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| Imagen cortesía de Vinísfera |
Hay ocasiones en que llegamos a casa, descorchamos una botella y el vino que servimos en nuestra copa no nos produce el placer esperado.
Por Rafa Ibarra
19 Abril, 2010
La pregunta que da título a este artículo no está enfocada ni a nuestras capacidades físicas ni a la experiencia o conocimientos que tengamos sobre cómo catar. Se refiere a algo más sencillo y muy importante: nuestro estado de ánimo.
Es cierto que el vino es una bebida maravillosa y que disfrutamos mucho, pero hay ocasiones en las que llegamos a casa, tomamos una botella, la descorchamos, nos servimos y… el vino que tenemos en nuestra copa no nos produce el placer esperado. ¿A qué se debe esto? ¿Está mal el vino? Podría ser, pero a veces simplemente es que nuestra mente tiene su atención desviada hacia otras cosas, como pueden ser estrés, cansancio, preocupaciones por problemas personales, laborales, etcétera. Es decir, nuestro estado de ánimo no está en la mejor disposición posible. No es culpa del vino.
Por pláticas con amigos enófilos que han pasado por algún periodo de fuerte estrés o de mucha preocupación, he confirmado algo que yo mismo he vivido: los vinos que probamos durante ese lapso de tiempo no nos han ni sorprendido ni agradado demasiado. Pero, cuando la tensión desaparece y probamos nuevamente esos vinos, ahora cobijados por una agradable paz mental, nuestra percepción cambia totalmente, al grado de decir: oye, no estaba tan mal después de todo.
Si no crees que esto es posible, vamos a comprobarlo fácilmente haciendo el siguiente ejercicio, yendo al extremo opuesto.
A ver, concéntrate y piensa en cuál ha sido para ti el mejor vino que has probado en toda tu vida. Piénsalo. ¿Ya lo tienes? Bueno, ahora trata de acordarte cuál era el estado de ánimo que tenías en ese momento, cómo era el ambiente que te rodeaba, si estabas solo o acompañado, y por quien o quienes. Con toda seguridad el recuerdo te dice que ese momento era sumamente agradable, alegre, y estabas acompañado por tus amigos o algún ser querido.
Por otro lado existen personas que piensan que más bien será el vino el encargado de hacer que el momento sea placentero, haciendo eco a la frase “Lo bueno del vino es que durante dos horas los problemas son de otros”. Suena gracioso, pero conviene tener cuidado de no querer usar al vino o alguna otra bebida alcohólica como si fuera la “cura” a nuestros problemas, pues el desenlace sería trágico. En todo caso yo prefiero la frase dicha por George Brassens: “El mejor vino no es necesariamente el más caro, sino el que se comparte”.
En resumen, si sientes que tu estado de ánimo no es muy adecuado como para disfrutar de una copa de vino, hazte un favor: no abras esa botella el día de hoy, espera a un mejor momento. Seguro que no te arrepentirás.


























