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Imagen tomada de Internet. |
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Una de mis cápsulas del tiempo |
Es un placer sumamente particular abrir una de estas cápsulas y, justo en el momento en que tus ojos se posan en lo que ahí guardas, te embarga una sensación nostálgica y alegre sencillamente indescriptible. Vuelves a ser ese niño que, con sumo cuidado, conservó esa revista, esas secciones de periódico que te llamaron la atención, esos recortes de tu tira cómica favorita, esas cartas postales que llegaron desde el extranjero enviadas por un buen amigo, esos casetes de música o discos de vinilo que atesorabas —y sigues atesorando—, y un larguísimo etcétera.
Esta experiencia te permite reencontrarte, reconocerte en tus aficiones, en tus gustos. Al releerte en tus escritos o admirar con nuevos ojos tus dibujos, te sorprendes de la personita que eras; pareciera que eso lo escribió alguien más, no tú. Pero fuiste tú. Aunque hayan pasado tal vez ya cuatro décadas. Cuánta inocencia.
Si ustedes, mis leales lectores, tienen alguna capsulita del tiempo por ahí guardada —sea del tamaño que sea—, los invito a abrirla y deleitarse con los recuerdos que evoquen de su contenido.
Yo voy a hacerlo y, con gusto, estaré compartiendo con ustedes algunas cosas que encuentre. Espero ser como ese señor que menciona el buen libro, "que saca de su tesoro cosas viejas y cosas nuevas". Las cosas viejas serán las contenidas en las cápsulas; las cosas nuevas serán las emociones, los recuerdos y, quizás, las lágrimas que broten tras esta aventura.
Hasta la próxima.
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Ahora sí, adelante, Shakespeare.