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Mis siempre amables cuatro lectores, les comento que en el curso de Redacción sin Dolor que estoy llevando el maestro nos pide leer nuestras tareas, las que previamente él ya había revisado. Esto nos permite saber el motivo de cada corrección que nos marcó, a fin de mejorar en nuestra próxima asignación.
Pena ajena
Mariel Fernanda
Cabadas Reyna
Durante mi infancia, mi adolescencia y parte de mi
adultez, he estado muy apegada a mi madre; lejos de ser vergonzoso, es una
dicha compartir tanto tiempo con ella.
Los domingos
solíamos ir al cine, mi tía Cleotilde (Coco), mi mamá y yo. Salíamos por ella a su casa rumbo al cine
de arte que estaba en Mazaryk o en la Diana, según la función que
queríamos ver.
Un día soleado de
domingo, ya rumbo al cine, mi madre se detuvo en un alto: un delincuente nos embistió con
pistola en mano; nos pidió los bolsos,
teléfonos y carteras. Le indicó a Coco: «¡Dame la bolsa!».
A lo que mi tía respondió: «¡No
te la lleves!; es que ahí tengo mis periódicos». El
contexto de este hecho es que mi tía es periodista y antes solía a recabar la
información física para poder escribir
sus artículos.
El delincuente,
sumido en la ansiedad, se volteó hacia el asiento trasero del auto y me gritó: «¡Dame
el teléfono!», a lo cual
yo respondí «55673215». Sigo recordando el teléfono de la casa familiar.
El semáforo cambió
de color; mi madre siguió manejando. Al cabo de 10 minutos, la risa nos inundó.
El delincuente se había ido con las manos vacías, mi tía no le dio su bolsa y
yo, sin tener idea que me estaba pidiendo el dispositivo, le dicté el número de
casa. Podría
decirse que me encontraba pensando en la posibilidad de que me quería marcar
para invitarme a pasear.
En fin, para mí
resulta una anécdota penosa y, a la vez, divertida.
Hasta la próxima.

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Gracias por tu comentario. Este será revisado, y en caso de pasar un estricto control de calidad (ja ja ja ja, hasta yo me la creí), se decidirá si pasa a la catafixia (donde puede mejorar o empeorar, no lo sabemos). Si eres un bot, ni lo intentes. Si no lo eres, pero quieres serlo, busca ayuda amigo(a).
Ahora sí, adelante, Shakespeare.