El análisis
por Rafa Ibarra
Gregorio es un analista. Así se gana la vida. Analizando datos, sus fuentes, la manera en que se generaron, la intervención tanto humana como mecánica que tuvo lugar en su generación, los procesos involucrados, y un largo etcétera.
Porque Gregorio resuelve problemas. A eso se dedica.
Que su mente aficionada a las bellas artes —música, literatura, pintura, cinematografía, escultura, etcétera— no los engañe, pues su psique está sustentada por un fundamento físico y matemático indisoluble.
Por eso, cuando Gregorio conoció la verdad, con una base tan sencilla como contundente, no dudó en ningún momento. Y, a pesar de lo que le tocó vivir con una prole de víboras, sigue sin dudar.
Pero su mente, tan acostumbrada a hacerlo cuando se encuentra cara a cara con una nueva maraña de datos, es decir, un nuevo problema, se hace la pregunta obvia.
¿Por qué?
"¿Por qué fui tratado así?"
"¿Qué hice o dejé de hacer, pues antes me trataban bien?"
"Aunque esos siete eran más veteranos, ¿no sabían que lo que hicieron estaba mal e iba contra la instrucción explícita?"
Gregorio evaluó toda la información disponible, tanto la tangible como la intangible, y se dio cuenta de que ésta última era la que develaría el aparente misterio. Y digo aparente porque, cuando él acomodó todas las piezas una a una, se dio cuenta de que, como postula la navaja de Ockham, la razón más sencilla era la más correcta:
Envidia.
Lo mismo que convirtió a Satanás en lo que es.
Si por un lado Dios es amor, por otro lado Satanás es envidia.
Gregorio comprendió que en eso estribaba la monumental hipocrecía que detectó: mientras hablaban del amor al prójimo por un lado, por el otro albergaban una envidia asesina en sus corazones.
Pero Gregorio necesitaba contestar otra pregunta primordial: ¿qué hizo él para que ellos desarrollaran esa envidia asesina hacia él?
Era mandatorio para él saberlo, pues de esa manera podría —tal vez— hacer algo para evitar que volviera a suceder. ¿Acaso no es para eso para lo que sirve el análisis? ¿Para la resolución de problemas?
Esta vez, la respuesta que halló lo dejó realmente meditabundo.
Lo que Gregorio hizo para que esos "amigos" lo trataran con envidia asesina fue, simplemente, hacer lo que le enseñaron que debía hacer, lo que se esperaría que hiciera alguien como él, en su posición. Y como ellos mismos no lo hacían, la conducta de Gregorio los ponía en evidencia, los hacía ver mal. Y para ellos, eso era imperdonable. En sus corazones decían: "Gregorio debe morir".
Ahora bien, Gregorio sabe que es mucho más eficiente quien puede evitar un problema que quien sabe cómo resolverlo cuando este ocurre.
Por eso, ahora que entendió esta verdad de esa comunidad, él sabía lo que tenía que hacer para no volver a ponerse en esa misma situación tan dolorosa e injusta. Él sabía lo que realmente estaba bajo su control: él no podía controlar en absoluto como ellos podrían responder a sus acciones en sus —tal vez— torcidas mentes, pero sí podría controlar su propio accionar: volar por debajo del radar de "los prominentes", bajar su perfil para ser casi imperceptible, de tal manera que su sola presencia dejara de ser percibida por ellos como una amenaza.
Y eso se decidió a hacer.
Y lo hizo.
Y Gregorio fue feliz.

#todossomosGregorio
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