viernes, 16 de enero de 2026

"La lectura es al cerebro lo que el ejercicio es a los músculos"

Mis estimados cuatro LECTORES —así, todo con mayúsculas—, la frase que da título a este artículo se la escuché al Dr. Enrique Rojas, e incluso leí como la llevaba a la práctica con su familia tras leer en un libro de su hija, la Dra. Marian Rojas Estapé, como los domingos por las tardes él acostumbraba a juntar a toda la familia en la sala de la casa, ponía música clásica (que al doctor Rojas le fascina) y cada quien tenía que ponerse a leer algo. Sobre el tema que cada quien quisiera, pero todos debían practicar su lectura durante una hora. ¿Qué logró con esta práctica habitual? Pues imbuir el gusto por la lectura en sus hijas desde jóvenes. 

Y es que es verdad que la lectura es al cerebro lo que el ejercicio es a los músculos. Y un músculo que no se usa —bien sabemos— se atrofia y eventualmente se pierde.

Si tenemos bien arraigado el hábito de la lectura, cuando seamos mayores de edad nuestro cerebro lucirá como la siguiente imagen.


Pero, si por el contrario, no tenemos esta sanísima costumbre, con el tiempo nuestro cerebro vendrá más bien pareciéndose a esta otra imagen.


Nunca es tarde para adquirir este virtuoso hábito, el cual es más beneficioso (según lo revelan estudios recientes) si se realiza con ejemplares impresos, sean estos libros, revistas, periódicos, pasquines, manuales, recetarios, etcétera. Es muchísimo mejor si está impreso. Personalmente, tengo un dispositivo Kindle, pero no me sabe igual la lectura. Tendrá muchas ventajas, pero el poder sentir el paso de las hojas entre los dedos, percibir el aroma del papel y la goma, poder subrayar y hacer anotaciones, no tiene comparación.

Ahora bien, ¿por qué no nos gusta leer a los mexicanos? Para empezar y acabar pronto, es por una sencilla razón: porque desde la escuela nos obligaron a leer obras inadecuadas para nuestra edad (El Ramayana, el Popol Vuh o El Poema del Mío Cid) y eso automáticamente se convirtió en un castigo en nuestra imberbe mente y así quedó plasmado para siempre en la memoria.

Lo mismo pasa con las nuevas generaciones, y peor si consideramos que los niños actuales —los nativos digitales— ahora tienen una capacidad de atención (span attention) más corta que la de Dory, la pescadita de Buscando a Nemo

Pero no todo está perdido. Esto se puede revertir. 

Y es urgente hacerlo. ¿Por qué? Hay una frase de la escritora Fran Lebowitz (soy su fan), publicado en su libro The Fran Lebowitz Reader [Vintage Books / Random House Inc., 1994] (una compilación de  sus libros Metropolitan Life y Social Studies), que lo deja muy claro, y a la letra dice lo siguiente:

"Think before you speak. Read before you think. This will give you something to think about that you didn't make up yourself —a wise move at any age, but most especially at seventeen, when you are in the greatest danger of coming to annoying conclusions".

—Fran Lebowitz (The Fran Lebowitz Reader, Tips for Teens)

En la traducción al español de Tusquet Editores (Editorial Planeta, 2023), lo vertieron de esta manera:

"Piensa antes de hablar. Lee antes de pensar. Eso te dará materia de reflexión sobre tus limitaciones; una sabia iniciativa a cualquier edad, pero más a los diecisiete años, cuando corres un mayor riesgo de llegar a conclusiones preocupantes".

—Fran Lebowitz (Un día cualquiera en Nueva York, Sugerencias para adolescentes)


Lo que Fran dice —de manera tan acercada como irónica— es que leer nos abre la mente a otra ideas, ideas de alguien más. No quedarnos encerrados solo en las nuestras. Podemos conocer pensamientos que a nosotros quizás nunca se nos hubieran ocurrido. También podemos vivir experiencias que nunca nos hubieran ocurrido —y menos si el libro es de ficción—, o conocer lugares que nunca hemos visitado.

Además, dicen los expertos en neurología que la lectura aumenta nuestra empatía. Es por eso que si leemos una novela en que el personaje siente miedo o alegría, nosotros también lo sentimos. Incluso, las regiones motoras del cerebro, las que se activan cuando hacemos algún movimiento, también se activan cuando leemos palabras que describen esos movimientos. ¿Qué loco, verdad? El cerebro simula la acción que lee.

En algo que me pareció muy bello, Raymond Mar, doctor en Psicología de la Universidad de Nueva York, dijo: "Puede que nunca sepamos cómo es vivir como una persona con discapacidad, pero podríamos acercarnos a entender esa experiencia si leemos un relato muy bien escrito que nos pone en el lugar de la persona que lo está viviendo".

Y le creo totalmente. En lo personal, cuando leí la increíblemente bien escrita historia El niño con el pijama de rayas, podría sentir que yo estaba a un lado del protagonista, viviendo todo lo que él experimentaba. Si no lo han leído, se los recomiendo bastante. No volverán a ver la vida igual.

Magnífica novela

Reitero que prefiero leer de un ejemplar físico cuando la lectura es para mi disfrute, dejando solo los medios digitales cuando se trata de algo breve o de alguna investigación. La mayoría de las veces, cuando se trata de una lectura obligatoria (lo tienes que leer porque lo tienes que leer, no por gusto) también me decanto por el medio digital.

Además, la lectura en formato físico deja una huella más duradera en la memoria, como lo dicen los estudios hechos por los expertos. Y la retención aumenta cuando subrayas y haces anotaciones al margen del libro. 

¡Ah! Yo tengo una regla: nunca presto un libro. Muy rara vez la rompo; solo cuando a quien se lo presto le tengo muchísima confianza (algo muy raro) o cuando sé que puedo caerle a palos para recuperar mi ejemplar sin temor a represalias.

En lo posible, seguiré tratando de leer siempre en papel. Pero, reconozco que habrá quienes prefieran los medios digitales. Y está bien, mientras lean.

De hecho, hace poco vi este video que les comparto, donde un escritor del calibre de Arturo Pérez-Reverte (su página aquí) da una opinión que no es acorde a la mía en la lectura. Pero, vamos, ¿acaso leer no nos enseña también a escuchar a quienes no piensan igual que uno? La lectura abre la mente; las redes sociales la polarizan.

Denle play para escuchar la opinión del maestro Pérez-Reverte, amigo de mi estimado César Güemes (leer la nota aquí).


Así que, vamos a fortalecer ese músculo llamado cerebro. Vamos a leer, pero en serio. Lo que les guste, pero lean.

Su yo del futuro se los va a agradecer enormemente.


Hasta la próxima.

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Ahora sí, adelante, Shakespeare.