viernes, 30 de octubre de 2026

Carlsagueando ando | # 1

Mis queridos y versados cuatro lectores, si algún científico influenció a mi generación para aumentarnos la curiosidad e interesarnos más en la ciencia fue sin duda Carl Sagan , quien obtuvo su Maestría en Física y Doctorados en Astronomía y Astrofísica. Fue un gran divulgador de la ciencia que se dio a conocer a nivel mundial en 1980 gracias a su serie documental llamada Cosmos.

Les dejo aquí abajo el tráiler de esa famosísima serie, la cual hace que se nos ponga la piel chinita a sus fans al escuchar la magnífica música que el laureado compositor griego Vangelis creó para los trece capítulos que duró (en esta liga encuentran el playlist).



Carl Sagan luego publicó un libro basado en dicho documental que se convirtió en un bestseller de inmediato ante un público ávido, deseoso de conocer más de ciencia.




Pues les cuento, apreciados lectores, que estoy leyendo otro libro de Carl Sagan (escribió varios), publicado originalmente en 1995, que tiene como título El mundo y sus demonios: La ciencia como una luz en la oscuridad (Booklet, 2023).




Este libro me deja más que claro algo que todo el mundo sabía sobre Sagan: era un defensor del método científico y el pensamiento crítico. En lo personal, como un egresado de una facultad de ciencias exactas y con gran aprecio por la ciencia en general, me hace mucho sentido que él haya defendido tanto el ser escéptico y no aceptar inmediatamente y sin pruebas lo que se pretende hacer pasar como una verdad. Hoy día, el pensamiento crítico está en franca caída, y su desuso aumenta por el peligro de la utilización indiscriminada que los más jóvenes (y unos no tan jóvenes) hacen de la inteligencia artificial.

He decidido llamar a esta nueva sección del blog Carlsagueando ando para publicar artículos inspirados en mi lectura de libros y artículos, así como en videos de Carl Sagan. Este será el primero.

Al inicio de su libro El mundo y sus demonios… Carl Sagan menciona a un taxista que lo reconoce como el famoso científico y que lo llevará a su destino, mas quiere aprovechar el viaje para preguntarle sobre asuntos que creía él le podría aclarar. Sagan escribe: 

«Y nos pusimos a hablar. Pero no de ciencia. Él quería hablar de los extraterrestres congelados que languidecían en una base de las Fuerzas Aéreas cerca de San Antonio, de 'canalización' (una manera de oír lo que hay en la mente de los muertos… que no es mucho, por lo visto), de cristales, de las profecías de Nostradamus, de astrología, del sudario de Turín… Presentaba cada uno de estos portentosos temas con un entusiasmo lleno de optimismo. Yo me veía obligado a decepcionarlo cada vez.

    —La prueba es insostenible— le repetía una y otra vez—. Hay una explicación mucho más sencilla».

Pasa entonces a explicar que ese taxista, aunque quería saber de ciencia, prácticamente no había oído nada de ciencia moderna; esta había sido purgada antes de llegar a él. «Nunca le habían enseñado a distinguir la ciencia de la burda imitación. No sabía nada del funcionamiento de la ciencia». Pero Sagan se daba cuenta de que no era culpa de este individuo (ni de tantos millones iguales a este), sino que en parte era falla del sistema educativo, de los recursos naturales y los medios de comunicación. A lo que al taxista le llamaba la atención, Carl Sagan lo llamaba pseudociencia, pues esta no pasa la prueba en absoluto al aplicar el método científico y el pensamiento crítico.

Me impactó leer lo que Sagan menciona de un texto que Hipócrates de Cos (Cos, c. 460 a. C.-Tesalia c. 370 a. C.), el padre de la medicina, escribió: «Los hombres creen que la epilepsia es divina, meramente porque no la pueden entender. Pero si llamasen divino a todo lo que no pueden entender, habría una infinidad de cosas divinas». Hipócrates introdujo elementos del método científico en el diagnóstico de las enfermedades. Claro que esto mejoraría con el avance del tiempo, ¿verdad? ¿Verdad? Desafortunadamente, no. El mismo Sagan explica: «Mientras en el mundo islámico florecía la medicina, en Europa se entró realmente en una edad oscura. […] Abundaba la confianza en la oración y las curaciones milagrosas».

Así es, además de la pseudociencia, algo que ha hecho mucho daño a la humanidad ha sido el extremismo en las creencias religiosas. Carl Sagan hace este apunte: «Podemos rezar por una víctima del cólera o podemos darle quinientos miligramos de tetraciclina cada doce horas. (Todavía hay una religión, la 'ciencia cristiana', que niega la teoría del germen de la enfermedad; si falla la oración, los fieles de esta secta preferirían ver morir a sus hijos antes que darles antibióticos)».

Además, menciona otras cosas que sucedían en pleno año de 1995, a finales del siglo 20, tales como que «Todavía hoy se queman 'brujas' en Sudáfrica». Y lo verifiqué: era cierto. Aquí les comparto la liga a The Seattle Times donde se menciona una de esas noticias (dar clic aquí para leerla). En esta otra liga encuentran una copia de esa misma noticia (dar clic aquí). Menciona también que en esa misma época «En Tailandia se tratan enfermedades con pastillas fabricadas con Escrituras Sagradas pulverizadas». Háganme el recanijo favor. Y menciona muchas otras barbaridades similares, todas avaladas por algunas religiones.

Cuando se deja de lado la ciencia, junto con su pensamiento crítico y escepticismo necesarios, la superstición y el control de las voluntades comete este tipo de locuras.

«¿A qué intereses sirve la ignorancia», es una pregunta lapidaria que hace Sagan.

Una frase que Carl Sagan escribió en este libro, la cual tras leerla y meditarla he hecho mía, es la siguiente:

«Para mí es mucho mejor captar el universo como es en realidad que persistir en el engaño, por muy satisfactorio y reconfortante que sea».

Si como a mí, a ustedes también les parecieron atroces los actos mencionados arriba por Sagan respecto a las «brujas» y los medicamentos «milagrosos» en 1995, imagínense ahora, en pleno siglo 21, año 2026, que el líder de una secta religiosa en Kenia haya ordenado a sus seguidores dejar de morir de hambre a sus hijos porque ya iban pronto a encontrarse con Jesucristo. ¡Y esos padres le obedecieron!

Les dejo aquí la liga a la noticia publicada por un medio tan serio como lo es la BBC de Londres (dar clic en esta liga).


Parafraseando a Sagan, el líder de esta secta los engañó con algo «muy satisfactorio y reconfortante»: la muy próxima venida de Jesucristo. 

Creo, sin temor a equivocarme, que pocas cosas son tan despreciables en este mundo como esos líderes religiosos que a sus muy fuertemente adoctrinados (y mentalmente cautivos) seguidores les dan instrucciones que ponen en evidente peligro su salud y su vida. Los engañados adeptos son capaces de justificar su muerte pensando que cumplen con la palabra de su «Dios». Eso es un acto criminal.

Y algunos líderes de sectas que hacen cosas como estas dirán que ellos no obligaron a nadie, que fue decisión de conciencia personal de la víctima. Y así, como si nada, se lavan las manos.

Esos líderes merecen la cárcel, ser llamados para responder por su culpabilidad.

Como ya lo escribí antes (dar clic aquí para leerlo), así es como funcionan las sectas destructivas.


Haciendo punto y aparte, les comento que publicaré más artículos con base en lo que Carl Sagan hizo, dijo o escribió. Hay cosas muy interesantes respecto a este hombre de ciencia, como ¿qué pensaba de la fe?

No se lo pierdan.

Hasta la próxima.

sábado, 24 de octubre de 2026

Cursando por internet sobre escritura con Juana Inés Dehesa

Mis zalameros cuatro lectores, les platico que me inscribí a un curso por internet (onlain) con Juana Inés Dehesa, que es una escritora mexicana con varios libros en su haber, incluido uno que ya hasta lo hicieron película (dar clic aquí para ver el trailer). Sí, también es hija de Germán Dehesa.

Les dejo aquí el video de promoción de este curso, solo denle play.

Apenas llevo la primera unidad, y me gusta la idea de que con la explicación y ayuda de Juana Inés pueda encontrar mi cauce, mi propia voz y mi propia historia.

En estos momentos, la tarea que tengo que hacer es pensar y apuntar cuáles son las distintas narrativas que forman parte de mí y cómo se fueron mezclando hasta hacerme quien soy. No, pos va pa largo. Pero será muy interesante este ejercicio de introspección.

Bueno, si les interesa tomar este curso, les dejo la liga aquí abajo.

domestika.org/es/courses/4586-literatura-y-cultura-escrita

Hasta la próxima.


[Mi encuentro con Rosario Castellanos, escribe Germán] | por Juana Inés Dehesa

 

Rosario Castellanos
Fotos: Libros UNAM y Ricardo Salazar/INBA

[Mi encuentro con Rosario Castellanos, escribe Germán]

Juana Inés Dehesa

 

[Mi encuentro con Rosario Castellanos, escribe Germán] habría de tener lugar en el curso de Literatura Comparada que ella impartía en 1965. Para ese entonces, ya había yo logrado una adaptación casi total a la enrarecida atmósfera de la Facultad. Veía yo pasar a las Galindo, o veía yo a Horacio Caballero vestido de negro y conjurando al sol a que se ocultara a las 6:45, como el Rey de El Principito, y ya nada de eso me afectaba. Por el contrario, comenzaban a afectarme las comidas con mi familia, o los recuerdos de mi infancia transcurrida en el Club Vanguardia, bajo el vociferante imperio del padre Pérez del Valle. La Facultad comenzó a ser —así lo será siempre— mi única, mi verdadera casa.

Todo esto pasaba en 1965, el año en que fueron mis maestros: Justino Fernández, Rubén Bonifaz, Edmundo O’Gorman y Luis Rius. Fue también el año en que compartí con Rosario Castellanos. Llegado a este punto, me resulta difícil aceptar que estoy hablando del pasado; que muchos de los seres que ahora nombro están ya muertos, y que no hay ya para mí una tarde como aquella, en la que por primera vez me encontré con la maestra Rosario. Mi primera apreciación fue más bien negativa: talle desgarbado, con poca gracia para vestir y sin esa exuberancia de leona poblana que tenía María del Carmen; me decidí sin embargo, a darle una oportunidad. Me dispuse a leer a Rosario Castellanos. Ella, comenzó a abordarnos; creo recordar que de entrada nos explicó lo que era la literatura comparada, para luego aclararnos que precisamente ese año, el curso no iba a ser, precisamente, de literatura comparada. Ese año habría que leer, a razón de cien páginas semanales, a Marcel Proust.

 

Esto era en el día. Durante la noche no la copa del 

     festín, no la alegría de la serenata, no el sueño deleitoso.

Sino los ojos acechando en la oscuridad, la 

     inteligencia batiendo la selva intrincada de los textos 

para cobrar la presa que huye entre las páginas. 

Y mis oídos, habituados a la ardua polémica de los mentores, 

llegaron a ser hábiles para distinguir el robusto sonido del oro

del estrépito estéril con que entrechocan los guijarros.

 

He contrabandeado esta estrofa de “Lamentación de Dido”, sin más justificación que mi certeza, de que en ella se cifra esa fundamental lección de discernimiento que yo recibí de Rosario. Gracias a ella, a su presencia viva y entrega clase a clase, aprendí que ser maestro no es fácil; que ese Eros pedagógico del que nos hablaba Edmundo O’Gorman, sólo le ha sido concedido a unos cuantos, y que hay muchos seres que ocupan una cátedra, pero en realidad no comparecen del todo; en realidad no existen como maestros; en realidad, sus palabras son como volutas del silencio. En la voz de la maestra Castellanos, por el contrario, hubo siempre “el robusto sonido del oro”; su inteligencia —que no me atrevo a calificar de femenina, porque al parecer es algo que ahora suena terriblemente insultante—, era sin embargo, suave y traslúcida, múltiple y serena. Leer con ella a Proust, fue una experiencia proustiana, que hoy se resiste a ser evocada y a ser disminuida por las palabras.

De muchos modos, han estado presentes en mi cabeza la Facultad de Filosofía y Letras y la poesía, a últimas fechas. Por eso vine a este texto, a un fragmento de la transcripción de una conferencia donde, cosa muy rara, Germán leyó un texto escrito previamente. El audio original lo tiene el INBA, y de ahí lo sacamos para publicarlo hace unos quince años. A mí me conmueve siempre.

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Nota del editor (o sea, yo mero). Si desean recibir estos textos de parte de Juana Inés Dehesa (ella lo llama boletín) directo en su correo electrónico, escríbanle a su correo electrónico oyejuanaines@gmail.com y pidan que los agregue. 

La niña Patamaldita | por Juana Inés Dehesa


La niña Patamaldita

Juana Inés Dehesa

Yo no recuerdo haber pateado a mi mamá. No era mi estilo. A Mariana sí, una vez, pero ya las dos estábamos grandes y el contexto se prestaba. A mi mamá, no.

Sin embargo, los resultados indican que sí sucedió. O algo similar tiene que haber pasado para que Germán me bautizara con el nombre de La niña Patamaldita. No duró mucho, pero fue memorable. Y, como todo, iba acompañado de una narrativa: “la niña Patamaldita”, decía con acento terrible, “a quien se le volvió la pierna de malvavisco por patear a su mamá”.

¿Por qué de malvavisco? Tampoco lo sé. Supongo que porque narrativamente una pierna de malvavisco es un recurso mucho más rico e interesante que, por ejemplo, una pierna que se vuelve de piedra, o de madera, como las de Pinocho. La idea de la pierna de malvavisco, sobre la cual bordaba después, que si no podía correr, que si no podía patear una pelota, que si no podía bailar, daba para escribir mucho. 

Era, desde luego, mucho más interesante que la consabida mano seca. “Se te va a secar la mano”, nos decían también, cuando amagábamos con soltar un zape mal averiguado; “pues me la mojo”, gritábamos y salíamos corriendo, no fuera a ser. Pero no era muy seguido, ni tan divertido. 

Con frecuencia, y últimamente, más, pienso en las historias que guardaba Germán y que se le iban filtrando por todos los intersticios. Era un ser de historias, era un ser que tejía tramas, que imaginaba personajes, acciones, desenlaces, y a diferencia de los novelistas y cuentistas, los iba colando en su narración de la vida cotidiana, tanto en la que escribía, como en la que vivía. Siempre pensó en escribir, en poner en papel y ordenadamente esas historias, lo dice al final de Fallaste, corazón, pero nunca lo hizo. Pensó que tendría tiempo. 

Ayer, tratando de adaptar una historia para niños de tercero de primaria, recordé a la niña Patamaldita. Y como no veo mucha forma de contarla ahí, la dejo por aquí y espero que el último martes de septiembre los encuentre justos y felices.

Abrazos.

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Nota del editor (o sea, yo mero). Si desean recibir estos textos de parte de Juana Inés Dehesa (ella lo llama boletín) directo en su correo electrónico, escríbanle a su correo electrónico oyejuanaines@gmail.com y pidan que los agregue. 

domingo, 18 de octubre de 2026

Joanna dice que no es un robot…

Mis aguerridos cuatro lectores, déjenme contarles que, dentro de mi lista de libros leídos y en proceso (clic en esta liga), se encuentra este titulado I am not a robot: my year using AI to do (almost) everything [HarperCollins Publishers, 2026] escrito por la periodista Joanna Stern quien, además de que trabajó por 12 años para The Wall Street Journal en su sección de Tecnología, ganó en 2021 un Emmy en la categoría de Documental. Si les llega a interesar, el libro lo compré por Amazon (esta es la liga).

Neither am I



Y para que el disfrute fuera completo, descargué el audiolibro que está leído por la misma Joanna (en esta liga lo consiguen) y lo iba siguiendo, lo que, además de hacerla más amena, me ayudó bastante con el ritmo de la lectura.


A la autora la conocí por un video que me recomendó YouTube (a veces el algoritmo sí sirve de algo) en donde ella estaba dando el discurso principal en una ceremonia de graduación de la misma universidad en que se recibió (lo adivinaron: aquí está la liga a ese video). En su discurso hacía referencia al uso de la inteligencia artificial (IA), la cual ha sido tema recurrente de este blog, y me gustó mucho el enfoque que le dio para la nueva generación de universitarios quienes muy seguramente la usaron en parte de sus estudios.

—Detén, oh, rollero escritor, tu verborragia y dinos ya de qué trata el libro.

A eso voy, no se me desesperen. Pues este libro contiene las experiencias vividas por Joanna y su familia durante todo el año 2025 (del 1 de enero al 31 de diciembre) en que convivieron lo más posible con herramientas de IA (para trabajo, estudio, análisis médicos, psicoterapeuta, etcétera), gadgets inteligentes (lentes con IA, pulseras que graban las conversaciones, etcétera) y varios robots (para limpiar el piso, cortar el pasto, doblar la ropa, transportarla como taxi, como perro mascota, etcétera). También incluyó el uso de la IA como amigo o pareja sentimental. Tras leer el libro, creo que no dejó ni un ámbito de su vida sin cubrir con la IA. Bueno, salvo como ella misma aclara al principio, exceptuando la escritura del libro. Este sí lo hizo 100% ella.

¿Qué buscaba Joanna? Vivir «el futuro», lo que tanto están diciendo los dueños de empresas de IA que será la vida al involucrar esta en todo lo que hacemos (y pensamos).

¿Y qué le pareció? Pues para algunas cosas resultó sumamente útil el uso de la IA, pero para otras el efecto fue contraproducente. De estos últimos, personalmente, el que me pareció más preocupante, fue la potencial pérdida de la imaginación: como ella durante un tiempo usó la IA para que inventara las historias para antes de dormir que le contaba a sus hijos, cuando retomó esa labor notó que se había "oxidado" para inventarlas ella misma (eso sí da miedo).

Como escuché decir al inteligente comediante Jimmy Carr sobre la IA: «No externalices ninguna habilidad que no quieras perder». 

No les quiero contar más sobre este sumamente interesante y muy ameno libro, para que lo lean (o escuchen) ustedes mismos.

Algo que me queda claro es que estamos todavía muy lejos de contar con una Robotina, como la de Los Supersónicos (entrañable caricatura futurista) que pueda hacer de todo y bien hecho. La Paradoja de Moravec (mencionada en el libro) lo deja bien claro. 


Les recomiendo este libro que fue escrito para las personas de a pie, no para los superenterados del ambiente informático y de tecnología. 

También les recomiendo suscribirse al newsletter de Joanna Stern en su página web thenewthings.com , donde comparte (como dice el nombre de su portal) nuevas cosas de tecnología con un lenguaje entendible, aterrizado. 

Ya para terminar, les cuento que la misma Joanna ya sufrió el plagio de su libro a «manos» de la IA. Lo explicó en un video (aquí la liga —creo que después de poner esta, ya oficialmente me pueden llamar El Señor de las ligas—), y denunció a Apple Books por ello. Con la IA nadie se salva, caramba.

Por supuesto, mis humanos cuatro lectores, para la redacción de este artículo que acaban de leer, como en todos los que encuentran en este blog, no se utilizó nada de inteligencia artificial. 100% cacumen de su servilleta.


Hasta la próxima.

sábado, 10 de octubre de 2026

Culto al cemento

Permítaseme, os suplico, oh, siempre benévolos lectores, parafrasear al gran Jorge Ibargüengoitia (soy su fan) en su libro Estas ruinas que ves y decir que los citadinos confunden lo grandioso con lo grandote.

Foto de Pixnio

Específicamente, en Monterrey y su área metropolitana han comenzado a aparecer grandes edificios en diversos lugares, como hongos después de una prolongada lluvia. De hecho, el edificio más alto de Latinoamérica se está construyendo en Monterrey, muy cerca de las oficinas de la empresa donde trabajo.

A esto yo lo llamo el «Culto al cemento», con su sempiterno ritual de trasladar la piedra caliza de las montañas (el Cerro del Topo Chico, el Cerro de las Mitras, la Sierra del Fraile y la Sierra Madre Oriental) hacia la ciudad. Pobres cerros, tienen más agujeros que los calzones de un faquir.

Es cierto que a Monterrey se le conoce con el apelativo de La Ciudad de las Montañas, pero desde algunos lugares estas ya no se pueden apreciar con la misma facilidad que cuando era yo pequeño, pues no falta alguno de estos armatostes que estorba la vista y obstruye el panorama.

Si acaso lo que describo arriba, mis solidarios lectores, ya me causa enfado, imagínense ahora que lo viviré en carne (o vista) propia , pues mi vecino ha decidido levantar su construcción adyacente a mi jardín, tras lo cual este quedará acorralado, impidiendo el paso de la luz y reduciendo el disfrute de la (muy poca) vista que teníamos de las estrellas durante las noches.


Seis semanas (según calculan los ñiles) de aguantar ruido y polvo, y asegurarme de que coloquen la lona que impedirá que sus materiales de construcción dañen nuestro amado y muy trabajado jardín. Que viva la paz.


Cada vez más cemento en las ciudades y menos áreas verdes.

Es lamentable.

Hasta la próxima.

domingo, 4 de octubre de 2026

Mano a mano: la nebbiolo italiana [Giribaldi] y la «nebbiolo» mexicana [Fratelli Pasini]

Mis atentos y siempre muy apreciados lectores, recordarán que hace un mes publiqué una nota haciendo eco de la experta pluma del doctor Alejandro Cabello Pasini respecto a que la uva «nebbiolo» de Baja California en realidad es la uva lambrusca de Alessandria (dar clic aquí para leerla).

Bueno, pues para esta ocasión decidí hacer un mano a mano amistoso (remarcado y subrayado) entre un vino italiano elaborado 100% con la auténtica uva nebbiolo del Piemonte (Italia), y el propio vino del buen Dr. Alejandro Cabello Pasini hecho con la «nebbiolo» de Baja California que, aunque así está etiquetada en botella, en realidad es la lambrusca de Alessandria.

La «nebbiolo» y la nebbiolo

Pueden estar seguros, mis entendidos lectores, que yo no buscaba la confrontación sino el entendimiento entre las partes participantes en este evento, el cual fue dividido en dos días.

En primer lugar, mi esposita Elsa y yo hicimos una cata de ambos vinos, teniendo uno al lado del otro —copa a copa— para que nuestras anotaciones se basaran en el momento, y no en tratar de rememorar aromas y sabores (por más buena memoria organoléptica que podamos tener).

Cata en igualdad de circunstancias

Para este artículo, sin embargo, me permitiré colocar primero lo que sucedió con un vino y luego con el otro, si les parece bien. Y si no les parece, pues ni modo porque así será. 

Empecemos con el Barolo de Giribaldi.


Este blog es educativo y de entretenimiento. No fomentamos el consumo excesivo de alcohol.


  • Vino: Barolo Giribaldi DOCG
  • Cosecha: 2018
  • Productor: Azienda Agricola Mario Giribaldi [web: vinigiribaldi.it] 
  • País: Italia
  • Región: Piemonte
  • DOCG: Barolo
  • Uvas: 100% nebbiolo
  • % alcohol: 14.0
  • Precio: $1370 pesos mexicanos (en Fornera Wine House [FB: fornerawinehouse])
  • Volumen: 750 ml
  • Calificación Precio/Calidad: ***** (5 de 5)
  • Disfrutado el día: 3 de octubre de 2026

Barolo Giribaldi DOCG 2018

Dado que yo ya conozco la potencia tanto de los Barolos como de los «nebbiolos» bajacalifornianos, empezamos la cata con el vino italiano. Verán que desde la apariencia son muy diferentes.

Barolo Giribaldi DOCG 2018

Apreciamos en la vista un color rubí muy limpio y brillante, de poca profundidad (puse mi mano bajo la copa y se pudo ver claramente).

Hace 3 meses tuve la oportunidad de probar una copita de otro buen Barolo con mi amigo Kike. Esta es la foto del vino y la copa en esa ocasión.

Otro buen Barolo; fíjense en el color

En la nariz, el Barolo Giribaldi DOCG recién servido en copa me dio una nota a brett, la cual personalmente me agrada bastante, además de notas a flores rojas. 

Lo dejamos reposar en copa por alrededor de 20 minutos y el aroma a brett había desaparecido, dejando en su lugar un aroma muy integrado de vainilla, frutilla roja y flores; olía como a perfume.

Antes de los 20 minutos, en boca se sentía astringente, pero la exposición al aire dio paso a una percepción más suavizada: menos astringencia, menos acidez, aunque mantuvo su retrogusto amargo. Este vino seco tiene cuerpo ligero y un final largo. Definitivamente no es un vino de meditación (omm…) sino uno que va mejor acompañando alimentos (om nom nom).

En esta ocasión, el maridaje fue una pizza con una poca espinaca, quesos mozzarela, fontina y asiago, hongos champiñones y cremini, arúgula y unas gotas de aceite de trufa. Baste decir que esa pizza no tenía progenitora.


Om nom nom

Fue un tipo de maridaje regional (ciao Italia), y le quedó bastante bien el vino a la pizza.

A este vino le doy un 5 sobre 5 en mi Relación Precio Calidad (RPC). Si les interesa, visiten la página de Facebook del buen Sandro Fornera en Fornera Wine House [facebook.com/fornerawinehouse]. Díganle que van de parte mía. ;-)


Pasemos ahora a la nota del vino mexicano del buen Dr. Alejandro Cabello Pasini.

Artigiano Nebbiolo 2023

  • Vino: Artigiano Nebbiolo
  • Cosecha: 2023
  • Productor: Vinícola Fratelli Pasini ([Web: vinospasini.com]  [Instagram @fratellipasini] 
  • País: México
  • Región: Valle de Guadalupe, Baja California
  • Uvas: 100% lambrusca de Alessandria (aka «nebbiolo» de Baja California)
  • % alcohol: 15.0
  • Comentarios: 12 meses en barrica de roble americano y de Europa del Este
  • Precio: $450 pesos mexicanos (directo con el productor)
  • Volumen: 750 ml
  • Calificación Precio/Calidad: ***** (5 de 5)
  • Disfrutado el día: 4 de octubre de 2026


Les debo la añada, pues la etiqueta no lo menciona y no encuentro ese dato que ya me había enviado el buen Alex cuando yo tenía Whatsapp, pero el dato se me perdió. En cuando me lo confirme él, yo actualizaré ese dato en la nota. Promesa de boy scout.

Actualización 05/Oct/2026: Alex respondió mi mensaje y dijo que la cosecha era 2023. ¡Gracias, Alex!

Comencemos con la vista de este vino en copa.

Artigiano Nebbiolo 2023

A diferencia del Barolo, el Artigiano Nebbiolo es de un profundo color púrpura. Como con el Barolo, puse mi mano atrás del vino y no se vio absolutamente nada. Es sumamente notoria la diferencia. Aquí les dejo las dos fotos, una al lado de la otra: en la izquierda está el nebbiolo y en la derecha el lambrusco de Alessandria (o «nebbiolo» de Baja California).


Es sumamente fácil distinguir un vino del otro, tanto en vista como en aromas. Dicho lo cual, pasemos a los del Artigiano: recién abierto y servido en copa dio una ligera nota a solvente, a jugo de uva, a vainilla, como a un perfume dulzón. En boca se presentó algo cerrado, muy goloso, como a mermelada de frutilla negra.


¿Qué es lo mejor que se puede hacer con un vino de estas características para realmente disfrutarlo? Decantarlo y dejarlo oxigenar por un rato. Así que, ni tardo ni perezoso, busqué mi Padre-Kino-Decantador para verter este Artigiano y lo dejé aireándose por una hora y media.


De hecho, fue lo mejor que pude haber hecho pues algunos sedimentos se quedaron en la botella, como lo pueden ver en la siguiente foto. De esta manera, ya no pasarían a las copas (aunque cabe aclarar que no son dañinos tales sedimentos, eh).

Donde hubo vino, sedimentos quedan…

Transcurrido el tiempo, ¿qué tal se percibió? Ah, pues muy diferente, la verdad. Las notas cambiaron hacia ser más frutales, como blueberries, y la madera se integró por completo. En boca también el cambio fue radical, sintiéndose más pulido, menos ácido y astringente, conservando su cuerpo pleno.

Como a este vino lo probamos el sábado y lo guardamos para la comida del domingo, la primera prueba me dio una idea del maridaje: un asado de puerco estilo regio (está muy galletón para algo más ligero).

Elsa se aplicó y este domingo, cual si hubiera habido bautizo o boda, preparó un buen asado (bien lait, que conste) que quedó, como decían los antiguos: de pocas tuercas.

¡Pásele, pariente!

Y el maridaje no me decepcionó en absoluto. La potencia de sabores entre platillo y bebida estuvo equilibrada. Mis felicitaciones a la chef.

Así es como termina la reseña de esta ocasión. Voy a conservar la botella, pues quizás sea la última vez que Fratelli Pasini use el nombre «nebbiolo» en sus etiquetas. Quizás…

Para el recuerdo

Hasta la próxima.


sábado, 3 de octubre de 2026

En peligro de extinción: la IA podría matar al internet


Mientras escucho de fondo la rola de The Buggles llamada Video Killed The Radio Star (dar clic aquí para el video), pienso en el video del canal de YouTube DW Tecnología y mundo digital [@DWTecnologiaymundodigital] que explica que es real el temor de que la inteligencia artificial (IA) llegue a matar al internet.

Aquí abajo le comparto el video; pueden darle play directamente.

Entonces, quienes nos dedicamos a escribir en nuestros blogs sobre cualquier tema, así como los periodistas y escritores profesionales que reciben una paga por ello, estamos en peligro de extinción. Bueno, creo que sobre todo aquellos cuyo modus vivendi depende directamente de lo que publican en los medios digitales (ese no es el caso de acá su servilleta).

Es muy preocupante que las mismas empresas tecnológicas estén preocupadas. Preocupados ellos, preocupados nosotros. Ya valió gorro. 

¿Cómo está eso de que la IA esté produciendo más artículos de internet que un ser humano pensante y consciente? ¡Y que los artículos que publica la IA tengan errores, el llamado AI slop o basura digital! ¡Y que la IA use esos artículos con errores para producir otros artículos, perpetuando los errores in saecula saeculorum!

El reportaje de DW da unas recomendaciones (a partir del minuto 4:41), y me parece que la de verificar las fuentes utilizadas es muy importante.

Personalmente, pienso seguir (en lo posible) escribiendo en este blog a fin de evitar mi propia extinción. Y, si cometo errores, me propondré que, al menos, estos sean nuevos.

Hasta la próxima.

domingo, 27 de septiembre de 2026

«Mi casa es su casa»

Y todo empieza con una caja…

Para ser honesto, todo comenzó cuando la vi en la tienda Logon de Galerías Monterrey. Había varios modelos, pero este fue el que más captó la atención en ese momento. Así que lo compré.


Ahora lo que seguía era armarlo. 


Abrí la caja, me puse a revisar su interior y me pareció que tenía tener todo lo necesario. Ahora, lo único que faltaba era algo que solo yo podía poner: tiempo, atención, dedicación, ánimo y, por supuesto, paciencia (y mucha).


Pero como dicen: «un viaje de mil kilómetros empieza con el primer paso». Y así comenzó este pasatiempo de armar esta casita tipo invernadero. Ya en mi niñez y adolescencia había armado otras cosas, como los modelos a escala de El Camino (Chevrolet, 1980), del módulo de mando y servicio del programa Apolo, del barco HMS Victory, de algunas motos, entre otros. Al día de hoy, no conservo ninguna de esas piezas.


Aunque hacía tiempo que no lo hacía, me encantó lo limpio y pulcro de este diseño que vi ya armado en la tienda. Se veía soquiut.


Estoy convencido de que todos conocemos el concepto de belleza, de aquello que es bello. Por supuesto, con el tiempo se han inventado otras palabras para describir algo bello a fin de que los hombres no se sientan menos hombres al decirlas: padrísimo, perrón, fregón, chido, la otra consabida (y muy mexicana) que empieza con ch, y un extensísimo etcétera. ¿Por qué somos así, caray?


Pian pianito, la casa de jardín (traducción literal de garden house) iba tomando forma. Si algunas piezas me parecían pequeñitas, cuando llegué a las calcomanías (o pegatinas) que tenía que aplicar me fui de espaldas. Paciencia, paciencia, ommm…


La clave para que un pasatiempo sirva su propósito es que no andes a las prisas tratando de terminarlo, sino que disfrutes con cada pequeño paso que das, que te alegre el espíritu ver que estás avanzando. Si no estás de humor para hacerlo de esa manera, mejor no lo hagas en ese momento. 


Lo digo con conocimiento de causa, pues me llevó un mes terminarlo, haciéndolo a ratos. En unas ocasiones pude dedicarle más tiempo que en otras, y hubo veces es que de a tiro no tenía la cabeza para dedicarle mi atención.


He leído tanto últimamente sobre las redes sociales y cómo han sido diseñadas para secuestrar la atención de sus usuarios (algo que han logrado con creces, lamentablemente), que creo que este tipo de pasatiempos son un excelente antídoto para revertir la pérdida de esa atención que es indispensable para vivir. Claro, dejar de utilizar las redes sociales y usar el tiempo para hacer esto en su lugar. 


Cada pequeña pieza tenía que ser cuidadosamente separada de la plantilla en que venía, adherida con pegamento y colocada en su sacrosanto lugar. ¿Ya vieron la mecedora con el cojín y la frazada? ¿A poco no se ve superquiut?


Y no hay que desesperarse si parece que no avanzamos. Es como en la vida: primero tienes que asegurarte de dejar lo mejor posible el interior para luego enfocarte en lo exterior. Ay, hasta filosófico salí creaturaaaaas… (como decía uno de los entrañables personajes de El conde de Agualeguas).


¿Tienes tu base sólida? Entonces vas por buen camino, sigue adelante.


Finalmente, 30 días después de comenzar, la obra fue concluida.

¿Y cómo quedó la instalación eléctrica? Veamos…


¡Qué chulada!


¿Verdad que se ve acogedor, confortable y cómodo? Hasta dan ganas de irse a sentar en la mecedora y contemplar de dentro pa' juera.


«¡Hágase la luz! Y la luz se hizo».


Denle clic en el video para ver lo rechulo quedó.

Ahora, la casa jardín adorna mi estudio (o home office), y de vez en cuando, si siento que necesito algo de paz interior, apago la luz del cuarto, acerco mi cara, me le quedo viendo, y enciendo la luz interior. Al hacerlo, se enciende la mía. Me recuerda que, con constancia, paciencia y confianza en mí mismo, se logran cosas muy bellas.


Hasta la próxima.