sábado, 27 de junio de 2026

«El respeto al derecho ajeno (y a las creencias ajenas) es la paz»


Atribuyen a un expresidente mexicano la siguiente frase: «El respeto al derecho ajeno es la paz». Haya sido él o no quien la expresó (existe polémica al respecto), no nos enfoquemos en el mensajero sino en el mensaje, ¿les parece?

Tal y como lo escribí en el primer párrafo de mi artículo sobre el lenguaje inclusivo (lo pueden leer aquí), además de que creo que cada persona tiene el derecho a formarse su opinión, también cuenta con el derecho a tener sus creencias basadas en lo que ella decida. Y me refiero a creencias en un sentido amplio, no solo a las religiosas.

Con lo que no estoy de acuerdo es que alguien juzgue a los demás con base en sus creencias propias, o en que quiera imponerlas a los otros.

Por ejemplo, sé que existen personas que han decidido no beber ni una gota de alcohol (cerveza, vino, tequila, vodka, etcétera). Algunas no lo hacen porque aceptaron vivir de acuerdo a un código religioso que lo prohíbe, mientras otras únicamente lo hacen por motivos de salud. Asimismo, hay personas cuyas creencias religiosas (aceptadas por ellas) les prohíben tomar café. En mi caso, yo sí bebo alcohol y café. Así como ellos están en su derecho de no hacerlo, yo estoy en el mío de sí hacerlo. Ni mi religión ni mis condiciones de salud me lo impiden. Si yo los juzgara, y hasta condenara, por no hacer lo mismo que yo, ¿adivinen quién estaría mal? Por supuesto: yo.

Naturalmente, ir en contra de las leyes del país en que se vive, aunque la persona crea que está bien, acarrea una sanción. Pero si alguien hace algo que es permitido por las leyes, pero no concuerda con mis creencias, y ese alguien no forma parte, ya sea de mi religión u otra organización a la que yo pertenezco, pues eso es su asunto. 

Digo, si en Inglaterra manejan del lado izquierdo de la calle, mientras que en México se hace del lado derecho, ¿quién soy yo para decir que están mal allá? Desde luego, si un británico tratara de conducir en México por el lado contrario al aceptado aquí, sin duda se las verá con las autoridades. Pero si lo hace allá en su país, ¿cuál es el problema?

Mis perspicaces cuatro lectores, ¿han escuchado la frase: «Hasta lo que no come, le hace daño»? No seamos así. 

Hasta la próxima.


Próximamente: reseña de los vinos de Costco

Aprovechando que un Costco se ha instalado en las cercanías de mi hogar, conseguí este paquete de cuatro vinos que suena prometedor. Sobre todo, por el costo de $750 pesos mexicanos (menos de $200 pesos por botella de 750 ml).


Soon, compadre, soon

Próximamente, las notas de cata en este su blog de confianza…

Hasta la próxima.

viernes, 26 de junio de 2026

La incomprendida Filosofía: el amor a la sabiduría

En mis tiempos del bachillerato (o preparatoria) llevé la materia de Filosofía. Desconozco si todavía se incluya en los planes de estudio (también llevábamos la de Lógica, algo que les hace mucha falta a los estudiantes hoy día, pero esa es otra historia). En aquella época, y dada mi inclinación más hacia lo físico matemático, no me parecía una materia atractiva. Creo que no fui el único que sentía lo mismo hacia tal asignatura. De hecho, hasta podría afirmar que mucha gente que llevó esa materia terminó odiando (o al menos, evitando) todo lo que sonara a Filosofía.

Así es, mucha gente cuando escucha esa palabra frunce el ceño o pone los ojos de huevito cocido (en blanco). Sobre todo, la gente que se considera a sí misma como religiosa. Pero lo que desconoce esa gente es que ellos aplican la filosofía todos los días de su vida. Es más: todas las personas con dos dedos de frente lo hacemos. Procedo a explicarme.

La palabra filosofía proviene de la unión de dos palabras griegas: philos, que significa amor, y sophia que significa sabiduría. Literalmente, filosofía significa «amor a la sabiduría». 

Mas ¿cuál sabiduría es la que se ama? Depende. Por ejemplo, puede ser aquella que se aprende al estudiar los libros inspirados de la Biblia (la sabiduría de Dios), o la que descubrimos leyendo las Meditaciones del emperador Marco Aurelio (la sabiduría estoica).


El apóstol Pablo y el emperador Marco Aurelio, dejando sabiduría por escrito 


¿Y cómo se demuestra que se ama algo? Con acciones. En el caso de la sabiduría, esta se evidencia aplicándola en la vida. Esto es: vivir de acuerdo con esa sabiduría. Quien lo hace, basa su conducta en cierta filosofía.

La filosofía no es solamente un ejercicio mental: es una forma de vida. Debe transformarte, notarse en cómo vives.

La filosofía no es solo hacerse preguntas profundas con la razón, sino amar tanto la sabiduría que eso te cambia por dentro y se nota en cómo actúas.

Los estoicos decían que de nada sirve conocer la virtud si no la practicas día tras día.

Cuando mencioné que todas las personas con dos dedos de frente aplicamos la filosofía todos los días, lo hice basado en una frase que leí hace tiempo: «El sabio vive de acuerdo con cómo piensa; el tonto piensa de acuerdo con cómo vive». Si vives de acuerdo con cierta sabiduría que aprendiste, eres sabio. Por el contrario, si cambias tu criterio, como una veleta, dependiendo de lo que experimentas en cada momento, vaya que eres una persona tonta. No tienes una base sólida.

Y ustedes, mis cuatro lectores, ¿viven de acuerdo con alguna filosofía?

Hasta la próxima.


miércoles, 24 de junio de 2026

Entrega 6 | El tesoro del saber redactar bien


Hola, mis queridos cuatro lectores. Esta es la sexta entrega de la serie El tesoro del saber redactar bien. Pueden conocer la intención de estos artículos al leer la entrega 1 (dar clic aquí).


Joya 13. ¡Cuidado con el gerundio!

En el apéndice del libro de texto se incluye una magnífica explicación sobre el gerundio bien y mal empleado.

Excelente herramienta para tu redacción

A continuación, les comparto la primera tarea del curso, tal cual me la envió el maestro tras revisarla. Podrán ver que encerré en rojo las veces que usé el gerundio de manera incorrecta. El maestro Marco tachaba el error y colocaba la expresión adecuada.

Den clic en la imagen para ampliarla

Ma di cuenta de que no fui el único de los asistentes al curso que empleaba mal el gerundio. Creo que, en gran parte, se debe a la mala influencia de los periodistas, ya que así lo utilizan ellos, ya sea en las noticias escritas en los periódicos o expresadas verbalmente en la televisión. Ahora me doy cuenta completamente. Es como si viera la Matrix.

Cuando lean el apéndice se darán cuenta de que se explican los 16 usos generales del gerundio, pero también los 3 indebidos de este.

Mencionaré el primer uso correcto (que se divide en dos tipos) y uno de los usos indebidos del gerundio, pues están relacionados con el error que yo cometía.


 Uso correcto: de simultaneidad o de anterioridad

Significa que la acción del gerundio es simultánea o anterior a la acción del verbo.

  • Ejemplo de simultaneidad: La bala pasó rozando su oreja derecha.
  • Ejemplo de anterioridad: Habiendo discutido con mi jefe, me fui de la oficina.


 Uso incorrecto: de posteridad que indica consecuencia

La acción del gerundio nunca debe ser posterior a la acción del verbo principal ni aunque sea un microsegundo después. Es decir: la acción del gerundio no debe indicar consecuencia o efecto de la acción del verbo principal.

El siguiente es un ejemplo típico de este error que hemos escuchado o leído en las noticias:

  • Se desplomó un avión, muriendo todos sus pasajeros.

Lo que se quiere dar a entender es que la muerte (gerundio: muriendo) fue la consecuencia o efecto de que se hubiera desplomado (verbo) el avión. Este es un uso incorrecto. Sería correcto sí y solo sí los pasajeros hubieran muerto mientras iba cayendo el avión (simultaneidad) o antes de que se cayera (anterioridad).

Para hacerlo bien, el redactor de esa noticia debió escribir lo siguiente: 

  • Se desplomó un avión y en el accidente murieron todos los pasajeros

Así, sin gerundio. En este caso, no se necesita para expresar la idea.


Mis cuatro lectores, ¿ustedes también cometen este error en el uso del gerundio? La verdad, lo hacemos sin darnos cuenta.

A continuación, les muestro la tarea revisada de otro asistente al curso. Vean cuántas correcciones hizo el maestro.

Den clic en la imagen para ampliarla

Espero que esta joya que les compartí sea de ayuda para enmendar este error en sus próximos escritos o sus futuras conversaciones. 

Hasta la próxima.


domingo, 21 de junio de 2026

«Solo puedes entender a tus contemporáneos»

La frase que da titulo a este artículo, mis meditabundos cuatro lectores, se la escuché decir a la escritora Fran Lebowitz (constante referente de este blog) en una entrevista en que le pidieron dar su opinión de la generación actual. Si desean ver un fragmento de dicha entrevista, pueden dar clic en esta liga.

Con esto afirmó que no podemos entender a los que son más jóvenes que nosotros ni a los que son mayores, pero entendemos sin problema el porqué los de nuestra misma generación piensan así, se comportan así, se visten así. 

Cada vez hay más personas compartiendo su desconcierto con las generaciones que los preceden (los milenials y generación Z con los de generación X y los boomers) y las que los suceden (generación X y boomers con los milenials y generación Z). 

Pero ¿saben qué? Siempre ha sido así: la generación anterior desconfía de la capacidad de la generación actual. Y así seguirá siendo in saecula saeculorum, es decir, ad nauseam.


Ahora bien, si lo que se desea es buscar culpables del desastroso resultado de la generación Milenial o la Z, les doy una pista: fíjense en los padres que los criaron. ¡Ah, caray! ¡Son de mi generación, la X!

La única manera de que una generación salga igual que la anterior (tal y como sucede en las ecuaciones matemáticas) es que los factores sean los mismos (y no hablemos de los operadores). Y estos son muchísimos. Mas la crianza tiene un papel preponderante.

Si desean continuar con esas discusiones bizantinas de «mi generación es la mejor de todas», échenle ganas.

Hasta la próxima.

sábado, 20 de junio de 2026

Entrega 5 | El tesoro del saber redactar bien


Hola, mis queridos cuatro lectores. Esta es la quinta entrega de la serie El tesoro del saber redactar bien. Pueden conocer la intención de estos artículos al leer la entrega 1 (dar clic aquí).


Joya 11. Perder el miedo a usar el punto [.]

«El signo de puntuación más fácil de comprender y usar es el punto», dice el maestro Sandro Cohen en su libro Redacción sin Dolor. Y es la puritita verdad, pues únicamente tiene tres usos en la escritura (exceptuando el que se hace en números decimales en algunos países, como en México).

Sin lugar a duda, los tres usos del punto [.] son conocidos por todos: 1. punto y seguido (se coloca al final de una oración, y se inicia otra en el mismo renglón),  2. punto y aparte (se escribe al final de un párrafo, y se comienza un nuevo párrafo), 3. punto final (marca el final de un escrito o de una sección grande de este, como un capítulo).

Esencial

Sin embargo, por algún motivo incomprensible, la mayoría de la gente prefiere colocar comas en vez de puntos, lo cual ocasiona el encabalgamiento (leer la joya 10, en la entrega 4, dando clic aquí). Aparentemente, existe entre la población un miedo terrible a utilizar el punto. Si alguno de ustedes, mis apreciados cuatro lectores, padece esa fobia, le recomiendo leer el capítulo 5 del libro de texto, en su muy breve pero bastante aclaratoria explicación de este indispensable signo de puntuación.


Joya 12. ¡Nunca más usar los dos puntos [:] de esta manera!

En el capítulo 6 del libro de texto se explica detalladamente con ejemplos los cinco usos correctos del signo de puntuación conocido como dos puntos:

  1. Para empezar a escribir una carta
  2. Antes de una lista vertical
  3. Antes de una cita textual
  4. Para sugerir una consecuencia
  5. Después de ciertos giros o frases hechas

Personalmente, el uso 4 fue una revelación para mí. Aprendí cómo su inclusión puede hacer más elegantes mis textos. Pero, con total certeza, diré que las siguientes dos advertencias valen oro molido, pues creo que todos caemos en este par de errores.


Error 1. No deben usarse los dos puntos después de un verbo cuando introduce una enumeración.

El siguiente es un ejemplo clásico de este error:


 Para el primer día de clases, el alumno traerá: un fólder amarillo, 100 hojas de papel bond, pluma azul y lápiz Mirado número 2.


Como podemos ver, inmediatemente después del verbo (conjugado o en infinitivo, da igual), que en este caso es traerá, se colocaron los dos puntos.

¿Cuál es la manera correcta de hacerlo? Este error se evita siguiendo alguna de estas dos sencillas reglas.

Regla 1. Si la enumeración es introducida por un verbo, no deben emplearse los dos puntos. 

Efectivamente, no se necesitan. Veamos el ejemplo anterior, pero tras aplicar esta regla.


 Para el primer día de clases, el alumno traerá un fólder amarillo, 100 hojas de papel bond, pluma azul y lápiz Mirado número 2.


¿Ven qué fácil es? Por cierto, esta solución se basa en el primer uso de la coma (la coma serial), mencionada en la joya 6 de la entrega 2). Ahora, veamos la regla 2 para evitar este error.


Regla 2. Pueden usarse los dos puntos para introducir una enumeración siempre y cuando la oración que viene antes de los dos puntos esté completa.

Dicho gramaticalmente hablando: debe haber un complemento directo después del verbo y antes de los dos puntos. Pero, no se asusten con esta jerigonza; van a ver lo sencillo que es aplicarlo al usar el mismo ejemplo anterior.


Para el primer día de clases, el alumno traerá estas cosas: un fólder amarillo, 100 hojas de papel bond, pluma azul y lápiz Mirado número 2.

Para el primer día de clases, el alumno traerá lo siguiente: un fólder amarillo, 100 hojas de papel bond, pluma azul y lápiz Mirado número 2.


Ahora sí están completas las oraciones antes de los dos puntos. Antes, cuando la oración terminaba en el verbo, podíamos preguntarnos ¿qué traerá el alumno? sin obtener respuesta. De este modo sabemos que traerá «estas cosas» o «lo siguiente». 

Pasemos ahora al otro error que debemos evitar.


Error 2. Nunca usar la frase «como son»

El maestro Sandro identifica la frase «como son» como producto de la burocracia, y no le falta razón para afirmarlo. 

Además, coincido con él en su motivo para evitarla, para recomendar que no se utilice: «[…] constituye una muletilla innecesaria y desagradable». El texto se feo. Pierde elegancia.

Veamos un ejemplo con esa frase, y noten la diferencia (luce mejor) cuando se prescinde de ella.


Para el trámite de cambio de propietario deberán presentarse los documentos requeridos, como son: identificación oficial con foto, factura del vehículo debidamente endosada y un comprobante de domicilio reciente.

 Para el trámite de cambio de propietario deberán presentarse los documentos requeridos: identificación oficial con foto, factura del vehículo debidamente endosada y un comprobante de domicilio reciente.


Al igual que el esqueísmo (leen la nota relacionada aquí), es algo que debemos erradicar de nuestros escritos.


Hasta la próxima.

viernes, 19 de junio de 2026

Una reflexión sobre el «tiempo libre»

«En el resplandor de la inactividad se fusionan el ser humano y la naturaleza».

— Byung-Chul Han


Releyendo el libro Vida contemplativa. Elogio de la inactividad, del filósofo Byung-Chul Han, me vinieron a la mente muchas reflexiones conforme avanzaba en mi lectura. Y es realmente solo en momentos como este —en que me encuentro de vacaciones— que tenemos la oportunidad de pensar detenidamente. Bueno, eso si nos damos el permiso de hacerlo.



Sin lugar a duda, lo que me hizo sentir como un mazazo en la cabeza fue su análisis del concepto de «tiempo libre». Piénsenlo bien. ¿A qué nos referimos cuando decimos que tenemos «tiempo libre»? ¿Libre de qué? Además, vean esto: lo opuesto de libre es… esclavo, preso, cautivo. Entonces, cuando no contamos con «tiempo libre» ¿es que estamos en «tiempo preso»?  En resumen, hasta el lenguaje para definir nuestro descanso está supeditado al trabajo, a la actividad productiva.

Con base en el análisis de Byung-Chul Han, actualmente «[…] solo percibimos la vida en términos de trabajo y de rendimiento […]», y debido a eso «[…] interpretamos la inactividad como un déficit que ha de ser remediado cuanto antes». Concuerdo con esto que expresó Han, pues en una ciudad tan industrializada como Monterrey, la llamada «productivitis» nos conduce a la enfermedad de la cronopatía: la sensación de que siempre debemos estar haciendo algo productivo, incluso en nuestro tiempo de descanso.

¿Estoy exagerando? Hace tiempo, un camarada me contó que cuando su papá planeaba las vacaciones familiares, trataba de llenar cada hora disponible. Por ejemplo, cuando fueron a Cancún, su padre arrastraba (esa es la palabra adecuada) a la familia a cuanta ruta turística pudiera. ¡No podían ni levantarse tarde porque a las 10 de la mañana salía el autobús hacia el punto turístico que papá había decidido llevar a todos! ¿Se imaginan a ese hombre una vez que se jubile? 

Otro apunte interesante del autor es que a este derivado del trabajo que llamamos tiempo libre se le tiende a ver como algo de lo que hay que huir como la peste, pues «mal manejado» puede llevarnos al tedio, al aburrimiento extremo. Esto me hizo preguntarme ¿no esa es la razón por la cual ahora, ante la más ínfima pausa de actividad, nuestros jóvenes (y algunos mayores) sacan sus dispositivos móviles y se sumergen en las redes sociales para adormecer su cerebro (drogarse, pues) al no saber qué hacer?

Al igual que Byung-Chul, lamento que la inactividad haya perdido la intensidad vital que le caracteriza. Y es que entendemos incorrectamente el sentido de la inactividad: no se trata de estar inmóvil, sino de hacer algo, pero que esté libre «[…] del para-algo, de la finalidad y la utilidad a las que el trabajo está sometido».

Cuando niños, éramos especialistas en la inactividad, en estar libres del para-algo al que se refiere este filósofo. Por ejemplo, si alguna vez en su infancia salieron a un patio de tierra a jugar, o en algún parque o rancho, quizás se recuerdan rodando una piedra grande hacia un lado para dejar al descubierto todos los insectos que ahí se encontraban: lombrices, hormigas, arañas, cochinillas. No lo hacían como parte de una investigación escolar. Era curiosidad pura.

El concepto del flâneur de Walter Benjamin, como lo explica este libro, me impactó. Es algo a lo que personalmente aspiro cuando tengo la oportunidad de salir a caminar, o mejor dicho, a deambular, andar sin un rumbo fijo y sin la presión del tiempo. «El flâneur hace uso de su capacidad de no actuar. No persigue ningún fin. Se entrega sin pensar al espacio que le 'guiña el ojo', al 'magnetismo de la próxima esquina, de una plaza lejana en la niebla, de la espalda de una mujer que camina delante'». 

Han se lamenta también de la era en que vivimos, en la que se busca erradicar la inactividad a toda costa, pues «La experiencia […] no se la puede producir por medio de la actividad. La experiencia presupone, más bien, una forma particular de pasividad e inactividad. Su medio es la escucha. El ruido provocado en la actualidad por la información y la comunicación, sin embargo, pone fin a la 'sociedad de los que escuchan'». Su siguiente frase es lapidaria: «Nadie escucha. Cada quien se produce a sí mismo». ¿No es eso lo que ahora sucede con todo el mundo y sus dichosas redes sociales, queriendo convertirse en influencers

«Hoy se impone por todas partes la forma de vida consumista en la que toda necesidad debe ser satisfecha de inmediato. No tenemos paciencia para una espera en la que algo pueda madurar lentamente. Lo único que cuenta es el efecto a corto plazo, el éxito veloz. Las acciones se acortan y se convierten en reacciones. Las experiencias se rebajan a vivencias. Los sentimientos se empobrecen en la forma de emociones o afectos. No tenemos acceso a la realidad, que solo se revela a una atención contemplativa.

Internet […] nos arrebata el 'don de la escucha'».


Me doy cuenta de que, hoy más que nunca, no hay que tener miedo a perder el tiempo, a dejar la mente volar, a aburrirse («el tedio es el umbral de grandes hechos»), a deambular como un flâneur.


Hasta la próxima.


jueves, 18 de junio de 2026

Entrega 4 | El tesoro del saber redactar bien


Hola, mis queridos cuatro lectores. Esta es la cuarta entrega de la serie El tesoro del saber redactar bien. Pueden conocer la intención de estos artículos al leer la entrega 1 (dar clic aquí).


Joya 10. El encabalgamiento

El maestro Sandro Cohen lo describió como «El vicio más común de la redacción». Pero como sucede con todos los vicios, nos podemos rehabilitar y dejar de ser sus víctimas. Para eso, como es lógico, el primer paso es reconocer que lo padecemos.

¿En qué consiste el vicio del encabalgamiento al que nos referimos? El maestro Sandro lo define de la siguiente manera:

«El encabalgamiento ocurre cuando entre la mayúscula y el punto (es decir, dentro de una sola proposición) hay dos o más oraciones que no están relacionadas ni por coordinación ni por subordinación ni están seriadas. La mayoría de las veces el redactor pone una coma para separarlas; a veces ni eso, y siguen encabalgadas».

Otra manera en que lo explica es que «[…] sucede cuando el que escribe une, en una sola proposición, y separadas apenas por una coma, dos oraciones independientes que no sean seriadas […] y no existe entre ellas una relación de coordinación o subordinación».

Nota. - Les recomiendo grandemente leer del libro de texto dos capítulos: el 4 (Oraciones compuestas) donde se detalla lo referente a las oraciones coordinadas y subordinadas, y el 5 (La coma [,] y el punto [.]); de esta manera, les quedará muy claro cómo evitar el encabalgamiento.


Los ejemplos en la redacción siempre son útiles para aclarar los puntos a tratar, por lo que pondré a continuación algunos que denotan encabalgamiento, sea porque se añadieron comas que no deben de ir o porque estas se excluyeron.

Tomé estos ejemplos de algunos mensajes que recibí, así como de algunos comentarios que encontré en videos de YouTube.

Ejemplo 1

  • No se preocupen lo que se perdió en ese año ahorita se recupera

No se colocó ni una sola coma. Sin embargo, es fácil notar que hay dos ideas diferentes aquí. Es muy importante identificar si hay una relación ideológica entre las frases. Por un lado, tenemos una idea que nos dice que no hay que preocuparse; por el otro, una idea que menciona que se va a recuperar algo que se perdió.

¿Cuál es la manera de redactarlo bien? Como verán cuando lean este libro o tomen el curso, no siempre hay una sola manera de redactar, sino que puede haber varias. Este es uno de esos casos. Les podré algunas posibilidades.

  • No se preocupen. Lo que se perdió en ese año, ahorita se recupera.
  • No se preocupen; lo que se perdió en ese año, ahorita se recupera.
  • No se preocupen: lo que se perdió en ese año, ahorita se recupera.

Ahora, como dato adicional, ¿saben a cuál de los 12 usos de la coma (leer joya 6) corresponde la que aparece en la construcción gramatical de arriba? Es el uso 8. La coma de inversión sintáctica. Veamos cómo sabemos que se está invirtiendo la sintaxis o construcción.

Fíjense que la segunda idea, sin ningún problema, se puede expresar así también: «Ahorita se recupera lo que se perdió ese año». De hecho, suena más normal o típica. Y cuando se hace una inversión sintáctica, se nota que no es la estructura típica, pero se sigue entendiendo. 

Veamos un ejemplo con una construcción gramatical (o sintaxis) muy común:

  • Mi papá conduce su automóvil para trasladarse a su oficina.

Vemos que la estructura es: Sujeto [mi papá] + Verbo conjugado (núcleo del predicado) [conduce] + Complemento Directo [su automóvil] + Complemento Circunstancial de Finalidad [para trasladarse] + Complemento Circunstancial de Lugar [a su oficina].

Ahora, vamos a ver un par de maneras (puede haber más) en que luce si invertimos la estructura, cambiando de lugar algunos componentes.

  • Para trasladarse a su oficina, mi papá conduce su automóvil.
  • Mi papá, para trasladarse a su oficina, conduce su automóvil.

¿Se fijan que en los casos de inversión sintáctica es necesario agregar comas? 

Y si me apuran, el caso del último ejemplo también cae en el uso 3. La coma parentética; mas eso lo dejaremos para el momento en que lean el libro.


Veamos ahora un ejemplo en que se colocan comas de más. Este comentario también lo tomé de YouTube.

Ejemplo 2

  • Ese enano,que persona tan nefasta,siempre fue un vividor,por qué no señaló a los culpables de la tragedia,en la final pumas vs américa, en CU  84-85 dónde hubo muertos.

Que conste que lo copié tal cual se publicó: esos espacios faltantes entre las comas y las palabras así estaban. Al menos, esta persona tuvo la decencia de poner el punto final. Sorry por el sarcasmo. Bueno, podemos ver que el autor dejó caer comas como semillas en un campo de cultivo: una tras otra. Hay un encabalgamiento rampante.

Recordemos que el primer paso es identificar las diferentes frases que se expresan, para así determinar si existe una relación ideológica entre estas. 

De acuerdo con las que alcancé a identificar, pondré cómo creo que debería redactarse, para eliminar el encabalgamiento y, de paso, usar más signos de puntuación.

  • Ese enano. ¡Qué persona tan nefasta! Siempre fue un vividor. ¿Por qué no señaló a los culpables de la tragedia en la final Pumas vs. América (en el estadio de CU, en la temporada 1984-85) en la que hubo muertos?


Antes de terminar, quiero decir que la mayor presencia de este vicio del encabalgamiento se nota en los comentarios escritos en las redes sociales, en los mensajes de texto o WhatsApp, así como en las herramientas de mensajería como Teams (antes Skype).

Finalmente, les comparto este mensaje que recibí de un compañero de trabajo al que le comenté que un cliente se ahorraría mucho tiempo con una mejora que le hicimos a uno de nuestros sistemas informáticos. Su respuesta fue la siguiente:

  • si se ahorraran mucho

La redacción adecuada, conociendo el contexto, sería: «Sí, se ahorrarán mucho».


Hasta la próxima.

Ejemplos de «la coma asesina» en una publicación impresa

Mis queridos cuatro lectores, esta vez quiero compartirles brevemente un ejemplo real (localizado en un libro impreso) de la joya 9 que mencioné en la tercera entrega de El tesoro del saber redactar bien (lo leen aquí). Me refiero a «la coma asesina».

Por favor, sean tan amables de poner su atención en la siguiente imagen. Les comento que decidí tapar algunas partes del texto, sin que esto interfiriera en nuestro análisis.

Den clic en la imagen para ampliarla

Como pueden ver en el primer renglón del primer párrafo, encerrada en un círculo rojo está la coma que separa al sujeto (La cantina X) del núcleo del predicado (cumplió).

En el segundo párrafo, volvemos a detectar el mismo error: entre el sujeto (el nombre de la persona que empieza con J…) y el núcleo del predicado (llegó) el autor vuelve a colocar «la coma asesina» (encerrada en un círculo rojo también).

Y ya de pilón, el tercer círculo rojo indica una coma que no corresponde a ninguno de los 12 usos mencionados en la segunda entrega (la leen aquí). Esa coma debió eliminarse.

¿Y ustedes han hallado a «la coma asesina» en alguno de sus libros?

Hasta la próxima.