sus conciencias y los que no. Los segundos llegan a ser grandes personajes y líderes como Napoleón, que no se tocó el corazón para cumplir con sus deberes y objetivos, tienen agallas y un alma fría. A cuánta gente no asesinó en sus múltiples guerras, sin mencionar la damnificación a las poblaciones europeas que causó, algo que parece no hacerle daño alguno en sus adentros. Para nuestro noble protagonista, este personaje de la Historia es un ejemplo de un gran hombre. ¿Ahora ven mi punto sobre el «enfoque»? Entonces, Rodión quería demostrarse a sí mismo si él tenía las agallas y la fortaleza de «hacer un bien por la comunidad» al despojar de la vida a aquella mujer prestamista y usurera. Se nos da a entender que fue una forma de probarse a sí mismo, de ver cuánto aguantaba su propia conciencia. Y este es el desarrollo que se da a lo largo del libro.



            ¿Por qué digo que estaba mal enfocado? Porque hay un marcado desequilibrio en sus razonamientos, lo cual se muestra en su nublado juicio al creer que está «bien» el acto que cometió. Esta teoría del
«superhombre» para Raskólnikov podría aplicarse a generales en guerra. Pero aun así ¿quién es el hombre para decidir si alguien vive o muere? El hecho de matar a una anciana no haría una diferencia positiva en la comunidad. Esto solo lo hizo por un interés totalmente egoísta: ver si se atrevía a hacerlo. Qué simple, ¿no crees?

 

—Oye, Amram, pero el libro se llama Crimen y castigo. ¿Dónde está el castigo que recibe Rodión?

Bueno, mi querido(a) amigo(a): «Nada condena más a un hombre que su propia conciencia» (eso no lo dice el libro, lo digo yo). Y este es el principal castigo que recibe Rodión. ¿Recuerdas su rara, difícil y eterna enfermedad? Ahí lo tienes. Y la peor parte es que él mismo no era consciente de esto, no quería aceptar su culpabilidad. En sus pensamientos siempre encontramos excusas y evasivas, pero su cuerpo gritaba por alivio, por un castigo de la sociedad; se repudiaba a sí mismo.



            ¿Te has sentido identificado? Probablemente es tu búsqueda de emociones, aventura y nuevas experiencias lo que te hace querer salirte de lo política y moralmente correcto. Probablemente en tu interior quieres probarte de nuevo que eres bueno en algo más, o ver hasta dónde puedes llegar solo por curiosidad o emoción. Probablemente sea simple y sencillamente por ego y orgullo. Entonces, luego de pensar en la acción que pudieras llegar a cometer (o que ya has cometido) tratas de convencerte de que no es tan malo después de todo, cuando, en realidad, estás siendo consumido por la culpa. Y bajan tus ánimos, tu cuerpo expresa lo que el alma siente y tu boca no lo quiere aceptar ni decir. Andas desconcentrado y en la noche piensas más de lo que duermes.

 

Quizás todo lo que buscas en realidad es perdón, alivio y cariño, misericordia. Pero ¿cómo vas a encontrar algo que, inclusive, descartas y te reservas para ti mismo? ¿Cómo encontrar la cura a una enfermedad que dices no tener? Solo nos encontramos en la persecución de malas soluciones a sufrimientos internos que vienen de la soledad, causada por resolver la paradoja de la privación.



Temas que el libro aborda entre líneas. Si llegan a terminar el libro, me dicen qué les pareció.

Gracias por leer. Hasta la próxima.



AmramR.


viernes, 3 de julio de 2026

domingo, 28 de junio de 2026

Pasini Bianco | Fratelli Pasini | 2025 | México | Blanco | Seco

Continuando con los vinos de esta bodega mexicana, Fratelli Pasini, ahora le toca la oportunidad a su vino blanco. Veamos qué tal le fue.


El exceso de alcohol es perjudicial para la salud. Disfruta con moderación.


Pasini Bianco 2025

  • Vino: Pasini Bianco
  • Cosecha: 2025
  • Productor: Vinícola Fratelli Pasini ([Web: vinospasini.com]  [Instagram @fratellipasini
  • País: México
  • Región: San Antonio de las Minas, en el Valle de Guadalupe, Baja California
  • Uvas: chenin blanc y colombard
  • % alcohol: 12.0
  • Precio: $350 pesos mexicanos (directo en la tienda del productor)
  • Volumen: 750 ml
  • Calificación Precio/Calidad: **** (4 de 5)
  • Disfrutado el día: 27 de junio de 2026


Presenta un acuoso y limpio color amarillo.


Pasini Bianco 2025

Al mover la copa, en la nariz resaltan de inmediato las notas a flores blancas y frutas como piña y durazno.

En boca tiene una boca seca pero afrutada, con una excelente acidez. El cuerpo es ligero, lo que permite beberse con facilidad. Percibimos una nota mineral (no salada), y la piña se asoma de nuevo.

Es un vino sumamente agradable, perfecto para acompañar la plática al final de una tarde de verano, como fue la de ayer. Lo disfrutamos mucho, mientras acompañábamos un platón con quesos, aceitunas y jamón. Está perfecto para un ambigú, para unos canapés o para conversar.

Le doy 4 de 5 estrellas en mi Relación Precio Calidad (RPC).

Hasta la próxima.


El consumo de vino afecta su capacidad para conducir u operar maquinaria. Nunca beba y conduzca.

Calico Bass | Fratelli Pasini | 2025 | México | Tinto | Seco

Mis anhelantes cuatro lectores, les confieso que cuando pruebo un vino tan bueno como el de esta ocasión, cuyo desarrollo estuvo a cargo de un joven enólogo mexicano, me regresa la esperanza con las nuevas generaciones. Me refiero al enólogo Emiliano Cabello Lara (hijo del Dr. Alejandro Cabello Pasini [mencionado en esta nota]), quien ha viajado a varias latitudes del mundo vitivinícola para aumentar sus conocimientos con la práctica: la verdadera y única forma de aprender, ensuciándose las manos en el terroir. El enólogo se hace en el campo, no en un escritorio.

¿Les parece si pasamos a hacer la nota de cata?


Este blog es educativo y de entretenimiento. No fomentamos el consumo excesivo de alcohol.


Calico Bass 2025


Calico Bass 2025

  • Vino: Calico Bass
  • Cosecha: 2025
  • Productor: Vinícola Fratelli Pasini ([Web: vinospasini.com]  [Instagram @fratellipasini
  • País: México
  • Región: San Antonio de las Minas, en el Valle de Guadalupe, Baja California
  • Uvas: grenache 60% y tempranillo 40%
  • % alcohol: 14.0
  • Precio: $350 pesos mexicanos (directo en la tienda del productor)
  • Volumen: 750 ml
  • Calificación Precio/Calidad: ***** (5 de 5)
  • Disfrutado el día: 16 de mayo de 2026


En nuestra copa, lució un brillante y limpio rojo rubí.

Calico Bass 2025

Los aromas de este vino recuerdan a una compota de frutillas rojas y arándanos, además de pimienta y algo herbal parecido a la mejorana. Una nariz muy interesante.

En boca es muy frutal, con un ligero gusto dulzón, pero con excelente acidez. Personalmente, encontré una agradable nota a leche.


Calico Bass 2025, music & chill

Es un vino que nos agradó mucho a Elsa y a mí. Le doy 5 de 5 estrellas en mi Relación Precio Calidad (RPC).

Espero probar más caldos elaborados por esta joven promesa de la enología de Baja California, México.

Hasta la próxima.


Tomar bebidas alcohólicas no es un juego; beber sin moderación daña tu salud. 


sábado, 27 de junio de 2026

«El respeto al derecho ajeno (y a las creencias ajenas) es la paz»


Atribuyen a un expresidente mexicano la siguiente frase: «El respeto al derecho ajeno es la paz». Haya sido él o no quien la expresó (existe polémica al respecto), no nos enfoquemos en el mensajero sino en el mensaje, ¿les parece?

Tal y como lo escribí en el primer párrafo de mi artículo sobre el lenguaje inclusivo (lo pueden leer aquí), además de que creo que cada persona tiene el derecho a formarse su opinión, también cuenta con el derecho a tener sus creencias basadas en lo que ella decida. Y me refiero a creencias en un sentido amplio, no solo a las religiosas.

Con lo que no estoy de acuerdo es que alguien juzgue a los demás con base en sus creencias propias, o en que quiera imponerlas a los otros.

Por ejemplo, sé que existen personas que han decidido no beber ni una gota de alcohol (cerveza, vino, tequila, vodka, etcétera). Algunas no lo hacen porque aceptaron vivir de acuerdo a un código religioso que lo prohíbe, mientras otras únicamente lo hacen por motivos de salud. Asimismo, hay personas cuyas creencias religiosas (aceptadas por ellas) les prohíben tomar café. En mi caso, yo sí bebo alcohol y café. Así como ellos están en su derecho de no hacerlo, yo estoy en el mío de sí hacerlo. Ni mi religión ni mis condiciones de salud me lo impiden. Si yo los juzgara, y hasta condenara, por no hacer lo mismo que yo, ¿adivinen quién estaría mal? Por supuesto: yo.

Naturalmente, ir en contra de las leyes del país en que se vive, aunque la persona crea que está bien, acarrea una sanción. Pero si alguien hace algo que es permitido por las leyes, pero no concuerda con mis creencias, y ese alguien no forma parte, ya sea de mi religión u otra organización a la que yo pertenezco, pues eso es su asunto. 

Digo, si en Inglaterra manejan del lado izquierdo de la calle, mientras que en México se hace del lado derecho, ¿quién soy yo para decir que están mal allá? Desde luego, si un británico tratara de conducir en México por el lado contrario al aceptado aquí, sin duda se las verá con las autoridades. Pero si lo hace allá en su país, ¿cuál es el problema?

Mis perspicaces cuatro lectores, ¿han escuchado la frase: «Hasta lo que no come, le hace daño»? No seamos así. 

Hasta la próxima.