Hola, mis queridos cuatro lectores. Esta es la tercera entrega de la serie El tesoro del saber redactar bien. Pueden conocer la intención de estos artículos al leer la entrega 1 (dar clic aquí).
Joya 7. La coma del vocativo
Como supongo que ya tomaron la clase gratuita que mencioné en la joya 6 de la segunda entrega de esta serie de artículos (la pueden leer aquí), indudablemente notaron la falsedad del mito que nos enseñaron sobre el uso de la coma (mencionado en la joya 5). La verdad es que la coma del vocativo se tiene que escribir siempre, no importa que no hagamos una pausa al saludar a alguien.
Por ejemplo, cuando decimos «Buenos días, mamá» no hacemos una pausa entre «Buenos días» y el vocativo «mamá». A ver, inténtenlo. Digan «Buenos días, mamá» haciendo una pausa donde está la coma. ¿Verdad que se siente extraño? Es antinatural. Por lo tanto, nos queda aún más claro que las comas no significan pausas en los escritos.
—Ay, pero nunca me ha gustado aprenderme reglas ni fórmulas. Qué flojera que se usen en la redacción.
Si algunos de ustedes, mis apreciados lectores, opinan como la frase de arriba, entonces permítanme decirles esto a fin de que mediten: si Dios (o la entidad en la que ustedes crean: el Universo, la Naturaleza, etcétera) ha puesto reglas en la creación, lo ha hecho para que haya orden en su funcionamiento en vez de caos. Para eso sirven también las reglas en la redacción (las ortográficas, las gramaticales, las sintácticas, etcétera). Claro, estas son propuestas, revisadas, aceptadas e implantadas por las academias de la lengua de varios países hispanoparlantes. Pero nos sirven para que quienes leemos y hablamos en español nos podamos entender.
Volviendo a la coma del vocativo, diré que me agrada como lo explica el maestro Sandro: «se emplea cuando alguien se dirige a otra persona, a un grupo de personas, a una figura real o imaginaria (sea que esté presente o no), mediante su nombre, título, apodo o […] cualquier palabra o frase que utilicemos en lugar del nombre propio de la persona a la cual nos dirigimos».
Estos son unos ejemplos del uso de la coma del vocativo, en el que este se indica en letra negrita color morado.
- Andrea, dime dónde dejaste las llaves del auto.
- ¿Me estás oyendo, inútil?
- Oye, bato, pásame ese martillo.
En la última frase, notamos que se usan dos comas para aislar el vocativo (bato).
¿Usan ustedes la coma del vocativo en sus mensajes de WhatsApp? Si lo hacen, los felicito. Si no, no se preocupen. Este es uno de los usos más olvidados de la coma. Pero si empiezan a ponerla a partir de ahora, adquirirán una práctica que no olvidarán. Es más: hasta editarán su mensaje para agregarla cuando noten que se les olvidó.
Joya 8. Sencillez al explicar las categorías gramaticales, el sujeto, el predicado y los modificadores de ambos
Chulada de maíz prieto es lo único que puedo decir sobre la forma en que se explica en el libro de texto sobre los sustantivos, los adjetivos, los verbos (y verboides), los adverbios, los pronombres, los artículos, las preposiciones, las conjunciones y las interjecciones. Teniendo esa base, pasamos al sujeto y sus modificadores (o complementos), así como al predicado y sus modificadores (o complementos).
![]() |
| Infaltable |
El buen humor del maestro Sandro Cohen se nota a lo largo de este libro (y en los demás de su autoría sobre redacción), como en las primeras páginas donde nos aplica Un leve anestésico (así se titula esa breve sección) justo antes de comenzar a entrar en materia. Él sabía que podría causarnos molestia, flojera, ansiedad, hartazgo, aburrimiento u otro sentimiento negativo leer sobre los elementos que forman las oraciones escritas. Pero no hay de otra: son los fundamentos para construir nuestro conocimiento de la buena redacción.
¿Cómo podríamos comprender la diferencia entre las oraciones coordinadas y las subordinadas? ¿De qué manera notaríamos que estamos cometiendo un delito digno de Ministerio Público? Esto me refiere a la siguiente joya.
Joya 9. La coma asesina
—Señor juez: me declaro culpable en el caso de «La coma asesina».
Lo confieso, mis cuatro lectores. No tiene ningún caso negarlo, pues quizás lo han notado al leer mis primeros artículos (porque ya enmendé el camino, que conste). En mi defensa, puedo alegar varias cosas: 1. me enseñaron mal el uso de las comas, 2. no conocía esta prohibición y 3. no me daba cuenta de que lo hacía.
La prohibición dice a la letra: nunca se colocará una coma entre el sujeto y el núcleo del predicado.
Vámonos por partes. En primer lugar, recordemos que, en una oración, el sujeto es quien realiza la acción del verbo. En segundo lugar, acordémonos de que el núcleo del predicado es el verbo conjugado.
Como ejemplo, les muestro a continuación un fragmento de la revisión que hizo el maestro Marco Mora de mi primera tarea, bajo el tema Autorretrato.
![]() |
| Den clic en la imagen para ampliarla |
La que el maestro resaltó en color rojo y está tachada es una coma asesina.
Los siguientes son otros ejemplos donde el sujeto aparece en azul, la coma asesina en rojo y el núcleo del predicado en verde.
⮽Aquel hombre triste, es mi mejor amigo.
⮽Juana y Eduardo, contemplaban juntos el atardecer.
⮽El significado de escribir con intención, me permitió una redacción sin dolor.
Si se fijan, nuevamente el espectro de la pausa ronda el uso de la coma asesina. Pero en el caso de que deseemos imprimir un efecto emocional —de dramatismo— a nuestro texto, el signo adecuado no es la coma, sino los puntos suspensivos (…).
☑Aquel hombre triste… es mi mejor amigo.
Hasta la próxima.




























