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viernes, 22 de mayo de 2026

¡El contexto lo es todo!


contexto

1. m. Entorno lingüístico del que depende el sentido de una palabra, frase o fragmento determinados.

2. m. Entorno físico o de situación, político, histórico, cultural o de cualquier otra índole, en el que se considera un hecho. 


Me permití abrir este escrito, mis conscientes cuatro lectores, con la definición de la palabra contexto que da el Diccionario de la Lengua Española (DLE) porque considero importante tener muy claro su significado. 

Por si no fue lo suficientemente comprensible, podemos decir que el contexto está intima e indisolublemente relacionado con el momento, el lugar, la(s) persona(s) involucrada(s), el ánimo, el pensamiento popular, el ambiente político, y un extensísimo etcétera en que la frase fue dicha o el hecho se desarrolló.

Y necesitamos tener esto bien entendido, pues a veces son mayúsculos los malentendidos que se suscitan por frases que se sacan del contexto en que fueron pronunicadas. Por eso, como dice el título: ¡el contexto lo es todo!

Les daré unos ejemplos. En primer lugar, la famosísima frase «Dios ha muerto» que proclamó el filósofo alemán Friedrich Nietzsche. 

Friedrich Nietzsche

Las iglesias con fundamento cristiano, así como sus feligreses, quisieron quemarlo en leña verde porque creyeron que esta afirmación fue hecha en un tono narcisista o triunfante. Pero fue todo lo contrario, ¡la sacaron de contexto! La opinión de este gran pensador provenía  de su miedo a que todos los valores judeo-cristianos en que se basaba la civilización occidental hubieran sucumbido peligrosamente a la crítica racional casual, y que el axioma más importante en el que se fundamentaba —la existencia de una deidad trascendental y poderosa, es decir, Dios— se hubiera puesto seriamente en duda.

¿Se dan cuenta? Esta frase, sacada del contexto en que fue expresada, en vez de parecer un sincero lamento y una llamada de alerta, se malinterpreta como escarnio hacia una de las religiones mayoritarias.

De hecho, en el libro La gaya ciencia, escrito también por Nietzsche, él describía a Dios como «lo más sagrado y poderoso que poseía el mundo». Pero el sensacionalismo es más atrayente y vende más, ¿verdad? Por eso, no veremos esta frase en playeras, como sí ocurre con la mencionada arriba.


Como segundo ejemplo, mis aguzados cuatro lectores, puedo decirles con total confianza que la Biblia, el buen libro, esa colección de libros sagrados que marca la vida de millones de personas en el mundo, dice lo siguiente: «Dios no existe».

Les voy a colocar aquí la liga a la traducción al español de la Biblia Reina Valera Contemporánea en el Salmo 14, versículo 1 (den clic aquí para leerlo). Dependiendo de la traducción de la Biblia que se consulte, las palabras usadas en este texto pueden variar, pero el sentido es el mismo: «Dios no existe».

Ahora bien, ¿se fijaron cuál es el contexto? Es este: son los necios, los insensatos, los tontos quienes dicen que Dios no existe. 

¿Vemos por qué es tan importante el contexto?


Les dejaré de tarea a ustedes que identifiquen el contexto cuando John Lenon dijo que The Beatles eran «más famosos que Jesucristo». Den clic en esta liga para leer al respecto.

The Beatles

Tras leerlo, ¿pueden notar el contexto en que se dijo, lo que hizo que muchas personas decidieran quemar sus discos, así como ocasionó la protesta de esa tan linda y pacífica facción llamada el Ku Klux Klan?


Finalmente, conviene que antes de emitir nuestro juicio sobre cualquier frase o asunto que escuchemos o leamos nos preguntemos si conocemos bien cuál es el contexto. Si no lo hacemos, podríamos caer en esto que dice el buen libro: «Responder a un asunto antes de oir los hechos es tonto y humillante».

Hasta la próxima.

miércoles, 20 de mayo de 2026

“¿Eres o te pareces?”: Sinónimos absolutos y relativos | por Rafa Ibarra


El tema de los sinónimos es, sin duda, de lo más fácil de entender en nuestras primeras clases de español: son palabras o expresiones que, respecto de otras, tienen el mismo significado o muy parecido. Mas esa última parte de la definición, tomada del Diccionario de la Lengua Española (DLE), es la que dificulta el asunto, pues indica que los sinónimos no son siempre intercambiables, sino que dependerá mucho del contexto. Esto lleva a clasificarlos como absolutos y relativos.

Respecto a los sinónimos absolutos, aquellos que siempre mantienen el mismo significado sin importar la situación o el entorno, se dice que casi no existen. Algunos ejemplos son abecedario y alfabeto, alberca y piscina, odontólogo y dentista. ¿Acaso las palabras congestionamiento y embotellamiento no son ejemplos también? En México, al menos de manera coloquial, podríamos referirnos con embotellamiento a una larga noche de copas con los amigos (que es un contexto más divertido que el original).

Debido a lo anterior, en realidad, son sinónimos relativos. Estos predominan en el lenguaje y en los diccionarios. En el DLE, por ejemplo, una de las acepciones de la palabra mujer indica que puede ser sinónimo de esposa. Digamos que estoy presentando a mi esposa a algunas personas; yo podría decir Ella es mi esposa o Ella es mi mujer. Para este caso, sería lo mismo y se entendería sin mayor problema. Pero ¿se imaginan un formulario a llenar con datos personales en que en el apartado para indicar el sexo de la persona las opciones fueran Hombre o Esposa (en vez de Mujer)? Estaría totalmente fuera de lugar.

Aprovechando que estamos tratando este tema, quiero poner sobre la mesa dos pares de sinónimos más. El primero es costoso y caro. Costoso significa, según el DLE, que cuesta mucho o tiene el precio alto. Por su parte, caro es algo que tiene un precio alto —al igual que costoso— o más alto de lo normal. Y esto último es lo que lleva a muchas personas a usar el adjetivo caro para referirse a artículos que están —de acuerdo con su opinión— sobrevalorados: pagas más de lo que en realidad valen. Así pues, usualmente te corrigen con frases como No, tal producto no es caro; es costoso cuando el objeto en cuestión tiene —de nuevo, según su opinión— un precio justo.

El segundo par de sinónimos es adorar y venerar. Nuevamente, en el DLE encontramos la indicación de que lo son, pero no en todos los contextos. Las acepciones de ambas palabras que más se asemejan dicen que adorar es «Reverenciar o rendir culto a alguien o algo que se considera de naturaleza divina o relacionado con ella», mientras que venerar es «Respetar en sumo grado a alguien por su santidad, dignidad o grandes virtudes, o a algo por lo que representa o recuerda». En consecuencia, a muchos cuya doctrina se basa en la adoración únicamente de Dios no les duele la conciencia al venerar a otros personajes ilustres de su religión.

Finalmente, cabe mencionar que algunas palabras se han convertido en sinónimos a fuerza de uso por parte de los hablantes. Un ejemplo sumamente claro en México es el del verbo ocupar. Mientras que en el DLE no existe alguna acepción (o indicación explícita) que sugiera que puede ser sinónimo de los verbos usar o utilizar, el Diccionario del Español de México (DEM) ya registra una acepción que dice lo siguiente: «Utilizar algo o emplear a alguien para hacer alguna cosa». Vox populi, vox Dei.


Hasta la próxima.

viernes, 8 de mayo de 2026

¿Cómo se escribe? (una sugerencia para buscar definiciones)

Mis queridos cuatro lectores, les cuento que hoy me escribió por WhatsApp un buen camarada porque tenía una duda sobre una palabra: ¿cómo se escribe: vato o bato? 


Por supuesto, le respondí la manera correcta de hacerlo. Pero antes, quiero aprovechar esta ocasión para hacerles una recomendación sobre el uso de los diccionarios y otros recursos que existen en internet, pues nos otorgan la ventaja de estar al día, a diferencia de los que fueron impresos.


Preciosos pero desactualizados

Personalmente, utilizo el Diccionario de la lengua española (DLE) que se encuentra en el siguiente sitio: https://dle.rae.es/

Mas también utilizo el Diccionario del español de México (DEM) que se localiza en el siguiente sitio: https://dem.colmex.mx/Ver

Tengo un par de razones para usar ambos: 1. existen palabras que se usan únicamente en México, 2. una palabra puede tener una acepción en México que no tiene en otros países.

Precisamente, es el caso de la palabra bato. Primero, veamos lo que dice el DEM.

Den clic en la imagen para ampliarla


bato

s m

1 (NO) Hombre o muchacho: “Ese bato, ¡párese ahí!”, “Y ahí estaba parado un bato como de veinte años”

2 Bato fu, bato fulastre, bato furriel (Caló) Persona tonta y digna de poca confianza

3 Bato derecho, bato escuadra (Caló) Persona digna de confianza


Ahora, revisemos lo que dice el DLE acerca de bato.

Den clic en la imagen para ampliarla

bato¹

1. m. Hombre tonto, o rústico y de pocos alcances.

bato²

Del caló bato.

m. jerg. padre.

Sin.: padre, papá, tata1, apá2.


En el caso de la consulta que me hizo mi camarada, resulta obvio que la respuesta fue bato (y no vato), basado en la definición que da el DEM, no el DLE.

De hecho, la palabra vato no está registrada ni en el DEM ni el DLE.

¿Viste, bato? No existe vato.

El uso de la palabra bato es coloquial en México, y es para referirse a un hombre o muchacho; por eso, nos quedamos con la definición del DEM. 

Por eso me gusta también consultar el DEM, pues hay palabras de uso corriente en México que la Real Academia Española (RAE) no ha incluido —todavía— en su diccionario.

Por ejemplo, la palabra cheve. En el DEM se encuentra en https://dem.colmex.mx/Ver/cheve


Den clic en la imagen para ampliarla

cheve

s f (Popular) Cerveza: “¿Quién invita las cheves?”

cerveza

s f Bebida refrescante con bajo grado de alcohol, que se obtiene de la fermentación de la cebada y se aromatiza con lúpulo, lo que le da su sabor amargo; es de color amarillo (cerveza clara) o café (cerveza oscura), espumosa al servirse: cerveza de barril, cerveza de bote, cerveza de lata, “Nos tomamos la torta con una cervecita”, un tarro de cerveza

Mientras tanto, en el DLE, se escuchan los grillos…

No hay cheve en la RAE

Además del DLE y el DEM, contamos gratuitamente con la página de la Fundación del Español Urgente, conocida como la fundéuRAE, que aclara bastantes dudas también. Se localiza en https://www.fundeu.es/


Esta sería mi recomendación, apreciados lectores, cuando busquen una definición.

Ahora sí… ¡vámonos por unas cheves, batos!

Hasta la próxima.


domingo, 5 de abril de 2026

Observando el mundo | Opinión y comentario

Hay palabras que usamos como sinónimos cuando no lo son en absoluto, pero el habla popular nos lo hace creer. Hoy, apreciados cuatro lectores, me referiré a un par de ellas: opinión y comentario.


Empecemos por las definiciones que nos da el diccionario de la lengua española [dle], tomando solo las acepciones que son pertinentes en este momento.

opinión

   Juicio o valoración que se forma una persona respecto de algo o de alguien.

Da clic en la imagen para ampliarla

comentario

Juicio, parecer, mención o consideración que se hace, oralmente o por escrito, acerca de alguien o algo.

Da clic en la imagen para ampliarla

Mis inteligentes lectores ya se percataron de que estas definiciones son similares en parte. Pero hay una diferencia enorme entre ambas, la cual me permití subrayar en la segunda definición: se hace oralmente o por escrito. Es decir: sale de uno, la damos a conocer al mundo exterior.

Todos y cada uno de nosotros nos formamos opiniones, pero no todos decidimos expresarlas, es decir, hacer comentarios.

Mi admirada Fran Lebowitz declaró en una entrevista: "Toda la gente tiene opiniones, todos los seres humanos; hasta los niños de tres años tienen opiniones". Y su remate fue sencillamente tan magistral como brutal: "Eso es lo que es un berrinche".

La afirmación de Fran da lugar a una pregunta: ¿podríamos decir que existe una relación entre la inmadurez y la expresión desbocada de opiniones (ergo, comentarios) hecha tanto en persona como mediante las redes sociales?

Indudablemente.

Como lo he mencionado antes, las redes sociales han generado varios fenómenos, entre ellos la aparición de una nueva y cibernética tribu urbana apodada los opinólogos —aunque yo más bien los llamaría los comentólogos. Son personas, de todo tipo, que sienten la necesidad apremiante de dar su opinión sobre cualquier asunto (y cuando digo cualquier asunto, en realidad es sobre cualquier asunto, por nimio que sea).

Son individuos que han transmutado la famosa frase de René Descartes "Pienso, luego existo" por "Comento, luego existo".

En otras palabras: "Si no comento, no existo".

Pero a los opinólogos eso no les basta; si alguien no le da un Me gusta (Like) a su comentario (la tan ansiada validación) o, al menos, se lo rebate, es cuando en realidad sienten que no existen. 


Epicteto dice que dentro de aquello que sí nos pertenece y es nuestra total responsabilidad están nuestras opiniones. Deberíamos atesorar nuestros pensamientos —formadores de dichas opiniones—, cuidarlos y guardarlos para nosotros mismos, o quizás para compartirlos con gente que sabemos que sí los va a apreciar. 

"Tampoco echen sus perlas delante de los cerdos", aconseja el buen libro. Como siempre, deberíamos hacerle caso.

"Eres dueño de tus silencios y esclavo de tus palabras", es otro aforismo muy pertinente.

Corrobora al enunciado anterior el siguiente dicho que atribuyen al famoso líder sindical y político  mexicano Fidel Velázquez : "Si lo piensas, no lo digas. Si lo dices, no lo escribas. Si lo escribes, no lo firmes. Si lo firmas, niégalo". 


Sigamos formándonos nuestras opiniones, eso es sano en grado sumo. Pero, antes de espetarlas deberíamos preguntarnos: ¿en verdad vale la pena hacerlo?


Hasta la próxima.


miércoles, 1 de abril de 2026

¿Arcaísmos o laxitud mental? | Por Rafa Ibarra


“Debemos animar a la gente a que ensanche su léxico. Esto nos incluye a todos, pero antes de emplear una palabra —sobre todo por escrito—, debemos investigar qué significa, cómo se emplea bien y cómo se escribe”. Estas son palabras del maestro Sandro Cohen, de su obra Los 101 errores más comunes del español [Planeta, 2024]. Creo firmemente en ese consejo, y por eso procuro utilizar las palabras que precisa la idea que deseo exponer. No es tarea fácil en absoluto. ¿Por qué lo digo? Porque frecuentemente me encuentro con la queja de que utilizo arcaísmos para expresarme. Pero ¿es en realidad así o solo se trata de laxitud mental de quien lee?

Antes de que una horda ofendida pretenda quemarme en leña verde u obligarme a beber cicuta, les solicito dos cosas: 1. que me permitan explicarme y 2. que me disculpen por utilizar definiciones, una de las formas más baratas para llenar textos y cumplir el mínimo requerido de palabras requeridas por el editor. 

Entiendo que, de acuerdo con el diccionario de la lengua española [dle], un arcaísmo es un elemento lingüístico cuya forma o significado, o ambos a la vez, resultan anticuados en relación con un momento determinado. Anticuado se refiere a una cosa que está pasada de moda o es propia de otra época. Otra manera de llamarlas es palabras o expresiones en desuso. Muy bien, estoy de acuerdo en que emplear expresiones como levantóse en lugar de se levantó no tiene cabida en la actualidad. O qué me dicen de la interjección ¡albricias! para denotar júbilo. Lo sé, también huele a naftalina.

Los anteriores son casos de arcaísmos absolutos, es decir, palabras que ya no se utilizan en ningún lugar del planeta. Surgen arcaísmos a partir de la obsolescencia de la tecnología, como el caso de la palabra bíper, que fue muy recurrida durante un período de los años 90, pero que murió con la llegada de los servicios de mensajes cortos (SMS) en los teléfonos celulares y, posteriormente, los teléfonos inteligentes. Por otro lado, hay expresiones como la otrora popular Pareces disco rayado que estaba prácticamente en las últimas, boqueando desesperadamente, pero resurgió gracias al regreso de la tornamesa que con maestría manipula el DJ en turno. Irónicamente, la destreza de dicho oficio es precisamente rayar el vinilo. En este caso, Pareces disco rayado es un arcaísmo relativo, ya que aún se puede utilizar.

En los casos anteriores, estoy de acuerdo con que son arcaísmos en toda la extensión del vocablo, y no creo que el consejo del maestro Sandro Cohen fuera dirigido con el propósito de que forzáramos a nuestro lector u oyente a ampliar su vocabulario con dichos elementos caducos.

Pero, con lo que no estoy de acuerdo es con dejar de utilizar palabras que son más precisas solo porque no sean tan conocidas por la mayoría. Por ejemplo, si quiero decir que una persona es terca y obstinada (ambas cosas a la vez), la palabra precisa es porfiada. ¿Cómo lo sé? Porque hace décadas, cuando era niño, leí el cuento Los chivitos porfiados. ¿Sabía a tan tierna edad el significado de ese adjetivo? Claro que no. Pero hice lo que toda persona que quiere ampliar su léxico haría: acudí al diccionario que había en casa y despejé mi duda. De esa manera, correlacioné la nueva palabra con el comportamiento de dichos animalitos descrito en la fábula. Es decir, aprendí. Hoy en día, teniendo al alcance de nuestra mano —literalmente— una gran cantidad de diccionarios que resuelven nuestras dudas al toque de un botón, nadie que se considere un(a) lector(a) serio(a) permitiría que la laxitud, la flojera, la pereza le impidiera aprender nuevos vocablos y su uso. 

Frases como Ay, ya vas a empezar con tus palabras domingueras son utilizadas de modo inmisericorde para boicotear nuestro intento por cumplir con la exhortación del maestro Cohen.

¿Deberíamos claudicar ante la avasalladora realidad a la que nos enfrentamos, inundados de discursos fáciles, videos sucintos y exiguos mensajes de wasap?

¡Claro que no! ¡Nunca! Son semillas de conocimiento adquirido que estamos impelidos a esparcir. Sigamos pues, con nuestro cometido, haciendo tal y como nos alienta la frase final del poema Sembrando, de Blanco Belmonte:

—“¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!”—


Hasta la próxima.

jueves, 12 de febrero de 2026

Pídele al tiempo que vuelva | por Rafa Ibarra

 


El director del Banco General llama a su secretaria para dictarle una carta sobre ciertos trabajos de reparación necesarios. La joven mujer, usando taquigrafía, toma el dictado con destreza. Al terminar, se dirige a su máquina de escribir para armar la transcripción en una carta, la cual lleva al director para que la revise. Este la lee, hace algunas anotaciones y correcciones de acuerdo con su preferencia de estilo, y solo una corrección ortográfica. Le devuelve la carta a la secretaria, quien regresa a su escritorio a reescribirla siguiendo las indicaciones manuscritas y la trae de nuevo al director. Él hace otro par de cambios, según su gusto personal… y la misma corrección ortográfica. La joven escribana mecanografía nuevamente la misiva y la retorna a su superior.

   —Señorita—dice el director, tras mandarla llamar — veo que insiste en escribir incorrectamente esta palabra que le he señalado en varias ocasiones.

   —Señor director— le responde ella—, dado el contexto, asumo que usted con esa palabra pretende referirse a la herramienta que sirve para cortar, y no aludir de manera coloquial a una persona miope.

En efecto, la palabra correcta es segueta y no cegueta, como creía el alto funcionario, quien tras corroborarlo con un diccionario asiente y dice Me ganó esta.

Este hombre no sabe que esta joven, además de graduarse con honores de la escuela de comercio, da clases y asesorías particulares de español. Así que, puede estar tranquilo: ninguna carta saldrá de su despacho con errores gramaticales, sintácticos ni ortográficos.

Esta anécdota, que me contó la mismísima protagonista —mi madre—, me hizo pensar en cómo el advenimiento de la tecnología ha hecho que se pierda de vista, ya no digo el gusto, sino la importancia de expresarse correctamente de manera escrita. Hago referencia a la tecnología porque, aproximadamente desde hace un poco más de un par de décadas, la utilidad de las secretarias como cortafuegos —firewalls— naturales de mensajes mal escritos ha sido sobreseída por el correo electrónico y el mensaje instantáneo autoredactado.

Erróneamente se piensa que ahora, dado que raramente se envían cartas mecanografiadas, ya no hay que preocuparse por la correcta redacción de nuestros mensajes, cuando la realidad es que forman parte de la imagen profesional, la de la empresa y la nuestra.

Por supuesto, en años muy recientes y gracias a los avances en la inteligencia artificial, las herramientas de corrección son más precisas que antes, y estas pueden generar un mensaje casi perfecto tras una simple petición.

Sin embargo, eso de alguna manera me parece triste. ¿Seré acaso un romántico —o loco, dirían algunos— que extraña la época en que, adicionalmente a ser buenas en su oficio o profesión, las personas se esforzaban por cultivarse en otros ámbitos, siendo la precisión en la expresión de la palabra escrita uno que dejaba patente el grado de educación alcanzado?

Me ilusiona hoy enterarme de que algunos jóvenes están interesándose en medios de comunicación que han encontrado un reemplazo más tecnológico como discos de vinilo y libros. Quisiera pensar que esta juventud se dará cuenta de que las ideas que escuchan en viejas canciones o que leen en sus ejemplares impresos provienen de mentes como las de ellos mismos, de jóvenes que no necesitaron de una herramienta externa a su cerebro (como lo es la inteligencia artificial) para expresarse. Solo necesitaron tres cosas: un lápiz, un papel y su mente.

Si alguien piensa que no trae valor alguno esforzarse por aprender a redactar mejor y, por lo tanto, no visualiza un futuro mejor al hacerlo, ese individuo es un cegueta.

martes, 3 de febrero de 2026

El bizarro presente de "privilegio"

Mis asiduos cuatro lectores, en seguimiento al artículo La importancia del uso de las palabras precisas (publicado en esta liga) donde publiqué mi opinión acerca del uso de la palabra privilegio, y tras recibir comentarios y retroalimentación que me pusieron a pensar (Jenisan y Eliel, gracias), decidí enviar una consulta a la página de la FundéuRAE que es la Fundación del Español Urgente [www.fundeu.es], y está asesorada por la Real Academia Española [www.rae.es].

Primeramente, comparto con ustedes la consulta que hice, la cual pueden ver en la siguiente imagen (pueden darle clic para ampliarla).

La consulta hecha a la FundéuRAE

Ahora, les comparto la respuesta que recibí de la FundéuRAE a mi consulta, mediante correo electrónico.

La respuesta a mi consulta

Antes de continuar, les comparto en la imagen siguiente la base de mi consulta que es la definición de la palabra privilege (privilegio en español) tomada del diccionario Merriam-Webster. Tengan la bondad de fijarse en la cuarta acepción.

Por favor, vean la cuarta acepción

En el idioma inglés, a diferencia del español, privilegio tiene una connotación positiva, que es a la que me referí en mi consulta: "una oportunidad especial de hacer algo que causa un sentimiento de orgullo".

En español, privilegio carece de esa definición, aunque realmente ya tiene bastante tiempo de usarse en el mismo sentido que vierte la cuarta acepción en inglés.

Ese es el bizarro presente de la palabra privilegio.

Pero eso no significa que no pueda sucederle lo mismo que a la palabra bizarro: ¡que la RAE por fin reconozca esta definición por el constante uso de los hispanoparlantes y decida añadirla a su diccionario por consejo de los lexicógrafos! Si se acuerdan, público culto y conocedor, de eso se trató mi artículo La incontenible evolución del idioma (publicado en esta liga).

Mientras tanto, podríamos entonces, mis estimados cuatro lectores, optar por alguna de las siguientes alternativas para el uso de la palabra privilegio:

A) Dado que no existe en español la acepción que corresponde con precisión lexicográfica a lo que nos referimos, usemos otra(s) palabra(s) que sí lo haga(n), dependiendo del contexto. Por ejemplo: "oportunidad especial", "oportunidad única", "designación de servicio", "satisfacción", "orgullo" (en sentido positivo), "distinción".

B) ¡Qué te valga! A seguir utilizándola para que el uso continuo se convierta en regla. Faltaba más. Vox populi, vox Dei: la voz del pueblo es la voz de Dios.

Esas son las opciones. Escoja cada uno la que desee. Este es un país libre.

Y el que tenga algo que objetar, que objete.


Hasta la próxima.

Postdata. ¿Se han dado cuenta de que cuando utilizo palabras que no son de uso cotidiano éstas aparecen subrayadas (como la palabra postdata con que inicia este párrafo), y que si dan clic sobre ellas se abre el diccionario mostrando su definición?
Para que vean cómo los quiero, condenadotes.




sábado, 13 de diciembre de 2025

La importancia del uso de las palabras precisas

Mis discentes cuatro lectores, en esta ocasión quiero compartir una reflexión que he traído atorada en la mente desde hace rato. Esta tiene que ver con la gran importancia de utilizar las palabras precisas para comunicarse. Como me recordó hace poco mi amigo Erick, esto está relacionado con la regla número 10 del libro de Jordan B. Peterson titulado 12 Reglas para Vivir (Planeta, 2018). Dicha regla es: A la hora de hablar, exprésate con precisión.

Hace poco vi un video en el cual la lexicógrafa Laura García Arroyo (quien desde el año 2003 ha participado en el programa del canal 22 llamado La Dichosa Palabra) también comentó el valor de usar las palabras correctas cuando hablamos o escribimos (pueden ver esa magnífica entrevista en esta liga).


Las palabras deben ir donde deben ir

Como varios lingüistas han dicho —entre ellos la mencionada Laura García y mi maestro de redacción Marco Mora (redaccionsindolor.com)—, muchas veces usamos palabras creyendo que son sinónimos de otras y no es verdad. Por lo tanto, las estamos utilizando mal. Esto, desafortunadamente, puede llevar a malentendidos e interpretaciones equivocadas.

La solución

¿Cuál es la solución? Usar un diccionario para asegurarse de que la palabra que vamos a utilizar realmente signifique lo que queremos decir o escribir. Hoy en día existen tantas herramientas digitales disponibles como los recursos que la Real Academia Española [RAE] pone a nuestra disposición en su página oficial rae.es, que no tenemos que andar cargando el tumbaburros (como llamamos en México al diccionario) a todas partes. Además, contamos con la página de la Fundación del Español Urgente (Fundéu) asesorada por la RAE, cuya liga es fundeu.es, y con el Diccionario del Español de México [DEM] que se ubica en la liga dem.colmex.mx. Por falta recursos, no hay excusas.

Un ejemplo

Ejemplos de palabras mal utilizadas hay muchos. Viene a mi cabeza, por ejemplo, una palabra que recientemente ha desarrollado una muy mala reputación, al grado de ser utilizada para indicar algo negativo, algo despectivo. Esa palabra es privilegio. Vamos a analizarla.

En primer lugar, busco en mi "pequeño" diccionario Larousse.


En la entrada privilegio encuentro las siguientes tres acepciones:

  1. Ventaja o exención especial o exclusiva que se concede a alguien.
  2. DER. Nombre que tomaba en el derecho antiguo una ley cuando no atendía al interés general, sino al de un particular, como un nombramiento, o al de una localidad.
  3. DER. Documento en el que consta la concesión de un privilegio.

Al buscar la palabra privilegio en la página de la RAE, no encontramos mucha variación con la definición del Larousse. Ahí dice:

  1. m. Exención de una obligación o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia.
  2. m. Documento en que consta la concesión de un privilegio.

En la página de Fundéu hallamos lo siguiente:

Privilegio procede del latín privilegium, formado a partir de privum y lex, que significa ‘ley o medida excepcional (que concierne exclusivamente a un particular)’, y también ‘inmunidad’, ‘prerrogativa’, ‘exención’, ‘privilegio’.

Tanto el Larousse como la página de la RAE indican que el origen es la palabra latina privilegium, pero no explican su etimología como sí lo hace Fundéu.

Creo que ya tenemos el cuadro completo. Vamos ahora a pasar esta información por el crisol. Empecemos.

Según el sentido original de la palabra privilegio, se infringe el principio liberal de una igualdad ante la ley. Por lo tanto, esta palabra tiene —y con mucha razón— una connotación negativa.

Expliquémoslo con un ejemplo. Supongamos que el organismo gobernante de cierta ciudad estableciera una ley en la que todos los panaderos deban pagar cierto impuesto por producir pan. Pero, ese mismo organismo permite que unos pocos panaderos no tengan que pagar ese impuesto, lo cual evidentemente es una ventaja para estos. La exención de esa obligación es un privilegio que se les concedió. Sin importar el motivo por el cual fueron privilegiados (compadrazgo, amiguismo, soborno, etcétera), esto representa una desventaja para el resto de los panaderos.

Por lo tanto, decir que alguien recibió un privilegio, semánticamente no es algo positivo sino todo lo contrario.

De Guatemala a Guatepeor

Ahora bien, si añadimos un par más de palabras a la que nos atañe en este ejemplo, el significado se puede empeorar.

Privilegio de servicio. ¿Qué quiere decir esto? Con base en lo que ya hemos analizado, da la idea de que alguien recibe una ventaja o exención especial al realizar cierto servicio. Es decir: mientras los demás deben cumplir con cierto servicio como lo indica la ley o las instrucciones de cierta organización, los privilegiados (quienes recibieron ese privilegio) no tienen que hacerlo. Por decirlo así, ellos están por encima de esa ley. Lo que se les aplica a los demás no se les aplica a ellos. 

Esta es la razón por la que muchos que tienen un privilegio de servicio, sobre todo cuando está la política involucrada, se aprovechan de esa ventaja que tienen, pasando por encima de aquellos a quienes prometieron servir. Es obvio que no únicamente sucede en las organizaciones políticas, sino en cualquier otro ámbito.

"Aún hay más"

Como decía el conductor de televisión, Raúl Velasco: "Aún hay más". Si agregamos la palabra inmerecido a privilegio, estamos ante un pleonasmo en toda regla desde diversos puntos de vista, como el legal y el moral. Si el significado de privilegio ya nos indica que se está pasando por encima de los derechos de los demás al darle una ventaja especial o exclusiva a alguien, queda claro que evidentemente ese privilegio es inmerecido a los ojos de todos los que sufren por la ventaja que se le dio al privilegiado.

La sugerencia

Creo que la palabra precisa que se busca en este caso es designación. Es de notarse que no debe confundirse con la palabra asignación, que viene del verbo asignar y cuyas acepciones no expresan lo que se está buscando.

Designación, de acuerdo con la RAE, significa lo siguiente:

  1. f. Acción y efecto de designar (‖ señalar para cierto fin).
  2. f. Función lingüística mediante la cual se hace referencia a las personas y a las cosas.

La primera acepción es la que nos interesa, la cual nos lleva a revisar el significado del verbo designar, que es:

  1. tr. Formar designio o propósito.
  2. tr. Señalar o destinar a alguien o algo para determinado fin.
  3. tr. Denominar, indicar.

Nos queda claro que la segunda acepción (que me permití subrayar) es la que refleja fielmente lo que se quería decir.

De manera que, la expresión precisa sería que alguien recibió una designación de servicio. Entendemos entonces que cierta persona fue señalada o destinada para el fin de servir en algunas facetas.

Esperaríamos que dicha persona recibiera dicha designación, no de manera inmerecida (de nuevo: por compadrazgo, amiguismo, soborno, etcétera) sino merecidamente, porque —como dice la definición del verbo merecer— es una persona digna de recibirla.

¿Ven lo maravilloso de expresarse de manera precisa? Es la única forma de verdaderamente ampliar nuestro vocabulario y nuestra visión del mundo.


Hasta la próxima.



martes, 16 de septiembre de 2025

La incontenible evolución del idioma

Bien lo decía el Maestro Sandro Cohen, mis prosódicos cuatro lectores, cuando escribió que "[...] es cierto que todos los idiomas evolucionan y que resulta imposible detener este proceso [...]". Por supuesto, el idioma hablado evoluciona mucho más rápido que el escrito, como muy acertadamente lo declaró Abraham Simpson, el papá de Homero.

¿Qué onda, eh?

Y es que, cuando uno está joven, puede pensar que todas las palabras que existen ya están registradas en esos enormes libros llamados diccionarios, los cuales además traen la explicación de su significado en los diversos contextos que correspondan (es decir, la acepción).

Pero, como decía Adal Ramones en el monólogo de su programa Otro rollo: "Pues... ¡No es cierto!". Y, en breve, les presentaré un caso de la vida real —acompáñenme a ver esta triste historia (snif)— .

Permítanme primero platicarles que cuento en mi biblioteca con un único diccionario en español, que es un "Pequeño" Larousse ilustrado edición 2000. Pongo la palabra pequeño entrecomillada porque me parece un perfecto ejemplo de ironía, pues se trata más bien de un instrumento que fácilmente puede descalabrar a un cristiano —y a uno que otro ateo que se atraviese—. 

Mi actual tumbaburros

Ese es mi actual tumbaburros (por cierto, palabra aceptada por la Real Academia Española; aquí la liga para leer la definición), y a este acudo cuando encuentro en mis lecturas palabras nuevas o que no estoy seguro de su significado en cierto contexto, principalmente cuando no tengo un dispositivo móvil —celular o tableta— a la mano para investigar. Así es, mis queridos cuatro lectores, para evitar distracciones hago lo posible de leer mis libros alejado de esos gadgets.

Sardónico significa...

Es cierto que la mayoría de las palabras no han cambiado su significado principal, pero también hay palabras nuevas (como textear) o hay acepciones nuevas para las ya existentes. 

Creo que a todos nos queda claro cuando hay palabras nuevas, ¿verdad? Sobre todo, son palabras que generalmente surgen por los avances tecnológicos que se dan a pasos agigantados. 

Pero, ¿nos queda igualmente claro cuando hay una nueva acepción? Aquí les va un ejemplo de la vida real, el cual concuerda con una parte del excelente artículo del blog de Redacción sin Dolor titulado «Superman», Supermán y el bizarro Bizarro: lecciones de español que nos dejan los cómics (pueden dar clic aquí para leerlo).

La palabra en cuestión es bizarro. Al buscarla en mi "pequeño" diccionario, la definición presenta dos acepciones, como pueden ver en la fotografía.

Para bizarro, dos acepciones y ya.

Sinceramente, aunque he escuchado y leído la palabra bizarro muchísimas veces desde mi infancia, nunca había sido con ninguno de los contextos que encontraba en los diccionarios. Pero, como bien explica el artículo de Redacción sin Dolor mencionado arriba, la Real Academia Española (la RAE, para la raza), agregó una tercera acepción la cual —ahora sí— ya hace total sentido a la idea que se expresaba en las lecturas y programas de televisión que veíamos.


Para bizarro, la tercera fue la vencida.

Ahora, mi "pequeño" amansaburros se siente incompleto, pero aún tiene muchísimas más palabras que me son útiles.

Eso sí, lo que hago ahora cuando siento que las explicaciones del significado que encuentro en mi diccionario no se acoplan a lo que estoy leyendo, busco en los medios electrónicos para buscar la información más actualizada. A continuación les comparto unos de los sitios que reviso:

  • El diccionario de la Real Academia Española [liga: dle.rae.es]


Por supuesto, también recomiendo leer el blog de Redacción sin Dolor, cuyos artículos, que aunque breves son buenísimos.


Abracemos el cambio en el idioma, mis queridos cuatro lectores; aceptémoslo, pues, como ya nos hemos dado cuenta, es incontenible. 


Hasta la próxima.