domingo, 18 de octubre de 2026

Joanna dice que no es un robot…

Mis aguerridos cuatro lectores, déjenme contarles que, dentro de mi lista de libros leídos y en proceso (clic en esta liga), se encuentra este titulado I am not a robot: my year using AI to do (almost) everything [HarperCollins Publishers, 2026] escrito por la periodista Joanna Stern quien, además de que trabajó por 12 años para The Wall Street Journal en su sección de Tecnología, ganó en 2021 un Emmy en la categoría de Documental. Si les llega a interesar, el libro lo compré por Amazon (esta es la liga).

Neither am I



Y para que el disfrute fuera completo, descargué el audiolibro que está leído por la misma Joanna (en esta liga lo consiguen) y lo iba siguiendo, lo que, además de hacerla más amena, me ayudó bastante con el ritmo de la lectura.


A la autora la conocí por un video que me recomendó YouTube (a veces el algoritmo sí sirve de algo) en donde ella estaba dando el discurso principal en una ceremonia de graduación de la misma universidad en que se recibió (lo adivinaron: aquí está la liga a ese video). En su discurso hacía referencia al uso de la inteligencia artificial (IA), la cual ha sido tema recurrente de este blog, y me gustó mucho el enfoque que le dio para la nueva generación de universitarios quienes muy seguramente la usaron en parte de sus estudios.

—Detén, oh, rollero escritor, tu verborragia y dinos ya de qué trata el libro.

A eso voy, no se me desesperen. Pues este libro contiene las experiencias vividas por Joanna y su familia durante todo el año 2025 (del 1 de enero al 31 de diciembre) en que convivieron lo más posible con herramientas de IA (para trabajo, estudio, análisis médicos, psicoterapeuta, etcétera), gadgets inteligentes (lentes con IA, pulseras que graban las conversaciones, etcétera) y varios robots (para limpiar el piso, cortar el pasto, doblar la ropa, transportarla como taxi, como perro mascota, etcétera). También incluyó el uso de la IA como amigo o pareja sentimental. Tras leer el libro, creo que no dejó ni un ámbito de su vida sin cubrir con la IA. Bueno, salvo como ella misma aclara al principio, exceptuando la escritura del libro. Este sí lo hizo 100% ella.

¿Qué buscaba Joanna? Vivir «el futuro», lo que tanto están diciendo los dueños de empresas de IA que será la vida al involucrar esta en todo lo que hacemos (y pensamos).

¿Y qué le pareció? Pues para algunas cosas resultó sumamente útil el uso de la IA, pero para otras el efecto fue contraproducente. De estos últimos, personalmente, el que me pareció más preocupante, fue la potencial pérdida de la imaginación: como ella durante un tiempo usó la IA para que inventara las historias para antes de dormir que le contaba a sus hijos, cuando retomó esa labor notó que se había "oxidado" para inventarlas ella misma (eso sí da miedo).

Como escuché decir al inteligente comediante Jimmy Carr sobre la IA: «No externalices ninguna habilidad que no quieras perder». 

No les quiero contar más sobre este sumamente interesante y muy ameno libro, para que lo lean (o escuchen) ustedes mismos.

Algo que me queda claro es que estamos todavía muy lejos de contar con una Robotina, como la de Los Supersónicos (entrañable caricatura futurista) que pueda hacer de todo y bien hecho. La Paradoja de Moravec (mencionada en el libro) lo deja bien claro. 


Les recomiendo este libro que fue escrito para las personas de a pie, no para los superenterados del ambiente informático y de tecnología. 

También les recomiendo suscribirse al newsletter de Joanna Stern en su página web thenewthings.com , donde comparte (como dice el nombre de su portal) nuevas cosas de tecnología con un lenguaje entendible, aterrizado. 

Ya para terminar, les cuento que la misma Joanna ya sufrió el plagio de su libro a «manos» de la IA. Lo explicó en un video (aquí la liga —creo que después de poner esta, ya oficialmente me pueden llamar El Señor de las ligas—), y denunció a Apple Books por ello. Con la IA nadie se salva, caramba.

Por supuesto, mis humanos cuatro lectores, para la redacción de este artículo que acaban de leer, como en todos los que encuentran en este blog, no se utilizó nada de inteligencia artificial. 100% cacumen de su servilleta.


Hasta la próxima.

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Ahora sí, adelante, Shakespeare.