"¿Cómo te da tiempo de escribir?", es la frase que un compañero de trabajo me envió hace unos días por medio de WhatsApp. En realidad, decía así: "Wee como t da tiempo de escribir", pero le hice una pequeña corrección de estilo, y asumí que se trataba de una pregunta (aunque cabe la posibilidad de que fuera expresada con sorpresa; en ese caso, llevaría los signos de exclamación).
Me causó gracia la pregunta, y mi respuesta fue simplemente: "Uno siempre encuentra tiempo para hacer lo que le gusta ¿o no?".
Y ahí quedó el asunto, el cual me hizo recordar el enunciado de esta imagen que les comparto:
Si es importante para ti, encontrarás un camino.
Si no es importante para ti, encontrarás una excusa.
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| A ver, niéguenmelo |
Ahora que dedico un poco más de tiempo a meditar en la frase que me expresó, creo que efectivamente esa es la principal razón: escribir (o redactar) es algo que me gusta, y por eso, desde que lo retomé, siempre encuentro tiempo para hacerlo. Pero no solo escribo (para este blog y otro más como invitado), sino que también leo más (sobre temas que me interesan), hago ejercicio con más regularidad, tomo un curso de redacción que incluye hacer tareas, entre otras cosas.
¿Cómo es que lo hago? Hace varios años era inconcebible. No pretendo ni por asomo hacerla de gurú, pero sí puedo compartir con ustedes, mis amables cuatro lectores, lo que creo que me ha ayudado.
Ser consciente de lo que es realmente importante para mí
Cuando uno va formando sus criterios, poco a poco, con la edad, estás determinando el grado de importancia de las cosas: lo que tal vez era sumamente importante cuando tenías 16 años ya no lo es a los 54 años —créanme en esto. Por eso, vas a ir desechando mucho de lo que habías metido en el morral. Claro, solo si eres sabio lo harás; de lo contrario, cargarás con un enorme lastre que, finalmente, no te servirá de nada (únicamente en tu imaginación es útil).
Esas cosas incluyen objetos materiales, creencias y hasta personas.
Adiós a las redes sociales en demasía
Sigo creyendo que una ventaja que tengo es que las redes sociales no existían en mi infancia. De esta manera, se me hizo más fácil deshacerme de prácticamente todas, y me quedé solo con WhatsApp. Incluso de esta, el uso que hago es limitado.
Recuerdo una frase que le atribuyen a Francisco de Asís que dice: "Necesito poco, y lo poco que necesito, lo necesito poco". Esa es mi aspiración respecto a las redes sociales, las cuales sinceramente creo que el daño que han hecho a la sociedad es muchísimo mayor que el beneficio que han traído. No lo digo yo, lo dice la ciencia.
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| Pegados al celular en vez de disfrutar del paisaje. ¡Oh, Dios! [Foto de Marc Bruxelles | Dreamstime] |
Desactivar todas las notificaciones del celular
Esta fue una recomendación que escuché en el pódcast de la Dra. Marian Rojas Estapé, la cual inmediatamente apliqué y no se imaginan la paz mental que me ha traído.
El timbre de mi celular solo suena con llamadas telefónicas directas y los mensajes cortos (SMS). Ninguna otra aplicación hace que mi teléfono timbre, o siquiera vibre.
Les cuento que hace algunos años (en 2019) participé en el equipo de seguridad de un evento masivo e internacional. Durante los tres días que duró el evento, mi celular no dejaba de vibrar y de timbrar con las constantes notificaciones de los mensajes que recibía. Les confieso que mi cuerpo quedó tan afectado, que llegué a creer que sentía la vibración o que escuchaba las notificaciones en el celular, cuando ¡no había llegado ningún mensaje! Me tomó un buen tiempo recuperarme.
Yo les recomendaría, mis conscientes cuatro lectores, que se hicieran estas preguntas: ¿En realidad es completa y absolutamente indispensable estar enterándome de todas las notificaciones que recibo? ¿Son de vida o muerte? Si tienes redes sociales, ¿en verdad necesitas saber que a Fulanito o a Menganita le gustó tu foto o comentario o lo que sea que hayas compartido? ¿Todas esas molestas interrupciones en tu vida valen la paz que te están quitando?
Piénsenlo.
Cuidar mi tiempo de sueño y de descanso
En verdad, no concibo el problema de insomnio autoimpuesto por los más jóvenes que se quedan hasta la madrugada pegados a sus dichosos aparatitos. De nuevo, esa es una desventaja para ellos, pues la ventaja nuestra fue que no podíamos desvelarnos así: no teníamos ni computadora ni había internet, mucho menos celulares.
Si queríamos desvelarnos, era viendo algún programa en horario "de adultos" (como El Show del Loco Valdez o alguno de Verónica Castro) o una película en la tele o que podíamos rentar y ver en una videocasetera. Pero se terminaba y a dormir; no continuaba eternamente, como el mentado scroll infinito.
Hoy me queda clarísimo que el cuerpo me cobra con creces cada desvelada o mala noche de sueño. Además, si me quiero levantar temprano (a las 5:15 a. m.) a hacer ejercicio, lo más sabio es acostarme temprano (a más tardar las 10:00 p. m.) para que me rinda el día.
Recuerden que les dije que ya casi tengo 54 años: a la hora a la que antes iba llegando al antro es ahora a la que me levanto al baño —la primera de la noche.
No comprar broncas gratis
Finalmente, determina qué sí está bajo tu control y qué no. De ti dependen únicamente tus opiniones, tus pensamientos y las acciones que desees emprender a partir de estos. Eso sí es tuyo (tu mente es tu mayor posesión) y eres responsable al 100% de ello.
Todo lo demás (lo que hagan o piensen los demás —incluso sobre ti—, el 100% de tu salud y tu cuerpo, el clima, la situación mundial, todo lo externo) no es tu problema. No lo puedes resolver.
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| Ni es mi circo ni son mis changos |
Si te enfocas en lo que realmente es tuyo, usarás el tiempo de la mejor manera. De lo contrario, lo estarás desperdiciando.
"El tiempo es el más democrático de los recursos", es una verdad que leí en una ocasión. Es totalmente cierto, pues mientras los demás recursos como el dinero, las posesiones, el conocimiento, el prestigio, etcétera pueden ser aumentados o disminuidos por una persona de alguna manera, todos tenemos única e individualmente 24 horas al día. Ni yo te puedo dar mi tiempo para que tú tengas más durante el día, ni tú a mí. No importa que tan billonario, inteligente o guapo seas: te quedas con tus 24 horas, ni una milésima de segundo más.
Eso es lo que quise compartir en esta ocasión.
Ahora me retiro, pues tengo que estudiar un capítulo completo sobre las oraciones compuestas para mi clase del próximo lunes de Redacción Sin Dolor.
Hasta la próxima.




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Ahora sí, adelante, Shakespeare.