jueves, 2 de abril de 2026

"¿Cómo te da tiempo de escribir?"

"¿Cómo te da tiempo de escribir?", es la frase que un compañero de trabajo me envió hace unos días por medio de WhatsApp. En realidad, decía así: "Wee como t da tiempo de escribir", pero le hice una pequeña corrección de estilo, y asumí que se trataba de una pregunta (aunque cabe la posibilidad de que fuera expresada con sorpresa; en ese caso, llevaría los signos de exclamación).

Me causó gracia la pregunta, y mi respuesta fue simplemente: "Uno siempre encuentra tiempo para hacer lo que le gusta ¿o no?".

Y ahí quedó el asunto, el cual me hizo recordar el enunciado de esta imagen que les comparto:

Si es importante para ti, encontrarás un camino

Si no es importante para ti, encontrarás una excusa.

A ver, niéguenmelo

Ahora que dedico un poco más de tiempo a meditar en la frase que me expresó, creo que efectivamente esa es la principal razón: escribir (o redactar) es algo que me gusta, y por eso, desde que lo retomé, siempre encuentro tiempo para hacerlo. Pero no solo escribo (para este blog y otro más como invitado), sino que también leo más (sobre temas que me interesan), hago ejercicio con más regularidad, tomo un curso de redacción que incluye hacer tareas, entre otras cosas.

¿Cómo es que lo hago? Hace varios años era inconcebible. No pretendo ni por asomo hacerla de gurú, pero sí puedo compartir con ustedes, mis amables cuatro lectores, lo que creo que me ha ayudado.


Ser consciente de lo que es realmente importante para mí

Cuando uno va formando sus criterios, poco a poco, con la edad, estás determinando el grado de importancia de las cosas: lo que tal vez era sumamente importante cuando tenías 16 años ya no lo es a los 54 años —créanme en esto. Por eso, vas a ir desechando mucho de lo que habías metido en el morral. Claro, solo si eres sabio lo harás; de lo contrario, cargarás con un enorme lastre que, finalmente, no te servirá de nada (únicamente en tu imaginación es útil).

Esas cosas incluyen objetos materiales, creencias y hasta personas. 


Adiós a las redes sociales en demasía

Sigo creyendo que una ventaja que tengo es que las redes sociales no existían en mi infancia. De esta manera, se me hizo más fácil deshacerme de prácticamente todas, y me quedé solo con WhatsApp. Incluso de esta, el uso que hago es limitado. 

Recuerdo una frase que le atribuyen a Francisco de Asís que dice: "Necesito poco, y lo poco que necesito, lo necesito poco". Esa es mi aspiración respecto a las redes sociales, las cuales sinceramente creo que el daño que han hecho a la sociedad es muchísimo mayor que el beneficio que han traído. No lo digo yo, lo dice la ciencia.


Pegados al celular en vez de disfrutar del paisaje. ¡Oh, Dios!
[Foto de Marc Bruxelles | Dreamstime]

Desactivar todas las notificaciones del celular

Esta fue una recomendación que escuché en el pódcast de la Dra. Marian Rojas Estapé, la cual inmediatamente apliqué y no se imaginan la paz mental que me ha traído.

El timbre de mi celular solo suena con llamadas telefónicas directas y los mensajes cortos (SMS). Ninguna otra aplicación hace que mi teléfono timbre, o siquiera vibre.

Les cuento que hace algunos años (en 2019) participé en el equipo de seguridad de un evento masivo e internacional. Durante los tres días que duró el evento, mi celular no dejaba de vibrar y de timbrar con las constantes notificaciones de los mensajes que recibía. Les confieso que mi cuerpo quedó tan afectado, que llegué a creer que sentía la vibración o que escuchaba las notificaciones en el celular, cuando ¡no había llegado ningún mensaje! Me tomó un buen tiempo recuperarme.

Yo les recomendaría, mis conscientes cuatro lectores, que se hicieran estas preguntas: ¿En realidad es completa y absolutamente indispensable estar enterándome de todas las notificaciones que recibo? ¿Son de vida o muerte? Si tienes redes sociales, ¿en verdad necesitas saber que a Fulanito o a Menganita le gustó tu foto o comentario o lo que sea que hayas compartido? ¿Todas esas molestas interrupciones en tu vida valen la paz que te están quitando?

Piénsenlo.


Cuidar mi tiempo de sueño y de descanso


En verdad, no concibo el problema de insomnio autoimpuesto por los más jóvenes que se quedan hasta la madrugada pegados a sus dichosos aparatitos. De nuevo, esa es una desventaja para ellos, pues la ventaja nuestra fue que no podíamos desvelarnos así: no teníamos ni computadora ni había internet, mucho menos celulares.

Si queríamos desvelarnos, era viendo algún programa en horario "de adultos" (como El Show del Loco Valdez o alguno de Verónica Castro) o una película en la tele o que podíamos rentar y ver en una videocasetera. Pero se terminaba y a dormir; no continuaba eternamente, como el mentado scroll infinito.

Hoy me queda clarísimo que el cuerpo me cobra con creces cada desvelada o mala noche de sueño. Además, si me quiero levantar temprano (a las 5:15 a. m.) a hacer ejercicio, lo más sabio es acostarme temprano (a más tardar las 10:00 p. m.) para que me rinda el día.

Recuerden que les dije que ya casi tengo 54 años: a la hora a la que antes iba llegando al antro es ahora a la que me levanto al baño —la primera de la noche.


No comprar broncas gratis

Finalmente, determina qué sí está bajo tu control y qué no. De ti dependen únicamente tus opiniones, tus pensamientos y las acciones que desees emprender a partir de estos. Eso sí es tuyo (tu mente es tu mayor posesión) y eres responsable al 100% de ello.

Todo lo demás (lo que hagan o piensen los demás —incluso sobre ti—, el 100% de tu salud y  tu cuerpo, el clima, la situación mundial, todo lo externo) no es tu problema. No lo puedes resolver.

Ni es mi circo ni son mis changos

Si te enfocas en lo que realmente es tuyo, usarás el tiempo de la mejor manera. De lo contrario, lo estarás desperdiciando.

"El tiempo es el más democrático de los recursos", es una verdad que leí en una ocasión. Es totalmente cierto, pues mientras los demás recursos como el dinero, las posesiones, el conocimiento, el prestigio, etcétera pueden ser aumentados o disminuidos por una persona de alguna manera, todos tenemos única e individualmente 24 horas al día. Ni yo te puedo dar mi tiempo para que tú tengas más durante el día, ni tú a mí. No importa que tan billonario, inteligente o guapo seas: te quedas con tus 24 horas, ni una milésima de segundo más.


Eso es lo que quise compartir en esta ocasión.

Ahora me retiro, pues tengo que estudiar un capítulo completo sobre las oraciones compuestas para mi clase del próximo lunes de Redacción Sin Dolor.


Hasta la próxima.


miércoles, 1 de abril de 2026

¿Arcaísmos o laxitud mental? | Por Rafa Ibarra


“Debemos animar a la gente a que ensanche su léxico. Esto nos incluye a todos, pero antes de emplear una palabra —sobre todo por escrito—, debemos investigar qué significa, cómo se emplea bien y cómo se escribe”. Estas son palabras del maestro Sandro Cohen, de su obra Los 101 errores más comunes del español [Planeta, 2024]. Creo firmemente en ese consejo, y por eso procuro utilizar las palabras que precisa la idea que deseo exponer. No es tarea fácil en absoluto. ¿Por qué lo digo? Porque frecuentemente me encuentro con la queja de que utilizo arcaísmos para expresarme. Pero ¿es en realidad así o solo se trata de laxitud mental de quien lee?

Antes de que una horda ofendida pretenda quemarme en leña verde u obligarme a beber cicuta, les solicito dos cosas: 1. que me permitan explicarme y 2. que me disculpen por utilizar definiciones, una de las formas más baratas para llenar textos y cumplir el mínimo requerido de palabras requeridas por el editor. 

Entiendo que, de acuerdo con el diccionario de la lengua española [dle], un arcaísmo es un elemento lingüístico cuya forma o significado, o ambos a la vez, resultan anticuados en relación con un momento determinado. Anticuado se refiere a una cosa que está pasada de moda o es propia de otra época. Otra manera de llamarlas es palabras o expresiones en desuso. Muy bien, estoy de acuerdo en que emplear expresiones como levantóse en lugar de se levantó no tiene cabida en la actualidad. O qué me dicen de la interjección ¡albricias! para denotar júbilo. Lo sé, también huele a naftalina.

Los anteriores son casos de arcaísmos absolutos, es decir, palabras que ya no se utilizan en ningún lugar del planeta. Surgen arcaísmos a partir de la obsolescencia de la tecnología, como el caso de la palabra bíper, que fue muy recurrida durante un período de los años 90, pero que murió con la llegada de los servicios de mensajes cortos (SMS) en los teléfonos celulares y, posteriormente, los teléfonos inteligentes. Por otro lado, hay expresiones como la otrora popular Pareces disco rayado que estaba prácticamente en las últimas, boqueando desesperadamente, pero resurgió gracias al regreso de la tornamesa que con maestría manipula el DJ en turno. Irónicamente, la destreza de dicho oficio es precisamente rayar el vinilo. En este caso, Pareces disco rayado es un arcaísmo relativo, ya que aún se puede utilizar.

En los casos anteriores, estoy de acuerdo con que son arcaísmos en toda la extensión del vocablo, y no creo que el consejo del maestro Sandro Cohen fuera dirigido con el propósito de que forzáramos a nuestro lector u oyente a ampliar su vocabulario con dichos elementos caducos.

Pero, con lo que no estoy de acuerdo es con dejar de utilizar palabras que son más precisas solo porque no sean tan conocidas por la mayoría. Por ejemplo, si quiero decir que una persona es terca y obstinada (ambas cosas a la vez), la palabra precisa es porfiada. ¿Cómo lo sé? Porque hace décadas, cuando era niño, leí el cuento Los chivitos porfiados. ¿Sabía a tan tierna edad el significado de ese adjetivo? Claro que no. Pero hice lo que toda persona que quiere ampliar su léxico haría: acudí al diccionario que había en casa y despejé mi duda. De esa manera, correlacioné la nueva palabra con el comportamiento de dichos animalitos descrito en la fábula. Es decir, aprendí. Hoy en día, teniendo al alcance de nuestra mano —literalmente— una gran cantidad de diccionarios que resuelven nuestras dudas al toque de un botón, nadie que se considere un(a) lector(a) serio(a) permitiría que la laxitud, la flojera, la pereza le impidiera aprender nuevos vocablos y su uso. 

Frases como Ay, ya vas a empezar con tus palabras domingueras son utilizadas de modo inmisericorde para boicotear nuestro intento por cumplir con la exhortación del maestro Cohen.

¿Deberíamos claudicar ante la avasalladora realidad a la que nos enfrentamos, inundados de discursos fáciles, videos sucintos y exiguos mensajes de wasap?

¡Claro que no! ¡Nunca! Son semillas de conocimiento adquirido que estamos impelidos a esparcir. Sigamos pues, con nuestro cometido, haciendo tal y como nos alienta la frase final del poema Sembrando, de Blanco Belmonte:

—“¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!”—


Hasta la próxima.

domingo, 29 de marzo de 2026

Vino de miel | Magnolia | México | Hydromel

No cabe duda, mis distinguidos cuatro lectores, que mi camarada Eslem Torres, además de jocoso y talentoso, es un inquieto emprendedor. Y aquí me tiene, abriendo una nueva sección en este blog para un tipo de bebida que no conocía. Pero, con saber que fue elaborada por él, vale la pena probarla.

(Punto y aparte: si no han probado sus salsas fermentadas Hot Hot Momma [hotmomma.mx], no saben de lo que se están perdiendo.)

Se trata de su más reciente producto llamado Vino de miel, de su marca Magnolia.

Vino de miel, de Magnolia

Le pedí que, de su puño y letra —o mejor dicho, desde su teclado— nos compartiera un apunte sobre esta bebida. Esto es lo que escribió.

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Aquí lo transcribo para ustedes:

Magnolia nace de la inquietud por reinterpretar el hidromiel bajo un concepto de ligereza y frescura. Queríamos crear una bebida que te acompañe en sesiones largas, evitando el dulzor excesivo y enfocándonos en la elegancia floral.

Lo que hace única a Magnolia es su origen y técnica. Preparada con miel de la región citrícola de Nuevo León y fermentada con levadura de Chardonnay. Aunque no presenta notas frutales directas, la fermentación aporta sutiles notas aromáticas que resultarán familiares para aquellos que disfrutan ese tipo de vino.

Con un final seco y un cuerpo ligero, Magnolia es engañosamente sencilla de beber, escondiendo un 6.4% de Alc.Vol.  que invita a la moderación sin sacrificar el darse un gustito.


El hidromiel (otra cosa que aprendí es que esta palabra es un sustantivo masculino de acuerdo con la RAE), es una bebida que se obtiene de la fermentación de una mezcla de agua con miel. Se considera una de las bebidas más antiguas de la humanidad, según las evidencias arqueológicas.

Bueno, ya que sabemos esta información, ¿les parece bien que pasemos a la reseña? Vamos pues.


Este blog es educativo y de entretenimiento. No fomentamos el consumo excesivo de alcohol.


  • Nombre: Vino de miel
  • Marca: Magnolia (Instagram: @vinololaysefue)
  • País: México
  • Región: Monterrey
  • Ingredientes: agua, miel y levadura
  • % alcohol: 6.4
  • Comentarios: miel [de abeja] de la región citrícola de Nuevo León y levadura de chardonnay
  • Precio: $90 pesos mexicanos (directamente con el productor)
  • Volumen: 355 ml
  • Disfrutado el día: 28 de marzo de 2026
  • Recomendable: Sí, y mucho


Elsa y yo decidimos evaluar como si fuera un vino hecho con uva, así que empezamos por la vista.

Vista de Vino de miel, de Magnolia

Este hidromiel lo servimos en las copas que utilizamos para vinos blancos quietos, pero ahora creo que hubiera sido mejor servirlo en una copa tipo flauta, la que se usa para los vinos espumosos (como el champaña), debido a su muy buena carbonatación, pues mostró muchas burbujas. Es de un color amarillo paja de mediana profundidad, y se presenta turbio; precisamente, como cuando ponemos una cucharada de miel de abeja en un vaso de agua y la agitamos para diluirla.

Hablando de la vista, valga la siguiente aclaración validada por el mismo Eslem: si llegan a ver en el fondo algunos sedimentos, no se preocupen; es levadura que no se filtró completamente. Es inocua, así que pueden beberla sin preocupación.

Sedimentos de levadura en el fondo de la botella

Ah, otro detalle que les debo dar a conocer: yo tenía las botellas guardadas en el refrigerador, así que cuando las serví estaban bien frías. Por cierto, la recomendación de Eslem es mantenerlas en el refrigerador al menos 24 horas antes de consumirlas. No es un producto para añejarse (es decir, esperar más de 6 meses para tomarlas), pero tampoco para pensar que lo tienen que beber casi de inmediato después de que lo obtengan. Además, como Eslem me comentó que será un producto de línea (no de temporada), tampoco será necesario guardarlo tanto tiempo.

Quise aclarar lo de la temperatura a la cual lo serví porque ahora pasaré a reseñar los aromas: cuando estaba recién servido (bien frío), la nariz era casi imperceptible para mí; pero en cuanto entró en calorcito, la suave nota a miel de abeja fue totalmente notoria, con un ligero dejo a cítrico.

Sin embargo, en la boca, fue ooootra cosa. 

Para empezar, uno esperaría una bebida dulce, ¿verdad? Pues nada que ver. ¡Es seco!

Aún recién servido, este hidromiel dio notas a miel (obviamente), pero también a maracuyá y a masa de pan, de ese que se hizo con masa madre, que sabe ligeramente acidito. A medida que aumentaba de temperatura mantuvo estas notas, no se desvirtuaron.

Quizás lo más relevante para nosotros, y siendo los vinos blancos elaborados con  uva chardonnay aquellos que más se consumen en nuestro hogar (Elsa es súper fan), nos pareció que Magnolia dio una sutil reminiscencia a un tipo de vino espumoso brut (es decir, seco; no dulce) de Italia llamado Prosecco. A mí me recordó el vino mexicano Viña Dolores Chardonnay Brut Nature.

En ese momento, este hidromiel de Magnolia se ganó mi respeto para ser llamado vino.


¿Recomendaría este vino de miel de Magnolia? Sí, y mucho. A Elsa y a mí nos encantó.

Si alguien quisiera hacerse de unas botellitas para probarlo, necesitan contactar a Eslem para obtenerlas. Hay dos opciones:

1. Contactarlo mediante Instagram en la cuenta @vinololaysefue.

2. Me pueden mandar un correo a rafaibarra72@gmail.com (den clic sobre la cuenta) y les comparto el celular de Eslem para que le manden un wasap

Les aclaro que no soy distribuidor. Mi función aquí más bien es de alcahuete.


Ahora, el maridaje. Como no lo habíamos probado antes, decidimos ir a la segura y nos decidimos por un par de rollos de sushi. La verdad es que este vino de miel, al parecerse a un blanco espumoso, es un gran comodín para comidas con sabores sutiles. Se puede disfrutar solito (en estos días de mucho calor) o acompañado con comida (canapés, botanita, sushi y viandas parecidas).

Sushi y vino de miel Magnolia

Fue muy grata la experiencia con este hidromiel, el primero que probamos.

Creo que Eslem dejó la vara bastante alta.


Hasta la próxima.


ADVERTENCIA: El consumo de bebidas alcohólicas durante el embarazo puede causar defectos de nacimiento. No beba si está embarazada.


sábado, 28 de marzo de 2026

Mi opinión sobre el lenguaje inclusivo


 

Antes de responderte, primero quiero saber si reconoces que tengo derecho a contar con una opinión propia basada en mis creencias y valores, y si respetarás ese derecho, así como yo respeto tu derecho a tener tu opinión.

Esa es, mis intrigados cuatro lectores, la manera en que preparo el terreno cuando alguna persona pide mi opinión respecto a un tema espinoso o controversial. Asumo, sin temor a equivocarme, que ustedes también valoran que se respete su derecho a tener su propia opinión, sin sentirse coaccionados.

Valga esta aclaración: una cosa es decir “Te pido que respetes mi derecho a tener una opinión”, y otra muy diferente “Te pido que respetes mi opinión”. El primer caso es, como dicen que dijo Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Pero lo segundo, oh no. No todas las opiniones son respetables. Adolf Hitler tenía la opinión de que debía asesinarse a muchas personas, entre ellas a las de raza judía. Me van ustedes a perdonar, pero la de él no era una opinión respetable en absoluto. Así que, no, no todas las opiniones son dignas de respeto.

—¿A qué se debe toda esta perorata, oh insulso escritor? — podrían preguntarse, y con justa razón. Debido al tema que trataré, prefiero, como decían los antiguos, curarme en salud. Procedo con la idea.

Durante el curso de redacción que estoy tomando, se nos encargó leer varios artículos sobre el lenguaje inclusivo. Reconozco que es un tema que seguramente hace sulfurar a más de uno. Personalmente, no me agrada. Pero, es algo que ya tiene muchos años presente en discusiones, nos guste o no.

Sin embargo, soy sincero al admitir que no sabía a ciencia cierta de lo que se trataba; así que creo que fueron de gran ayuda las lecturas que tuve que realizar sobre este tema. Ahora sí, siento que tengo bases para formarme una opinión informada, la cual compartiré con ustedes, si continúan leyendo. Si alguien se siente incómodo con el tema, puede descontinuar su leída aquí.

¿Siguen conmigo? Veamos… uno, dos, tres, cuatro. ¡Excelente! Prosigamos. Les prometo ser lo más conciso posible, pero dejando claro lo que deseo exponer.

 

La raíz del meollo

Primero necesitamos saber el origen de esta tendencia. Por lo que leí, entiendo que inició con la intención de hacer visibles a las mujeres (la demanda por el derecho a ser nombradas y, por lo tanto, existir); ellas estaban excluidas de muchas profesiones y actividades a las cuales se han incorporado de manera masiva en las últimas décadas. Para solventarlo, lo primero que se hizo —mediante el léxico— fue desdoblar los nombres de profesiones, cargos, títulos o actividades creando un femenino específico. Por ejemplo, se pasó de decir el médico a decir el o la médico, y finalmente, a decir la médica. También, se ha extendido el uso de la terminación -a a algunas palabras que no terminan con -o sino con -e, como la dependiente por la dependienta, la gerente por la gerenta, la presidente por la presidenta.

Por demás interesante es que, para referirse a cierta profesión particular, al parecer no hay problema en que la palabra usada termine con -o: se dice la modelo, nunca la modela.

Hasta este momento, creo que nos queda claro que el movimiento feminista —el principal promotor— buscaba que mediante la lingüística se les diera mayor protagonismo social y político a las mujeres. Aquí es donde estriba el primer fallo argumental —que no es pequeño—: considerar que sexo (que es eminentemente biológico) es lo mismo que género (que es eminentemente lingüístico). Biológicamente los sexos son femenino y masculino, mientras que lingüísticamente los géneros son: femenino, masculino y neutral (aunque en muy contadas palabras, como esto, eso, ello, aquello). Por ejemplo: silla tiene género —femenino—, pero no tiene sexo. Es fácil de entender, ¿verdad?

Hay una frase que escribió Román Alamán en su artículo El abismo no está en el género gramatical que menciona: “El uso del masculino como género no marcado no supone la invisibilización de la mujer, pues se trata de un mecanismo gramatical y, como tal, es un fenómeno abstracto que no representa de manera exacta la realidad, del mismo modo que no lo hacen otras manifestaciones lingüísticas”. 

El ejemplo que usa para demostrar su dicho es sencillo, pero claro: la palabra ballena es un sustantivo femenino, y que además no tiene masculino. Si decimos Ahí va una familia de ballenas, es obvio que el papá es de sexo masculino, aunque gramaticalmente no lo haya mencionado, es decir, que su género no esté marcado en la frase. Lo mismo podría decirse de la jirafa. Creo que ya quedó claro el punto.


El género inclusivo

Alamán explica lo que ya todos sabemos —y que es contra lo que las feministas luchan—: en nuestra lengua, el español, el masculino es un género inclusivo. La explicación que da es magistral:

«El uso del masculino como género no marcado nos lleva a decir cosas como “Eso es bonito”. ¿Por qué decir bonito? ¿Por qué no decimos “Eso es bonita”? Al fin y al cabo, eso es neutra, no masculina. La respuesta es muy sencilla: aun siendo neutra, el adjetivo que la acompaña tiene que concordar con ella de alguna manera, así que, como he dicho antes, no nos queda más remedio que usar el género que lo incluye todo, el género de andar por casa, que es (o coincide con) el masculino.

   También decimos “Esas naranjas huelen raro”, donde raro está en masculino y singular a pesar de que naranjas es femenina y está en plural. ¿Por qué ocurre eso? Porque raro, que parece un adjetivo, en realidad ha pasado a la categoría de adverbio (esas naranjas no son raras, sino que huelen de modo raro) y, por lo tanto, debe perder género y número..., pero resulta que en español no solo no hay género neutro, sino que tampoco existe un número neutro. Por lo tanto, debemos optar por un género de los que ya tenemos, y también por un número.

   De este modo, vemos que no solo el género masculino tiene una doble función; también la tiene el número singular».


¿Lenguaje del patriarcado?

Un argumento de quienes promueven y defienden el lenguaje inclusivo es que el lenguaje como lo conocemos hoy en día es el resultado de la opresión causada por los hombres sobre las mujeres; lo que dan por llamar “el patriarcado”. Para responder a este juicio, me encantaron dos argumentos que leí, el de Brigitte Vasallo y el de Ramón Alamán.

Brigitte Vasallo escribió:

«La existencia del género gramatical no es el reflejo directo del sexismo en la sociedad, ni la cuestión funciona con tanta literalidad. Lo que sí es un reflejo claro del sexismo es la resistencia a mover y desnormativizar precisamente el género gramatical. La ofensa y el escándalo que genera decir cuerpas en lugar de cuerpos es sexista: que la palabra cuerpo sea gramaticalmente masculina es un azar derivativo y prueba de ello es que idiomas con orígenes comunes y cercanía geográfica, como el castellano y el català, han desarrollado términos de género distinto para denominar lo mismo: el atún es masculino en castellano, y femenino, tonyina, en català, sea el animal un ejemplar macho o hembra. En galego, por ejemplo, equipo es femenino: equipa, al contrario de lo que sucede en català, donde es masculino: equip. Olor, por poner un ejemplo menos generizado aún, es femenino en català: la olor, y masculino en galego: o cheiro».

Ramón Alamán, después de decir que en español es el masculino el género inclusivo, da un ejemplo estupendo:

«Otros idiomas han optado por el femenino, como el zayse, que lo habla en Etiopía una “comunidad que se caracteriza por una marcada organización social patriarcal”, según señala la lingüista Barbara Marqueta (2016: 179). ¿Lo han visto? Una comunidad en la que los hombres acaparan el poder usa el femenino cuando se refiere a una pluralidad de personas de ambos sexos… […]

   […] como hemos visto más arriba, existen idiomas en los que el género no marcado es el femenino, y algunos pertenecen a sociedades tremendamente machistas, como la comunidad etíope de la que habla Bárbara Marqueta. ¿Se imaginan al jefe de un pueblo de Etiopía diciendo “Aquí mandamos nosotras: mi hijo y yo”? Pues lo hace, pero en su idioma, claro está».

Entonces, ¿podemos concluir que en la lingüística se utiliza el masculino como género inclusivo debido al patriarcado? Claro que no. Como bien dice Vasallo: “[…] el género es un accidente gramatical (y me parece hasta irónicamente poética la denominación) como lo es el número, el tiempo, el modo”. A mí también me parece irónico.


La primera “solución” al dilema

Me permito poner entre comillas la palabra “solución” porque, al igual que muchos que aman la lingüística, no creo en absoluto que lo sea. Consiste en el desdoblamiento de la forma masculina no marcada, también llamada la duplicación del género. De esta manera, en vez de decir “Los ciudadanos quieren una democracia plena”, se diría “Los ciudadanos y las ciudadanas quieren una democracia plena”. Ya se dieron cuenta, ¿verdad? Es la forma de expresarse de muchas figuras políticas mexicanas.

Nota al pie de página: en la frase “Los ciudadanos y las ciudadanas…” el autocorrector de está indicando que hay un error y me sugiere usar solo “Los ciudadanos…”. Hasta el Microsoft Word lo sabe.

¿Cuál es el principal problema de esta “solución”? Que su estricta aplicación —porque si quieren que sea una regla, debe aplicarse siempre, no a discreción— genera unos textos larguísimos y tediosos. Veamos este ejemplo:

A) Sin desdoblamiento

“Buenos días, padres de familia:

La presente es para recordarles que todos los alumnos deberán entregar puntualmente sus boletas de calificaciones firmadas a sus maestros, para que ellos puedan distribuirlas a los consejeros vocacionales, quienes sugerirán a sus hijos las mejores recomendaciones de las profesiones que a ellos pueden interesarles”.

B) Con desdoblamiento

“Buenos días, madres y padres de familia:

La presente es para recordarles que todos los alumnos y todas las alumnas deberán entregar puntualmente sus boletas de calificaciones firmadas a sus maestras y sus maestros, para que ellas y ellos puedan distribuirlas a las consejeras y los consejeros vocacionales, quienes sugerirán a sus hijas y a sus hijos las mejores recomendaciones de las profesiones que a ellas y a ellos pueden interesarles”.

Da flojera, ¿verdad? Esta es una herramienta política que simplemente no se siente natural ni en el habla ni en la escritura.


Éramos muchos y parió la abuela

Al convoy de personas que se sentían invisibles, porque no perciben que se les nombre, se añadieron quienes se identifican con las comunidades LGBT+ (sé que ya son más letras, pero creo que con el símbolo + se asumen las que falten), con lo cual surgió la segunda “solución” (de nuevo entre comillas): el uso de la arroba o de la letra x. La verdad, coincido en su inutilidad operativa por una muy sencilla razón: ¡todo lo escrito se debe poder leer!

“Querid@s amig@s” o “Queridxs amigxs”. ¿¡Cómo caramba se lee eso!? Es una pregunta seria. No hay sonidos inteligibles para quien quiera pronunciar esas palabras.

 

Tan malo el pinto como el colorado

La tercera “solución” (benditas comillas) que se propone es usar la terminación -e buscando crear un género neutro. Ya saben, el consabido “compañeres” que se volvió viral. Estoy de acuerdo con el apunte de Ramón Alamán cuando dice que esta propuesta —de nuevo— no se siente natural ni espontánea, además de que tiene un inconveniente (uno GRANDE): “Las lenguas no evolucionan por decreto ni porque un grupo de personas —una ínfima minoría si lo comparamos con la totalidad de los hispanohablantes— emprenda una acción política (y esta lo es […]) […], sino que lo hace mediante procesos lentos y radicalmente democráticos”.

Algo parecido afirma Alejandra Meneses, en su ensayo ¿Lenguaje para todes?, donde escribió: «Si miramos cómo han cambiado las lenguas a través del tiempo, podemos observar que los cambios léxicos son los más fáciles de incorporar, mientras que los morfológicos son lentos y complejos porque operan al interior de la palabra».

En otras palabras: es más rápido —y fácil— incorporar palabras a nuestro léxico (como facebookear o wasapear), que modificar la estructura de las palabras y sus elementos constitutivos.


El uso de la colectividad

La cuarta “solución”, la cual también resulta inviable para todos los escenarios, es utilizar palabras que engloben a un conjunto de personas, y así no se tiene que recurrir a un género específico. Tratar de usar la palabra alumnado (por alumnos), estudiantado (por estudiantes), ciudadanía (por ciudadanos), vecindario (por vecinos), juventud (por jóvenes), nuevamente, no suena natural. A ver, ¿cómo le diría un maestro a dos muchachos y dos muchachas que están en el patio que se acerquen? ¿Acaso: “¿Vengan acá ustedes, estudiantado”? Pues no, porque no se dirige a todos los estudiantes. ¿Ven lo impráctico que es?


Conclusión

Concuerdo con Brigitte Vasallo quien declara: “El debate sobre la inclusividad del lenguaje no pertenece al campo de la lingüística sino al campo de la política”. También con Alamán, quien por su parte opina: […] sigo convencido de que el abismo entre un sexo y otro no está en el género gramatical.”

Personalmente, creo que quienes promueven las “soluciones” antes mencionadas, es como si quisieran obligarnos a aprender un nuevo idioma, propio de una comunidad muy limitada. Utilizo el verbo obligar, porque si en nuestro idioma español ya contamos con vocablos y construcciones gramaticales que se ajustan a la realidad que vivimos, y son aceptadas muy ampliamente por la grandísima mayoría de los hispanoparlantes, ¿por qué tendríamos que aprender algo que emplea una ínfima minoría para comunicarse? Es como esos nerds que saben (o dicen que saben) hablar en klingon (el idioma de unos seres ficticios de la serie Star Trek). Se entenderán entre ellos, quizás, pero no con los demás; y por encima de todo, la mayoría no lo necesitamos ni nos interesa.

Es verdad que el poder de las palabras es muy grande y no debemos subestimarlo. Pero no creo que, tratando de afectar la manera de expresarnos al hablar o al escribir, vaya a desaparecer la desigualdad, la violencia, los abusos, la discriminación y tantas más cosas malas que viven tanto mujeres como hombres. Eso no lo va a resolver la lingüística.

Por lo pronto, en este blog no haré uso del lenguaje inclusivo con ninguna de las cuatro “soluciones” mencionadas. Mi redacción tomará en cuenta lo que es aceptado por la vasta mayoría de hispanohablantes, pues sé que ustedes, mis cuatro lectores, son lo suficientemente inteligentes para entender el contexto de lo que les comparto. El contexto, por cierto, daría tema para otro artículo. Quizás después.

 

Hasta la próxima.


viernes, 27 de marzo de 2026

Curso básico de Redacción Sin Dolor | Tarea 2


Siguiendo con la serie de tareas que nos encargan en el curso de redacción, ahora el tema fue Hecho de la infancia, cuya descripción decía "Debe escribirse en primera persona y en pasado. Se narra un suceso que haya marcado la vida y que se recuerda muy nítidamente. Es importante mencionar qué sentiste en ese momento".

Esto fue lo que redacté.

Vip

Rafael Ibarra Mojica

 Recuerdo que estaba cursando sexto año de primaria. Esa vez, después de salir de clases, fui a la oficina de papá a recoger unos papeles. Caminé hacia el gran edificio de oficinas, pues no quedaba tan lejos de casa. Había pasado muchas veces frente a sus grandes instalaciones, que tenían rejas muy altas y guardias de seguridad las 24 horas. Esa sería mi primera y única vez que entré. Crucé la amplia puerta principal y me dirigí a la recepción, la cual vi que estaba en un costado. Le dije a la recepcionista que buscaba a José Luis Ibarra Ríos —mi papá—, y que él me estaría esperando. Ella buscó en una lista, marcó en su conmutador un número de extensión y le informó a papá que yo ya había llegado. Colgó el teléfono y me dijo que, por favor, esperara ahí.

   Nunca había visto un edificio tan grande y moderno por dentro. Como el vestíbulo al que entré era un área abierta, desde la cual se veía el segundo piso, estaba embobado admirando la gran altura del techo, mientras que atestiguaba el ir y venir de los empleados. Desde que entré, vi que, en el frente, justo en el centro, había un pequeño elevador con paredes de cristal que se desplazaba únicamente entre la planta baja y el segundo piso. A la derecha y a la izquierda de este había un par de amplias escaleras que curvaban, y por estas discurrían como hormigas algunos empleados. Miré a papá bajando por una de ellas.

   Me acuerdo de que subí con él a su oficina, sacó copias a unos papeles y me los entregó en una carpeta. Cuando me encaminaba a la salida, le comenté del elevador que vi.

—Ese elevador solo lo usan los directivos de la empresa— me dijo. Entendí entonces que su uso estaba reservado solo era para personas importantes.

Al acercarnos a la escalera curva por la que bajaríamos, sentí que papá me tomó de la mano y se encaminó al elevador; oprimió un botón, la puerta de abrió y nos introdujimos. Oprimió otro botón, se cerró la puerta y descendimos lenta y suavemente a la planta baja, a donde salimos cuando la puerta se abrió de nuevo.

—Nos vemos en casa— me dijo al despedirme, mientras yo me dirigía a la puerta principal para salir del edificio e irme a casa.

¿Cómo me sentí en esos momentos? Creo que no había otro niño con una sonrisa más grande que la mía ni que se sintiera tan importante para su papá.



Hasta la próxima.


martes, 24 de marzo de 2026

El «esqueísmo»: esa arraigada enfermedad que hay que eliminar

La primera vez que supe de esta "enfermedad" de los redactores fue leyendo el blog que tenía el maestro Sandro Cohen en el 2009 (pueden leer esa nota aquí). Él fue quien inventó el término para identificarla. 

Confieso que yo la tengo, aunque he tratado de erradicarla de mi escritura (del habla es más difícil). Seguramente ustedes, mis cuatro lectores, también la han contraído. ¿Les gustaría saber de qué se trata y cómo inmunizarse?

Qué fortuna que el equipo del blog de Redacción Sin Dolor haya rescatado un artículo que el maestro Cohen escribió al respecto, en diciembre del 2012. Este artículo sirve como una vacuna que debe ser aplicada para que funcione. Los invito a leerlo dando clic en el enlace siguiente:

"El «esqueísmo»", por Sandro Cohen (blog de Redacción Sin Dolor)

Que lo disfruten.


Hasta la próxima.

lunes, 23 de marzo de 2026

Curso básico de Redacción Sin Dolor | Tarea 1



Apreciados cuatro lectores, les comento que en el curso de gramática y ortografía impartido por Redacción Sin Dolor que estoy tomando nos encargan tareas. Como requisito estas tienen que contener 250 palabras (una cuartilla) y tratar de temas que se nos indican. Nosotros las enviamos al maestro quien las revisa y nos las regresa con sus anotaciones. De esta manera, cada uno de los alumnos sabemos en qué debemos poner más atención al escribir.

He decidido publicar aquí mis textos revisados.

La primera tarea fue Autorretrato. La descripción decía: "No debe ser una descripción física, sino que se describa mediante algo que te apasione. ¿Por qué y desde cuándo te apasiona? ¿Cómo descubriste esa pasión?".

A continuación, les comparto lo que escribí.


Autorretrato

Rafael Ibarra Mojica

 Me encanta escribir. Hay algo en poder expresar lo que pienso, lo que siento, lo que he aprendido y deseo compartir que me parece liberador. No sé cuándo empecé exactamente a apasionarme con la escritura, pero conservo una libreta Scribe desde la infancia, en la que copiaba artículos relacionados con un tema que me gustaba mucho entonces: los perros. Contiene textos escritos a mano y recortes con fotografías de diferentes razas, las cuales conseguía de cuanta revista o periódico caía en mis manos. En esa época, yo quería ser veterinario.

        Tiempo después, durante la preparatoria, cuando en algunas materias se nos encargaban tareas en que había que escribir sobre un tema que yo no considerara aburrido, me explayaba haciéndolo. Por supuesto, siempre entregaba los escritos mecanografiados. En ese entonces, me hice un experto tecleando de a dedito.

    En el bachillerato descubrí mi otra pasión: la computación. Era una carrera que estaba en pañales en los años 80. Me titulé como licenciado en Ciencias Computacionales de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Empíricamente, desde entonces aprendí a utilizar todos los dedos para teclear.

    Después de tres lustros de trabajar en lo que estudié, específicamente en el año 2007, descubrí los blogs. Y después de años de no hacerlo, empecé a escribir de nuevo por gusto. Mantuve mi primer blog —especializado en vino, otra afición que tengo— activo por cinco años, para dejarlo pendiente por 12 años, y retomarlo en el año 2024. Desde entonces, sigo escribiendo y divulgando temas que me interesan.

 

Hasta la próxima.

domingo, 22 de marzo de 2026

Observando el mundo | Rolland y Parker: ¿héroes o villanos?

El viernes 20 de marzo de 2026 murió Michel Rolland.

—¿Y quién era ese señor?— se preguntarán, mis apreciados cuatro lectores.

Quienes tenemos un rato en el mundo del vino sabemos que él era un enólogo muy conocido en el negocio vitivinícola. Algunos dirán que era famoso; otros, que era infame.

Por ejemplo, si buscan en Google las noticias recientes sobre Rolland, encontrarán varias como la que pueden leer en esta liga, a la cual titularon: "Murió Michel Rolland, el enólogo francés que impulsó el vino argentino y dejó su huella en los Valles Calchaquíes". De hecho, hay muchas notas por ese estilo.

Es decir, para esas personas, era un héroe.

Entonces, ¿cuál es su lado de villano? El que se mostró en el documental del 2004 llamado Mondovino (ver el trailer aquí), de Jonathan Nossiter, en el que expuso como la tríada formada por él (como enólogo), por el influyente crítico de vinos Robert Parker y el poderoso vitivinicultor Robert Mondavi, estaban borrando la individualidad de los viñedos y sus vinos, para establecer un estándar a su modo.

De ahí la ironía del póster de ese documental, en el que aparece un avión "bombardeando" con botellas —obviamente, con el gusto de los tres individuos mencionados— toda la Tierra. A Michel Rolland se le conocía como un flyingwinemaker, porque se la pasaba visitando viñedos de todo el mundo dando sus asesorías enológicas.

Mondovino (Jonathan Nossiter, 2004)

¿De qué es lo que acusaba Nossiter a este trío? De algo muy sencillo que trataré de explicar de la misma manera: el enólogo (Rolland), en las bodegas que lo contratan, sustituye la personalidad natural de la uva y el terruño, e impone su propio estilo estandarizándolo en todas; el crítico de vinos (Parker), con su propio método para calificarlos —llamado los Puntos Parker— que usa en la revista especializada Wine Advocate para la que escribe, favorece los vinos que hace Rolland dándoles siempre puntuaciones altas; finalmente, el poderoso hombre de negocios Mondavi, tanto en sus viñedos de Estados Unidos como los que se pone a comprar por todo el mundo, aplica el método Rolland-Parker para que sus productos sean los más caros y buscados del mercado.


Cabe aclarar que Robert Mondavi murió en 2008, y que Robert Parker se retiró en 2019 de la revista Wine Advocate, pero su método de calificación aún se utiliza. Posiblemente, lleguen a ver algunos vinos con un letrerito colgado en el cuello de la botella, o que diga en la descripción de este en la tienda o la página de internet donde lo vendan algo así como RP 90. Eso quiere decir que obtuvo 90 Puntos Parker.

Aunque en el año 2004 todavía no se establecía el vocablo influencer (o influenciador, en español), eso es lo que era Robert Parker para el mundo del vino. Él probaba vinos y en la columna para la revista que escribía daba sus calificaciones. Eso es todo lo que a ciencia cierta podemos saber qué hacía. ¿Es eso un delito? En absoluto.

Ahora bien, que existan personas —hoy abundan y son más notorias— que no tengan criterio propio y necesiten desesperadamente que alguien les diga lo que les debería gustar, eso es otro asunto que vemos en todos los ámbitos de la vida.

De ahí que empezaran a aparecer personas que no compraban un vino sin antes saber cuántos Puntos Parker había obtenido. ¿Había un vino con 85 puntos y otro con 90? ¡Deme el de 90 puntos, por supuesto!

¿Que si los Puntos Parker influenciaban el precio del vino? ¡Faltaba más! A mejor calificación, más caros. Marketing.

Me gustó la manera en la que Roger Ebert, el crítico de cine comentó sobre el documental  Mondovino, en mayo del 2005, al escribir: 

Mondovino applies to the world of wine the same dreary verdict that has already been returned about the worlds of movies, books, fashion, politics, and indeed modern life: Individuality is being crushed, marketing is the new imperialism, people will like what they are told to like, and sales are the only measurement of Good".

Traducido al español:

Mondovino aplica al mundo del vino el mismo veredicto pesimista que ya se ha emitido sobre el cine, la literatura, la moda, la política e incluso la vida moderna: la individualidad está siendo aplastada, el marketing es el nuevo imperialismo, a la gente le gustará lo que se le diga que le guste y las ventas son la única medida de lo bueno.


Mis instruidos cuatro lectores, afortunadamente es decisión de cada quien ceder o no ante tal pesimismo que describe Ebert. 

Al igual que ustedes, mis inteligentes lectores, prefiero darme la oportunidad de probar cosas —entre ellas, vino— sea que hayan ganado premios o no (ya lo mencioné en mis principios editoriales: "Yo bebo vinos, no medallas").

Ver una botella tapizada de stickers (o calcomanías, en español) indicando los premios que ha ganado o los puntos que le han otorgado (ah, porque deben saber que hay más calificaciones además de los Puntos Parker), no me dice nada.

Tan condecorado como general norcoreano lambiscón

¿Quién no te dice que esas medallas fueron ganadas en puras copas moleras (aprovechando la euforia futbolera mundialista)?

Abundan las copas moleras

Por fortuna, he probado vinos de muy diversas uvas y regiones cuyo sabor no está estandarizado. Por supuesto, si siento el deseo de probar cierto vino en particular que me ha agradado o que le quedará especialmente bien a algún platillo que probaré —como mi adorado Chanti Ruffino—, lo busco. Pero no siento la imperiosa necesidad de que todos los vinos que pruebo sepan igual. ¡Qué aburrido!

Ah, se me olvidaba. Otro maridaje para el que busco un vino específico, y que les menciono aquí porque saqué el tema de las copas moleras a colación, es el Casa Madero Shiraz con unas enmoladas de queso de cabra, como las probamos por primera vez en Parras de la Fuente, Coahuila.




¿Que si en verdad quedó bien el maridaje? No me crean a mí. Preguntémosle a Elsa.

La patrona approves

¿Ven?

Hasta la próxima.

sábado, 14 de marzo de 2026

La leyenda de Athör | por Eslem Torres (aka Mr. Moustache)

Mis queridos cuatro lectores, con gran placer les notifico que las intensas negociaciones en que nos involucramos fueron finalmente exitosas, por lo que pudimos hacernos de los derechos de publicación de una nota que fue originalmente editada en el blog In Cervesio, bajo la autoría de su siempre Serenísima y Jocosa Majestad: Mr. Moustache (conocido en los barrios bajos, la deep y la dark web como Eslem Torres).

Me interesa que lean dicho artículo, pues en breve pondré la evaluación de la cerveza que aparece al final de este, y creo que será más interesante si conocen su historia.

Gracias, Eslem, por dar tu magnánima e inmerecida bendición a este humilde blog (we're not worthy). 

Nota: tanto el texto como las imágenes son las originalmente publicadas.


La leyenda de Athör

Por: Eslem Torres

Una de las historias que más me gusta contar cuando hay cerveza alemana en la mesa, así como gente importante y estudiada —además de algunos considerables niveles de alcohol en la sangre— es la siguiente:


Durante la Cuaresma, los monjes tenían que ofrecer su alimentación como tributo, un castigo que pagar, el cual consistía en que, durante esos días, no podía pasar alimento sólido por sus bocas. Aunque ellos consideraban a la cerveza como un alimento, esta no incluía aún los suficientes niveles calóricos para poder vivir tranquilamente. Vaya, la idea era que fuera un sufrimiento.

 

Athör era un joven monje de la hermandad Paulaner, algo rebelde con las tradiciones, pero no había un solo compañero de la congregación con tanta creatividad y disciplina como él. De hecho, se le adjudican varios descubrimientos cerveceros que crearon los monjes. Él estaba consciente de que debían respetar la Cuaresma, pero se le hacía absurdo que tuvieran que sufrirla de esa manera, por lo que empezó a diseñar una bebida que fuera un verdadero pan líquido.

 

Jugó con los ingredientes, aplicó métodos que él mismo había desarrollado, y así, después de meses de buscar la respuesta, creó la Doppelbock.


Para sus hermanos, no había más que alegría en la Cuaresma; una potente cerveza que, además de satisfacerlos alimentariamente hablando, con su alto nivel alcohólico les brindaba una alegría perpetua durante la época en que deberían de estar penando. Eso fue algo que las congregaciones hermanas (con las cuales Athör no compartió el secreto de la Doppelbock) no veían con buenos ojos, por lo que, en una acción de envidia, fueron hacía el Papa para explicarle la situación.

 

El Santo Padre, molesto por las provocaciones de los Paulaner, mandó un ultimátum a ellos: o dejaban de producir su herética cerveza o serían excomulgados , además de colgados por atreverse a desafiar las santas tradiciones de la Cuaresma. Esto es la iglesia, no se supone que deba ser divertida gritaba molesto el Papa cuando envió sus deseos a los monjes alemanes.


Todos estaban decididos a prohibirle a Athör su método cervecero, aunque con una enorme tristeza, pues había sido su salvación durante algunos años para sobrevivir los días santos. Este joven monje, en un último intento para salvar a su hermandad del sufrimiento, tomó una importante decisión: llevaría al Santo Padre un barril de su famosa Doppelbock para que él mismo probara las virtudes y delicias de su creación, y así lograr recibir el perdón del monarca para seguir produciendo su brebaje y que los hermanos estuvieran tranquilos.

 

Todos los Paulaner estaban de acuerdo. No había nada que perder, por lo que encargaron a Athör que hiciera la Doppelbock más deliciosa que jamás hubiera creado; la llevaría él mismo a Roma y le explicaría al Papa las razones por las cuales se atrevieron a hacer esa pecaminosa cerveza. Si no podía hacerlo él, nadie más lo haría.

 

Una vez que estuvo lista la extraordinaria bebida, Athör se despidió de sus compañeros y llevó el barril desde Alemania hasta Roma. Sufrió horribles tormentas, despiadadas temperaturas, intensos soles; pero al final, después de varias semanas, llegó hasta la Santa Sede, donde ya lo esperaba el Papa.

 

Athör mostro sus respetos, y le comento las propiedades que se le atribuían a su cerveza: como era un gran sustituto a los alimentos y podían sobrevivir perfectamente durante la Cuaresma sin peligro a descompensarse y morir. Utilizó todo su arsenal de conocimiento de la doctrina religiosa, logrando captar la atención del Santo Padre, el cual decidió que probaría la cerveza para dar definitivamente su opinión final. Pero había un truco detrás, el Papa comentó que si la cerveza era tan deliciosa como lo decía Athör, tendría que excomulgarlos porque entonces estarían disfrutando algo extraordinariamente bueno en la época de guardar más importante para la iglesia. El monje alemán se sentía devastado y veía venir la muerte, pues había creado la Doppelbock más deliciosa que jamás habían hecho los Paulaner. Cuando el Papa llevo su cáliz a los labios, Athör cerró los ojos esperando lo peor.

 

El monarca religioso escupió con tal fervor y disgusto , que los guardias pensaron que era un veneno y acorralaron al monje para asesinarlo, cuando el Santo Padre los paró y dijo unas palabras:

 

—¿Esta es la cerveza de la que tanto has hablado? ¿La que los demás tanto envidian? ¿Lo que beben ustedes durante la Cuaresma?

—Así es su Excelencia. Puedo decir que esta, en especial, fue la que con más empeño hicimos; todos mis hermanos y yo coincidimos en que era bastante digna de la época. 

—Me parece asquerosa, imbebible, agria, intomable. No veo, en verdad, una razón por la cual beban esto. Me parece un gran sufrimiento cada trago que di. Por lo que veo, solo me han infundido mentiras generadas por envidias; no sé qué conflicto tienen con sus hermanos de otras abadías, pero supongo que esto solo fue su excusa para eliminarlos. Ustedes, los Paulaner, son buenos monjes; me agradan, y viendo que en Cuaresma sufren más que todos nosotros, les permitiré seguir haciendo su brebaje. Vete, antes de que cambie de opinión. Y llévate tu barril contigo, que no quiero volverlo a ver.


Al retirarse de Roma, Athör no se explicaba que había pasado, pues estaba seguro que esta cerveza no era nada menos que extraordinaria, su mejor creación sin duda; él mismo la había seleccionado entre varios barriles que tenían. Se decidió a darle un trago… y escupió. ¡Su gran creación no era más que un horrible vinagre! Pensó en todo lo que hizo desde que salió de su abadía hasta llegar a Roma, y fue cuando descubrió que el horrendo clima había hecho de las suyas, destrozando su cerveza. Era eso o que el mismo Dios intervino en su rescate.

Llegó con sus hermanos y les contó lo sucedido. No hubo más que alegría y emoción por parte de los Paulaner. Athör siguió produciendo esa cerveza año tras año, la cual ahora los monjes llamaban Salvator (Salvación) en honor a su creador.




Con el paso del tiempo, las demás cervecerías fueron clonando esta Salvator, ya que empezaron a buscar la forma de hacer ellos mismos su Doppelbock, pero respetando a su creador y la manera en que había logrado conseguir el perdón papal. Todas las cervezas terminaban con el sufijo –ator. Por eso, tenemos además de la Paulaner Salvator otras como Spaten Optimator, Ayinger Celebrator, Ballast Point Navigator, Tucher Bajuvator y demás.

 

Esa es, sin duda, una de mis historias favoritas, de mi estilo alemán favorito. Honrar esta Cuaresma bebiendo Salvator es lo menos que podemos hacer. Por supuesto, yo estoy en ello.

 

Nos estamos leyendo

Mr. Moustache

 

NOTA: Evidentemente es una historia falsa, pero basada en una leyenda real.


Fin del artículo original.


El consumo de vino afecta su capacidad para conducir u operar maquinaria. Nunca beba y conduzca.