Mis aplicados cuatro lectores, hoy les quiero compartir este artículo escrito por mi camarada João D. Cavaco Pereira, a quien tengo ya un buen rato de conocer en el mundo del vino, pues él es enólogo, entre las varias especialidades que tiene.
João me ha autorizado reproducir su texto en este blog, pues me pareció bastante bueno su punto de vista.
Del Líquido Oscuro a la Memoria Viva: El Vino ya no se Bebe, se Habita
por João D. Cavaco
Nací rodeado de sarmientos y horizontes verdes. Para el niño que fui en una pequeña localidad aragonesa, el vino no era un objeto de culto, sino un elemento cotidiano: ese líquido oscuro que los adultos compartían en la mesa y que, de vez en cuando, teñía de rosa mi gaseosa. Era un sabor rico, sencillo, familiar. Con el tiempo, ese juego de mezclas pasó de la gaseosa a la Coca-Cola en las fiestas del pueblo, una transición casi ritual mientras dejaba atrás la pubertad.
Sin embargo, mi formación en Geografía e Historia, sumada a una posterior especialización en Enología, me obligó a mirar el viñedo con otros ojos. Lo que empezó como una curiosidad se convirtió en una obsesión por entender el porqué de cada botella. Esa búsqueda me llevó lejos de mi casa, cruzando el Atlántico hasta los viñedos de Texas. Fue allí donde comprendí la gran lección del mercado moderno: el vino es un escenario.
El espejismo de Texas y la realidad del Somontano
En Texas, la tradición vitivinícola es joven, casi inexistente comparada con la europea. Pero los tejanos comprendieron algo vital: si no tienes mil años de historia, inventas una experiencia que merezca ser contada. Cada bodega, por pequeña que fuera, montaba un escenario de película. No vendían solo fermento de uva; vendían una narrativa.
Al ver esto, mi mente regresó a España. Recordé las rutas turísticas de Viñas del Vero o los concursos de pintura de Enate en el Somontano. Comprendí que el sentido era el mismo: generar curiosidad. El cliente ya no busca solo una nota de cata; busca ser el protagonista de una historia que pueda compartir.
El error de los anaqueles llenos
Hoy, doce años después de aquel reencuentro con el enoturismo, la realidad en las tiendas es preocupante. Los anaqueles están saturados y las bodegas acumulan añadas que el tiempo desgasta. El error de diagnóstico es grave: muchas bodegas siguen creyendo que sus clientes compran vino.
La realidad es que el consumidor actual ha dejado de comprar botellas para comprar vivencias. El vino, por sí solo, es una mercancía (un commodity); la experiencia es el valor añadido. Si el sector no entiende que su nuevo trabajo es vender experiencias a través del vino, las botellas seguirán acumulando polvo.
España ante el desafío: menos copas, más emociones
En un país como España, donde el consumo de vino desciende año tras año, la solución no pasa por producir más, sino por conectar mejor. El enoturismo no debe ser un anexo de la bodega, sino la puerta principal del negocio.
¿Qué debemos hacer para revertir la tendencia?
Vender el sentir, no solo el saber. La educación técnica es para los expertos; para el público general, el vino debe sentirse en todo el cuerpo. Necesitamos inmersión sensorial: cultura, música, arte y paisaje.
Humanizar la Historia. Como historiador, sé que los datos aburren pero las crónicas fascinan. Cada bodega debe encontrar su porqué y contarlo como si fuera una película.
El vino como herramienta de conexión. Debemos pasar del ritual rígido de la cata a la libertad de la experiencia. El cliente no quiere que le digan a qué huele el vino; quiere recordar con quién y dónde lo bebió.
El enoturismo bien trabajado es la clave de la continuidad. Es hora de entender que el negocio del vino hoy consiste en beber historia. Solo así conseguiremos que el consumidor vuelva a sentir esa curiosidad que yo sentí cuando mi gaseosa se tiñó de rosa por primera vez. Porque, al final, el vino no solo se saborea en la boca; se queda grabado en la memoria.
Es toda una experiencia platicar con el buen João, se los aseguro. El año pasado, cuando estuvo en Monterrey, tuve la oportunidad de hacerlo algunas veces. En una de esas ocasiones, pude probar un vino de un viñedo localizado en un lugar que no me esperaba: Monclova, Coahuila. Fue algo totalmente inesperado. Y estaba bueno, la verdad.
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Hasta la próxima.
Este blog es educativo y de entretenimiento. No fomentamos el consumo excesivo de alcohol.






























