Mis honorables cuatro lectores, les quiero contar que, hace ya muchos años, cuando empecé a aficionarme realmente en esto del vino, y al saber que algunos vinos pueden mejorar con la guarda, decidí comprar una cava eléctrica (con capacidad de 40 botellas). En esta, además de los vinos a consumir pronto, conservaba aquellos que tenían mayor potencial de guarda. ¡Oh, Dios! Hubo algunos a los cuales el paso del tiempo y su correcta conservación premió con un desarrollo increíble, como aquel Perinet 2004 de la extinta bodega Mas Perinet, de Joan Manuel Serrat. Aún añoramos ese vino Elsa y yo.
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| Entrañable vinazo |
Pero eso ha quedado atrás. Ya no guardo vinos. ¿Por qué? La razón es sencilla y se resume en una sola frase: carpe diem. Entender la fugacidad de la vida.
¿Quién nos asegura que estaremos vivos dentro de 5 o 10 años para probar ese vino que con tanto celo tenemos reservado?
No intento parecer sombrío, mi estimada audiencia; más bien reflexiono y concluyo que el mejor momento que poseo, y que poseen ustedes, es precisamente este que tenemos la fortuna de estar viviendo: yo, mientras escribo esto, y ustedes, que están dedicando un valioso espacio del tiempo de su vida para leerlo —algo por lo que siempre les estaré agradecido—.
El buen libro —inspirado por la más grande Sabiduría que existe— nos recomienda que todo lo que podamos hacer, lo hagamos con todas nuestras fuerzas, porque en la tumba (a la que invariablemente todos vamos) ya no hay nada que se pueda realizar [Ec 9:10]. Por supuesto, el buen libro nunca invita a vivir con insensatez.
Así que, no guardemos algo para un después lejano —a menos que sean nuestros ahorros—, pues no sabemos si ese después llegará con nosotros presentes. Ya sea que lo disfrutemos con nuestros amigos, o en un remanso de soledad voluntaria, abramos ese vino, esa cerveza, degustemos ese cafecito que mantenemos apartado de nosotros y de los demás.
Y, ¡por el amor de Dios!, busquemos reunirnos con personas que realmente han significado algo en nuestras vidas, de las que apreciamos su presencia. Y también recordemos a aquellos que ya no están, con agradecimiento por lo que nos enseñaron, y con la esperanza segura de que los volveremos a ver.
No lo dejemos para después.
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| Con el Gonzalo y el Pete, a quienes no veía hace 22 años |
Hasta la próxima.


Pues a destaparlos todos
ResponderEliminarA no dejar títere con cabeza. ;-)
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