Para la quinta tarea de mi curso de redacción, el tema escogido fue Lo más atrevido que he hecho. La descripción en esta ocasión decía: "Debe escribirse en primera persona. Se trata de narrar la anécdota más atrevida que tengas, donde tú seas el protagonista. No tiene que ser extremo; para muchos, incluso tomar una decisión es atrevido".
De nuevo, contábamos con un límite de 250 palabras para nuestro texto. Esto fue lo que escribí:
Alma llanera
Rafael Ibarra Mojica
Cuando era niño, viajé con mi familia a algunos lugares de
México durante las vacaciones, pero nunca al extranjero. Tampoco lo hice de mi
adolescencia al inicio de mi adultez.
Algo que me agradó cuando me
gradué y conseguí mi primer trabajo en el área de desarrollo y soporte del
sistema comercial de una empresa cementera fue que, desde que me contrataron, me
dijeron que tendría que viajar.
Y
así fue. Durante mi segundo año en esa empresa tuve la oportunidad de visitar
varias plantas cementeras de la zona comercial del centro de México. Los viajes
que hice fueron siempre en avión. Solo a la planta de Monterrey fui en mi
automóvil.
Durante
mi tercer año, esta empresa mexicana compró a la productora de cemento más
grande de Venezuela. Se llevaría nuestra manera institucional de operar a las
plantas de ese país; por supuesto, todos los sistemas informáticos —incluyendo
el que yo atendía— también serían implementados allá. Pero ¿por quién?
Aquí
es donde viene lo más atrevido que he hecho: me invitaron a mí solo a llevar a
cabo la implementación de nuestro sistema comercial. Hacerlo precisaría viajar
al extranjero por primera vez y permanecer ahí durante tres meses continuos hasta
concluir el establecimiento del sistema en las oficinas corporativas y en la
planta ubicada en Maracaibo.
Hasta la próxima.

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Ahora sí, adelante, Shakespeare.