martes, 18 de marzo de 2025

In memoriam | Seis décadas como aficionado consumidor de vino: entrevista a don Carlos Villarreal (Primera entrega de cuatro)

Con Don Carlos Villarreal Martínez
—20 de enero de 2011—

Mis queridos cuatro lectores, hoy empiezo con la primera entrega de cuatro artículos, dedicados a una entrevista que tuve el placer de realizar a don Carlos Villarreal, por muchos años autor de la columna "...Y al vino, vino", de la sección Buena Mesa del periódico El Norte, del Grupo Reforma.

Muchísimas personas leímos su columna, aprendimos de ella, y hasta tuvimos la fortuna de que nos regresara los correos electrónicos que le enviábamos, pues este aparecía bajo su nombre en el periódico.

Personalmente, me siento privilegiado porque tuve la fortuna de conocerlo en persona, de platicar con él largo y tendido, de compartir varias veces una buena botella de vino con nuestras conversaciones, y, por si eso fuera poco, de ser uno de los invitados por don Carlos a evaluar vinos que posteriormente saldrían en sus siguientes columnas. De genio apacible y cortés, sin dejar por eso de ser ingenioso y afilado en sus apuntes, así era don Carlos.

Y digo era, pues tristemente don Carlos se durmió en la muerte el 1 de febrero del 2023, a la edad de 89 años. "Años bien vividos", como ciertamente me comentó su hija Virginia por teléfono, quien me dice que aún lo extrañan, pero lo siguen recordando entre la familia con alegría. "Muy hospitalario, le gustaba hacer sentirse bien a las personas. Hablar con él era un agasajo, y no solo de vino, sino de cualquier tema. Era muy culto. Sabía mucho y de mucho", me dice Virginia y yo no puedo más que concordar totalmente con ella.

Hombres buenos como él merecen ser recordados.

Vaya pues, entonces, esta serie de cuatro artículos —que previamente había publicado en mi blog anterior—, como un homenaje póstumo, de mi parte, a don Carlos Villarreal Martínez. 

"...Y al vino, vino".

Seis décadas como aficionado consumidor: entrevista a don Carlos Villarreal (Primera entrega de cuatro)

[ Entrevista realizada el 20 de enero de 2011 ]

Con casi seis décadas como consumidor asiduo de vino, don Carlos Villarreal es la persona que conozco con mayor experiencia en ello.

A punto de llegar a los 1000 vinos reseñados en su columna “…Y al vino, vino” de la sección Buena Mesa del periódico El Norte, don Carlos tiene muchísimas historias en su haber, además de una firme convicción que ha formado alrededor de este tema que tanto nos gusta: el vino.

 

El consumo del vino, algo tan común en otros lugares, e incluso en otras épocas de nuestro México, ha dado paso a algo que se ha dado por llamar “la cultura del vino”. En ocasiones no se hace distinción entre una cosa y otra, y, sin embargo, su naturaleza es completamente diferente. El primero se da de manera natural al ver al vino como un alimento, una vianda más en nuestra mesa; mientras que la segunda ha tenido que ser empujada, en los nuevos tiempos, por los productores, apoyados con expositores y sommeliers, creando una atmósfera de sofisticación alrededor de esta milenaria bebida.

 

Lo anterior queda claro al momento de platicar con don Carlos Villarreal Martínez, quien, a sus 77 años de edad, recuerda con gusto cómo, en la casa familiar, su padre acostumbraba a acompañar la comida con vino, en su natal Tampico, Tamaulipas. Su padre les daba a probar traguitos a él y sus hermanos, y desde entonces le agarró el gusto.

 

Aficionado a la buena música también, don Carlos recuerda lo que compró con su primer sueldo, a la edad de 20 años: un disco y una botella de vino blanco riojano, de la bodega Carlos Serres, la cual regaló a su padre, y con la que acompañaron un rico huachinango al horno, cocinado por su madre. Desde entonces no ha pasado una sola semana en que al menos una botella de vino sea abierta en su mesa.

 

Hoy en día, ya retirado, tras haber trabajado muchos años en el ámbito financiero, me cuenta que llegó a trabajar a Monterrey en 1963, encontrando una ciudad con una pujanza económica impresionante, pero con muy pocas opciones de vino y gastronomía a las que él se había acostumbrado en Tampico. Don Carlos asegura que, debido a la gran colonia española asentada en ciudades como Tampico, Torreón y Veracruz, es que se disponía de muchas más opciones que en Monterrey, donde predominaba el consumo de cerveza y whisky. Según cuenta, aquí sólo había una tienda de vinos que se llamaba “Vinos y licores del Centro”, apenas visible, en el centro de la ciudad, sobre la calle Padre Mier. Fuera de eso, se hallaba un poco de vino de mesa con los mayoristas de licores que surtían a las cantinas, y “los vinos asoleados del súper”. Varias veces tuvo que pedir que le enviaran vinos y jamón serrano desde Tampico.

 

Sabiendo lo anterior, no es de extrañar que la mayoría de los vinos que él ha probado sean españoles. ¿Cómo eran esos vinos comparados con los actuales? Don Carlos corrobora que, gracias a los avances en la enología, los vinos actuales son mucho mejores a los que acostumbraba a beber en su juventud. “En ese entonces, una botella de vino que se abría a la hora de la comida, para las ocho de la noche ya sabía algo mal”, me comenta. “Los españoles tienen una expresión para eso: decían que ese vino se ‘tuerce’”.

  

A la pregunta de por qué los vinos españoles han predominado en su consumo personal, así como en las reseñas de su columna, don Carlos es contundente: porque son los vinos que presentan la mejor relación precio-calidad del mercado local.

 

Aprovecha entonces para explicarme que su columna, que escribe desde 2003, está dirigida a gente aficionada o que apenas se está iniciando en el consumo del vino de mesa de las clases media y baja. “De ningún modo va dirigida a quien no tiene límite para pagar por una botella”, dice.

   Y es que recalca que, en una economía como la nuestra, es importante conocer el precio del vino para saber si una compra es conveniente. Menciona que existen revistas (y yo agregaría, blogs) en que el precio es irrelevante al momento de calificar, pero en México no tenemos una economía que permita ignorarlo como factor de decisión.

 

Ya que hablamos de calificaciones, me explica cómo es que realiza las catas para su columna: invita a su casa a dos o tres amigos aficionados, que no tienen negocios relacionados con vino, a probar los vinos que él mismo compró, ya sea en una tienda especializada, con algún distribuidor de vinos local, en centros comerciales o en supermercados. Sus catas no son a ciegas, sino que obtiene información de los vinos en cuestión, como su ficha técnica o lo que digan las guías de vinos de sus países, para contar con una referencia. Después de probarlos hacen las preguntas importantes: ¿cuánto cuesta?, ¿lo comprarían a ese precio?, y ¿cómo resulta comparado con otros vinos de características y precios similares previamente probados? Basados en las respuestas otorgan una calificación que puede ir del cero al diez, siendo ésta a más alta calificación, y que ha otorgado una sola vez en los 7 años de la columna. ¿El motivo? Ése vino tenía la calidad de los mejores vinos que ha probado, incluyendo vinos de más de 1000 pesos [mexicanos], pero costaba menos de $500. Eso le dio el plus para obtener tan alta calificación.

 

Hay que aclarar que don Carlos tiene un acuerdo con el periódico de no incluir reseñas de vinos que obtengan debajo de 7 puntos, para no desperdiciar el valioso espacio físico de ese medio impreso.

 

¿Y cómo llegó a escribir para El Norte? Don Carlos participaba desde 1982 cocinando en un festival de paellas que se hacía en Acapulco, organizado por La Cofradía del Arroz, y que era cubierto por El Norte al principio, y posteriormente por el periódico Reforma, con quienes compartía la receta de su paella. En 2001 lo invitaron como consejero editorial de la sección Buena Mesa; fue reelegido en 2002, y al terminar su período lo invitaron para escribir una columna sobre vinos. Él aceptó siempre y cuando fuera desde el punto de vista de un aficionado consumidor, con lenguaje directo, sin extravagancia ni complejidades, además de que no aceptaría línea editorial y le debían asignar un presupuesto adecuado para comprar los vinos a reseñar. El periódico estuvo de acuerdo y desde la primera prueba, el 11 de junio de 2003, cada catorce días sale su columna en la sección Buena Mesa.


[Fin de la primera entrega]


Hasta la próxima.

[Da clic en esta liga para leer la segunda entrega]


2 comentarios:

  1. La vida se enriquece cuando conoces a personas que alimentan no solo su estómago sino también su intelecto.

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Gracias por tu comentario. Este será revisado, y en caso de pasar un estricto control de calidad (jajajaja, hasta yo me la creí), se decidirá si pasa a la catafixia (donde puede mejorar o empeorar, no lo sabemos). Si eres un bot, ni lo intentes. Si no lo eres, pero quieres serlo, busca ayuda amigo(a).
Ahora sí, adelante, Shakespeare.