Porque la libertad empieza cuando dejas de escribir para gustar.
Como dice el buen libro:
«¿De qué le sirve al hombre ganarse muchos likes si se pierde a sí mismo?».
Porque la libertad empieza cuando dejas de escribir para gustar.
Como dice el buen libro:
«¿De qué le sirve al hombre ganarse muchos likes si se pierde a sí mismo?».
Continuando con los vinos de esta bodega mexicana, Fratelli Pasini, ahora le toca la oportunidad a su vino blanco. Veamos qué tal le fue.
El exceso de alcohol es perjudicial para la salud. Disfruta con moderación.
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| Pasini Bianco 2025 |
Presenta un acuoso y limpio color amarillo.
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| Pasini Bianco 2025 |
Al mover la copa, en la nariz resaltan de inmediato las notas a flores blancas y frutas como piña y durazno.
En boca tiene una boca seca pero afrutada, con una excelente acidez. El cuerpo es ligero, lo que permite beberse con facilidad. Percibimos una nota mineral (no salada), y la piña se asoma de nuevo.
Es un vino sumamente agradable, perfecto para acompañar la plática al final de una tarde de verano, como fue la de ayer. Lo disfrutamos mucho, mientras acompañábamos un platón con quesos, aceitunas y jamón. Está perfecto para un ambigú, para unos canapés o para conversar.
Le doy 4 de 5 estrellas en mi Relación Precio Calidad (RPC).
Hasta la próxima.
El consumo de vino afecta su capacidad para conducir u operar maquinaria. Nunca beba y conduzca.
Mis anhelantes cuatro lectores, les confieso que cuando pruebo un vino tan bueno como el de esta ocasión, cuyo desarrollo estuvo a cargo de un joven enólogo mexicano, me regresa la esperanza con las nuevas generaciones. Me refiero al enólogo Emiliano Cabello Lara (hijo del Dr. Alejandro Cabello Pasini [mencionado en esta nota]), quien ha viajado a varias latitudes del mundo vitivinícola para aumentar sus conocimientos con la práctica: la verdadera y única forma de aprender, ensuciándose las manos en el terroir. El enólogo se hace en el campo, no en un escritorio.
¿Les parece si pasamos a hacer la nota de cata?
Este blog es educativo y de entretenimiento. No fomentamos el consumo excesivo de alcohol.
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| Calico Bass 2025 |
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| Calico Bass 2025 |
En nuestra copa, lució un brillante y limpio rojo rubí.
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| Calico Bass 2025 |
Los aromas de este vino recuerdan a una compota de frutillas rojas y arándanos, además de pimienta y algo herbal parecido a la mejorana. Una nariz muy interesante.
En boca es muy frutal, con un ligero gusto dulzón, pero con excelente acidez. Personalmente, encontré una agradable nota a leche.
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| Calico Bass 2025, music & chill |
Es un vino que nos agradó mucho a Elsa y a mí. Le doy 5 de 5 estrellas en mi Relación Precio Calidad (RPC).
Espero probar más caldos elaborados por esta joven promesa de la enología de Baja California, México.
Hasta la próxima.
Tomar bebidas alcohólicas no es un juego; beber sin moderación daña tu salud.
Mis perspicaces cuatro lectores, ¿han escuchado la frase: «Hasta lo que no come, le hace daño»? No seamos así.
Hasta la próxima.
En mis tiempos del bachillerato (o preparatoria) llevé la materia de Filosofía. Desconozco si todavía se incluya en los planes de estudio (también llevábamos la de Lógica, algo que les hace mucha falta a los estudiantes hoy día, pero esa es otra historia). En aquella época, y dada mi inclinación más hacia lo físico matemático, no me parecía una materia atractiva. Creo que no fui el único que sentía lo mismo hacia tal asignatura. De hecho, hasta podría afirmar que mucha gente que llevó esa materia terminó odiando (o al menos, evitando) todo lo que sonara a Filosofía.
Así es, mucha gente cuando escucha esa palabra frunce el ceño o pone los ojos de huevito cocido (en blanco). Sobre todo, la gente que se considera a sí misma como religiosa. Pero lo que desconoce esa gente es que ellos aplican la filosofía todos los días de su vida. Es más: todas las personas con dos dedos de frente lo hacemos. Procedo a explicarme.
La palabra filosofía proviene de la unión de dos palabras griegas: philos, que significa amor, y sophia que significa sabiduría. Literalmente, filosofía significa «amor a la sabiduría».
Mas ¿cuál sabiduría es la que se ama? Depende. Por ejemplo, puede ser aquella que se aprende al estudiar los libros inspirados de la Biblia (la sabiduría de Dios), o la que descubrimos leyendo las Meditaciones del emperador Marco Aurelio (la sabiduría estoica).
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| El apóstol Pablo y el emperador Marco Aurelio, dejando sabiduría por escrito |
¿Y cómo se demuestra que se ama algo? Con acciones. En el caso de la sabiduría, esta se evidencia aplicándola en la vida. Esto es: vivir de acuerdo con esa sabiduría. Quien lo hace, basa su conducta en cierta filosofía.
La filosofía no es solamente un ejercicio mental: es una forma de vida. Debe transformarte, notarse en cómo vives.
La filosofía no es solo hacerse preguntas profundas con la razón, sino amar tanto la sabiduría que eso te cambia por dentro y se nota en cómo actúas.
Los estoicos decían que de nada sirve conocer la virtud si no la practicas día tras día.
Cuando mencioné que todas las personas con dos dedos de frente aplicamos la filosofía todos los días, lo hice basado en una frase que leí hace tiempo: «El sabio vive de acuerdo con cómo piensa; el tonto piensa de acuerdo con cómo vive». Si vives de acuerdo con cierta sabiduría que aprendiste, eres sabio. Por el contrario, si cambias tu criterio, como una veleta, dependiendo de lo que experimentas en cada momento, vaya que eres una persona tonta. No tienes una base sólida.
Y ustedes, mis cuatro lectores, ¿viven de acuerdo con alguna filosofía?
Hasta la próxima.
Hola, mis queridos cuatro lectores. Esta es la sexta entrega de la serie El tesoro del saber redactar bien. Pueden conocer la intención de estos artículos al leer la entrega 1 (dar clic aquí).
Joya 13. ¡Cuidado con el gerundio!
En el apéndice del libro de texto se incluye una magnífica explicación sobre el gerundio bien y mal empleado.
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| Excelente herramienta para tu redacción |
A continuación, les comparto la primera tarea del curso, tal cual me la envió el maestro tras revisarla. Podrán ver que encerré en rojo las veces que usé el gerundio de manera incorrecta. El maestro Marco tachaba el error y colocaba la expresión adecuada.
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| Den clic en la imagen para ampliarla |
Ma di cuenta de que no fui el único de los asistentes al curso que empleaba mal el gerundio. Creo que, en gran parte, se debe a la mala influencia de los periodistas, ya que así lo utilizan ellos, ya sea en las noticias escritas en los periódicos o expresadas verbalmente en la televisión. Ahora me doy cuenta completamente. Es como si viera la Matrix.
Cuando lean el apéndice se darán cuenta de que se explican los 16 usos generales del gerundio, pero también los 3 indebidos de este.
Mencionaré el primer uso correcto (que se divide en dos tipos) y uno de los usos indebidos del gerundio, pues están relacionados con el error que yo cometía.
☑ Uso correcto: de simultaneidad o de anterioridad
Significa que la acción del gerundio es simultánea o anterior a la acción del verbo.
⮽ Uso incorrecto: de posteridad que indica consecuencia
La acción del gerundio nunca debe ser posterior a la acción del verbo principal ni aunque sea un microsegundo después. Es decir: la acción del gerundio no debe indicar consecuencia o efecto de la acción del verbo principal.
El siguiente es un ejemplo típico de este error que hemos escuchado o leído en las noticias:
Lo que se quiere dar a entender es que la muerte (gerundio: muriendo) fue la consecuencia o efecto de que se hubiera desplomado (verbo) el avión. Este es un uso incorrecto. Sería correcto sí y solo sí los pasajeros hubieran muerto mientras iba cayendo el avión (simultaneidad) o antes de que se cayera (anterioridad).
Para hacerlo bien, el redactor de esa noticia debió escribir lo siguiente:
Así, sin gerundio. En este caso, no se necesita para expresar la idea.
Mis cuatro lectores, ¿ustedes también cometen este error en el uso del gerundio? La verdad, lo hacemos sin darnos cuenta.
A continuación, les muestro la tarea revisada de otro asistente al curso. Vean cuántas correcciones hizo el maestro.
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| Den clic en la imagen para ampliarla |
Espero que esta joya que les compartí sea de ayuda para enmendar este error en sus próximos escritos o sus futuras conversaciones.
Hasta la próxima.
La frase que da titulo a este artículo, mis meditabundos cuatro lectores, se la escuché decir a la escritora Fran Lebowitz (constante referente de este blog) en una entrevista en que le pidieron dar su opinión de la generación actual. Si desean ver un fragmento de dicha entrevista, pueden dar clic en esta liga.
Con esto afirmó que no podemos entender a los que son más jóvenes que nosotros ni a los que son mayores, pero entendemos sin problema el porqué los de nuestra misma generación piensan así, se comportan así, se visten así.
Cada vez hay más personas compartiendo su desconcierto con las generaciones que los preceden (los milenials y generación Z con los de generación X y los boomers) y las que los suceden (generación X y boomers con los milenials y generación Z).
Pero ¿saben qué? Siempre ha sido así: la generación anterior desconfía de la capacidad de la generación actual. Y así seguirá siendo in saecula saeculorum, es decir, ad nauseam.
Ahora bien, si lo que se desea es buscar culpables del desastroso resultado de la generación Milenial o la Z, les doy una pista: fíjense en los padres que los criaron. ¡Ah, caray! ¡Son de mi generación, la X!
La única manera de que una generación salga igual que la anterior (tal y como sucede en las ecuaciones matemáticas) es que los factores sean los mismos (y no hablemos de los operadores). Y estos son muchísimos. Mas la crianza tiene un papel preponderante.
Si desean continuar con esas discusiones bizantinas de «mi generación es la mejor de todas», échenle ganas.
Hasta la próxima.
Hola, mis queridos cuatro lectores. Esta es la quinta entrega de la serie El tesoro del saber redactar bien. Pueden conocer la intención de estos artículos al leer la entrega 1 (dar clic aquí).
Joya 11. Perder el miedo a usar el punto [.]
«El signo de puntuación más fácil de comprender y usar es el punto», dice el maestro Sandro Cohen en su libro Redacción sin Dolor. Y es la puritita verdad, pues únicamente tiene tres usos en la escritura (exceptuando el que se hace en números decimales en algunos países, como en México).
Sin lugar a duda, los tres usos del punto [.] son conocidos por todos: 1. punto y seguido (se coloca al final de una oración, y se inicia otra en el mismo renglón), 2. punto y aparte (se escribe al final de un párrafo, y se comienza un nuevo párrafo), 3. punto final (marca el final de un escrito o de una sección grande de este, como un capítulo).
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| Esencial |
Joya 12. ¡Nunca más usar los dos puntos [:] de esta manera!
En el capítulo 6 del libro de texto se explica detalladamente con ejemplos los cinco usos correctos del signo de puntuación conocido como dos puntos:
Personalmente, el uso 4 fue una revelación para mí. Aprendí cómo su inclusión puede hacer más elegantes mis textos. Pero, con total certeza, diré que las siguientes dos advertencias valen oro molido, pues creo que todos caemos en este par de errores.
Error 1. No deben usarse los dos puntos después de un verbo cuando introduce una enumeración.
El siguiente es un ejemplo clásico de este error:
⮽ Para el primer día de clases, el alumno traerá: un fólder amarillo, 100 hojas de papel bond, pluma azul y lápiz Mirado número 2.
Como podemos ver, inmediatemente después del verbo (conjugado o en infinitivo, da igual), que en este caso es traerá, se colocaron los dos puntos.
¿Cuál es la manera correcta de hacerlo? Este error se evita siguiendo alguna de estas dos sencillas reglas.
Regla 1. Si la enumeración es introducida por un verbo, no deben emplearse los dos puntos.
Efectivamente, no se necesitan. Veamos el ejemplo anterior, pero tras aplicar esta regla.
☑ Para el primer día de clases, el alumno traerá un fólder amarillo, 100 hojas de papel bond, pluma azul y lápiz Mirado número 2.
¿Ven qué fácil es? Por cierto, esta solución se basa en el primer uso de la coma (la coma serial), mencionada en la joya 6 de la entrega 2). Ahora, veamos la regla 2 para evitar este error.
Regla 2. Pueden usarse los dos puntos para introducir una enumeración siempre y cuando la oración que viene antes de los dos puntos esté completa.
Dicho gramaticalmente hablando: debe haber un complemento directo después del verbo y antes de los dos puntos. Pero, no se asusten con esta jerigonza; van a ver lo sencillo que es aplicarlo al usar el mismo ejemplo anterior.
☑ Para el primer día de clases, el alumno traerá estas cosas: un fólder amarillo, 100 hojas de papel bond, pluma azul y lápiz Mirado número 2.
☑ Para el primer día de clases, el alumno traerá lo siguiente: un fólder amarillo, 100 hojas de papel bond, pluma azul y lápiz Mirado número 2.
Ahora sí están completas las oraciones antes de los dos puntos. Antes, cuando la oración terminaba en el verbo, podíamos preguntarnos ¿qué traerá el alumno? sin obtener respuesta. De este modo sabemos que traerá «estas cosas» o «lo siguiente».
Pasemos ahora al otro error que debemos evitar.
Error 2. Nunca usar la frase «como son»
El maestro Sandro identifica la frase «como son» como producto de la burocracia, y no le falta razón para afirmarlo.
Además, coincido con él en su motivo para evitarla, para recomendar que no se utilice: «[…] constituye una muletilla innecesaria y desagradable». El texto se feo. Pierde elegancia.
Veamos un ejemplo con esa frase, y noten la diferencia (luce mejor) cuando se prescinde de ella.
⮽ Para el trámite de cambio de propietario deberán presentarse los documentos requeridos, como son: identificación oficial con foto, factura del vehículo debidamente endosada y un comprobante de domicilio reciente.
☑ Para el trámite de cambio de propietario deberán presentarse los documentos requeridos: identificación oficial con foto, factura del vehículo debidamente endosada y un comprobante de domicilio reciente.
Al igual que el esqueísmo (leen la nota relacionada aquí), es algo que debemos erradicar de nuestros escritos.
Hasta la próxima.
«En el resplandor de la inactividad se fusionan el ser humano y la naturaleza».
— Byung-Chul Han
Con base en el análisis de Byung-Chul Han, actualmente «[…] solo percibimos la vida en términos de trabajo y de rendimiento […]», y debido a eso «[…] interpretamos la inactividad como un déficit que ha de ser remediado cuanto antes». Concuerdo con esto que expresó Han, pues en una ciudad tan industrializada como Monterrey, la llamada «productivitis» nos conduce a la enfermedad de la cronopatía: la sensación de que siempre debemos estar haciendo algo productivo, incluso en nuestro tiempo de descanso.
¿Estoy exagerando? Hace tiempo, un camarada me contó que cuando su papá planeaba las vacaciones familiares, trataba de llenar cada hora disponible. Por ejemplo, cuando fueron a Cancún, su padre arrastraba (esa es la palabra adecuada) a la familia a cuanta ruta turística pudiera. ¡No podían ni levantarse tarde porque a las 10 de la mañana salía el autobús hacia el punto turístico que papá había decidido llevar a todos! ¿Se imaginan a ese hombre una vez que se jubile?
Otro apunte interesante del autor es que a este derivado del trabajo que llamamos tiempo libre se le tiende a ver como algo de lo que hay que huir como la peste, pues «mal manejado» puede llevarnos al tedio, al aburrimiento extremo. Esto me hizo preguntarme ¿no esa es la razón por la cual ahora, ante la más ínfima pausa de actividad, nuestros jóvenes (y algunos mayores) sacan sus dispositivos móviles y se sumergen en las redes sociales para adormecer su cerebro (drogarse, pues) al no saber qué hacer?
Al igual que Byung-Chul, lamento que la inactividad haya perdido la intensidad vital que le caracteriza. Y es que entendemos incorrectamente el sentido de la inactividad: no se trata de estar inmóvil, sino de hacer algo, pero que esté libre «[…] del para-algo, de la finalidad y la utilidad a las que el trabajo está sometido».
Cuando niños, éramos especialistas en la inactividad, en estar libres del para-algo al que se refiere este filósofo. Por ejemplo, si alguna vez en su infancia salieron a un patio de tierra a jugar, o en algún parque o rancho, quizás se recuerdan rodando una piedra grande hacia un lado para dejar al descubierto todos los insectos que ahí se encontraban: lombrices, hormigas, arañas, cochinillas. No lo hacían como parte de una investigación escolar. Era curiosidad pura.
El concepto del flâneur de Walter Benjamin, como lo explica este libro, me impactó. Es algo a lo que personalmente aspiro cuando tengo la oportunidad de salir a caminar, o mejor dicho, a deambular, andar sin un rumbo fijo y sin la presión del tiempo. «El flâneur hace uso de su capacidad de no actuar. No persigue ningún fin. Se entrega sin pensar al espacio que le 'guiña el ojo', al 'magnetismo de la próxima esquina, de una plaza lejana en la niebla, de la espalda de una mujer que camina delante'».
Han se lamenta también de la era en que vivimos, en la que se busca erradicar la inactividad a toda costa, pues «La experiencia […] no se la puede producir por medio de la actividad. La experiencia presupone, más bien, una forma particular de pasividad e inactividad. Su medio es la escucha. El ruido provocado en la actualidad por la información y la comunicación, sin embargo, pone fin a la 'sociedad de los que escuchan'». Su siguiente frase es lapidaria: «Nadie escucha. Cada quien se produce a sí mismo». ¿No es eso lo que ahora sucede con todo el mundo y sus dichosas redes sociales, queriendo convertirse en influencers?
«Hoy se impone por todas partes la forma de vida consumista en la que toda necesidad debe ser satisfecha de inmediato. No tenemos paciencia para una espera en la que algo pueda madurar lentamente. Lo único que cuenta es el efecto a corto plazo, el éxito veloz. Las acciones se acortan y se convierten en reacciones. Las experiencias se rebajan a vivencias. Los sentimientos se empobrecen en la forma de emociones o afectos. No tenemos acceso a la realidad, que solo se revela a una atención contemplativa.
Internet […] nos arrebata el 'don de la escucha'».
Me doy cuenta de que, hoy más que nunca, no hay que tener miedo a perder el tiempo, a dejar la mente volar, a aburrirse («el tedio es el umbral de grandes hechos»), a deambular como un flâneur.
Hasta la próxima.
Para que conste, mis queridos y apreciados cuatro lectores.
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| Muy buen curso de cuatro semanas |
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| Excelente curso de 12 semanas |
Si yo pude, cualquiera puede. Anímense.
redaccionsindolor.com/nuestros-cursos
Hasta la próxima.