domingo, 27 de septiembre de 2026

«Mi casa es su casa»

Y todo empieza con una caja…

Para ser honesto, todo comenzó cuando la vi en la tienda Logon de Galerías Monterrey. Había varios modelos, pero este fue el que más captó la atención en ese momento. Así que lo compré.


Ahora lo que seguía era armarlo. 


Abrí la caja, me puse a revisar su interior y me pareció que tenía tener todo lo necesario. Ahora, lo único que faltaba era algo que solo yo podía poner: tiempo, atención, dedicación, ánimo y, por supuesto, paciencia (y mucha).


Pero como dicen: «un viaje de mil kilómetros empieza con el primer paso». Y así comenzó este pasatiempo de armar esta casita tipo invernadero. Ya en mi niñez y adolescencia había armado otras cosas, como los modelos a escala de El Camino (Chevrolet, 1980), del módulo de mando y servicio del programa Apolo, del barco HMS Victory, de algunas motos, entre otros. Al día de hoy, no conservo ninguna de esas piezas.


Aunque hacía tiempo que no lo hacía, me encantó lo limpio y pulcro de este diseño que vi ya armado en la tienda. Se veía soquiut.


Estoy convencido de que todos conocemos el concepto de belleza, de aquello que es bello. Por supuesto, con el tiempo se han inventado otras palabras para describir algo bello a fin de que los hombres no se sientan menos hombres al decirlas: padrísimo, perrón, fregón, chido, la otra consabida (y muy mexicana) que empieza con ch, y un extensísimo etcétera. ¿Por qué somos así, caray?


Pian pianito, la casa de jardín (traducción literal de garden house) iba tomando forma. Si algunas piezas me parecían pequeñitas, cuando llegué a las calcomanías (o pegatinas) que tenía que aplicar me fui de espaldas. Paciencia, paciencia, ommm…


La clave para que un pasatiempo sirva su propósito es que no andes a las prisas tratando de terminarlo, sino que disfrutes con cada pequeño paso que das, que te alegre el espíritu ver que estás avanzando. Si no estás de humor para hacerlo de esa manera, mejor no lo hagas en ese momento. 


Lo digo con conocimiento de causa, pues me llevó un mes terminarlo, haciéndolo a ratos. En unas ocasiones pude dedicarle más tiempo que en otras, y hubo veces es que de a tiro no tenía la cabeza para dedicarle mi atención.


He leído tanto últimamente sobre las redes sociales y cómo han sido diseñadas para secuestrar la atención de sus usuarios (algo que han logrado con creces, lamentablemente), que creo que este tipo de pasatiempos son un excelente antídoto para revertir la pérdida de esa atención que es indispensable para vivir. Claro, dejar de utilizar las redes sociales y usar el tiempo para hacer esto en su lugar. 


Cada pequeña pieza tenía que ser cuidadosamente separada de la plantilla en que venía, adherida con pegamento y colocada en su sacrosanto lugar. ¿Ya vieron la mecedora con el cojín y la frazada? ¿A poco no se ve superquiut?


Y no hay que desesperarse si parece que no avanzamos. Es como en la vida: primero tienes que asegurarte de dejar lo mejor posible el interior para luego enfocarte en lo exterior. Ay, hasta filosófico salí creaturaaaaas… (como decía uno de los entrañables personajes de El conde de Agualeguas).


¿Tienes tu base sólida? Entonces vas por buen camino, sigue adelante.


Finalmente, 30 días después de comenzar, la obra fue concluida.

¿Y cómo quedó la instalación eléctrica? Veamos…


¡Qué chulada!


¿Verdad que se ve acogedor, confortable y cómodo? Hasta dan ganas de irse a sentar en la mecedora y contemplar de dentro pa' juera.


«¡Hágase la luz! Y la luz se hizo».


Denle clic en el video para ver lo rechulo quedó.

Ahora, la casa jardín adorna mi estudio (o home office), y de vez en cuando, si siento que necesito algo de paz interior, apago la luz del cuarto, acerco mi cara, me le quedo viendo, y enciendo la luz interior. Al hacerlo, se enciende la mía. Me recuerda que, con constancia, paciencia y confianza en mí mismo, se logran cosas muy bellas.


Hasta la próxima.

Unidireccional

Mis sagaces cuatro lectores, qué peculiar (para no decir rara) es la gente. 

Miren, les cuento algo que me sucedió: se me acerca una persona, me saluda y luego me dice que ya no le he mandado mensajitos, a lo que le contesto que ya no tengo Whatsapp, y me dice sí, tal persona me dijo eso, pero usted ya me ha enviado SMS, a ver si luego me manda más mensajes por ahí.

Lo que me parece peculiar es que la gente crea que en las aplicaciones de mensajería instantánea (sea WhatsApp, SMS o el que ustedes gusten y manden) los mensajes solo viajan en un solo sentido, cuando todos quienes las usamos sabemos que son como una calle de doble vía o doble sentido: yo puedo enviarle mensajes a una persona y dicha persona también puede enviármelos de vuelta. Ping-pong, toma y daca, mano a mano.


Traigo esto a colación porque esta persona tampoco me ha enviado mensajes de vuelta. Sin embargo, el obligado (al parecer) a hacerlo es acá su servilleta. ¡Mira qué bonito! (como decía Rómulo Lozano).

Qué peculiar es la gente, no cabe duda.

Hasta la próxima.

viernes, 18 de septiembre de 2026

Hoy día, no hubiera conocido a mi esposa

Mis confidentes lectores, ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo, pero yo conocí a mi esposa contando chistes. Así mero fue. Finalizando la década de los años noventa del siglo pasado, durante una reunión en casa de una amiga mutua —celebraba su cumpleaños— después de la cena comenzó una sesión de contar chistes entre los jóvenes que estábamos presentes. En cierto momento, todo se redujo a un tira-tira entre Elsa y yo: ella contaba uno, yo contaba otro, y así sustantivamente.

 


Y así fue como nos llamamos la atención mutuamente; conseguí su teléfono, le empecé a llamar a su casa (aún no era masivo el uso de los celulares), quedamos de echarnos un cafecito para platicar y… el resto es historia.

A mi esposa y a mí nos encanta el humor inteligente (valga la aclaración). Personalmente, creo que el sentido del humor es un síntoma inequívoco de inteligencia.

Pero ese no es el motivo de este artículo, mis observadores lectores, sino que veo y leo —no sin cierta alarma— que las nuevas generaciones cada vez hablan menos, se están volviendo más calladas (vean este video de DW al respecto). 

Pienso que si, en mis tiempos, hubiera seguido el patrón actual de «comunicación» entre los jóvenes, yo no hubiera conocido a mi esposa.

Hace tres décadas, la gente contaba chistes en fiestas y reuniones (hasta en los funerales, caramba). Había a la venta libros con cientos de chistes, o los escuchabas en el radio o en la televisión, o en la oficina. Cuando llegaron las primeras computadoras de uso masivo, nos reenviábamos por correo electrónico (o email) muchos chistes, a veces venían cien chistes en un solo correo.

Y nos los aprendíamos de memoria para poderlos contar, dependiendo de la audiencia, claro. Los chistes blancos y los colorados tenían diferente público.

Pero ahora el chiste contado está en peligro de extinción aun entre quienes no somos tan jóvenes, y no debido a que estemos también hablando menos con otras personas, sino porque nos estamos inclinando por compartir por mensaje la imagen del meme chistoso o simplemente enviar la liga del video que nos causó gracia. Y ya. Es todo. Qué triste.

Pero no todo está perdido. ¡Arriba corazones! Para contribuir con el rescate de la otrora sana diversión del Vamos a contar chistes, aquí les va uno:

Un hombre ciego entra a una cantina en Los Mochis (Sinaloa).

Con la ayuda de su bastón, encuentra una silla frente a la barra y le pide un tequila doble al cantinero. 

Después de estar sentado un rato, le grita al cantinero: Oye, ¿quieres escuchar un chiste de Guasave? 

El cantinero guarda profundo silencio. Entonces, se le acerca al hombre ciego una muchacha de 1.90 metros de altura, con curvas voluptuosas en todo el cuerpo y con brazos musculosamente desarrollados.  

La muchacha se le sienta en la silla a un lado y le dice en tono barítono: Considerando que eres ciego y antes de que platiques un chiste de Guasave, creo justo que te diga 5 cosas importantes:

Primera: El cantinero es de Guasave y acaba de armarse con un bate de beisbol.

Segunda: El guarura de la cantina es de Guasave, mide 2 metros y pesa 130 kilos.

Tercera: Yo soy de Guasave, mido casi 2 metros de estatura y soy cinta negra en karate.

Cuarta: La muchacha sentada a tu lado izquierdo también es de Guasave y acaba de precalificar en levantamiento de pesas para las Olimpiadas.

Y quinta: El dueño de la cantina es nativo de Guasave, y tiene un carácter de la fregada, además de que acaba de sacar una pistola.

Ahora bien, mi estimado cegatón, ¿estás seguro de que quieres contar ese chiste de Guasave?

El hombre ciego se queda pensando unos momentos y contesta: No, mejor no... Está canijo tener que explicar el chiste 5 veces.


Hasta la próxima.

martes, 15 de septiembre de 2026

Unas costillitas y un buen vino de uva primitivo

 

'ai nomás, ¿quién te pegó?

Mis queridos lectores, cuánta razón tiene la frase: «…porque todo se aprende menos la magia de lo espontáneo». Elsa y yo lo comprobamos este fin de semana pasado al lanzarnos por unas costillitas que ella vio en un video (en esta liga aquí lo pueden ver ustedes).

Medio costillar de cada tipo: rib eye, puerco y borrego


Miren nomás, qué chulada de maíz prieto


Aquí les dejo los datos

El lugar es nuevo (no tiene ni dos meses, creo); tienen el asador en la banqueta afuera de la cochera, y huele… uffff, muy bien. Aquí les dejo la liga para llegar por Google Maps: La Gran Estaca (dar clic aquí).

Y dado que no nos íbamos a bajar las costillitas a brinquitos (óigame, eso sería pecado), pues revisamos en la cava a ver quién podría pasar por esa deliciosa grasita (pero lait, eh) característica de este platillo. El candidato sería un vino tinto, potente, con taninos altos.

El elegido fue un vino italiano (de la zona de Puglia) hecho 100% con la uva primitivo (también conocida como zinfandel), que es una de mis favoritas. Baste decir que le quedó de perlas, sobre todo a las costillas de borrego. Este vino Trecciaia, de la bodega Menicucci, lo pueden conseguir con el buen Sandro Fornera, en su tienda Fornera Wine House (den clic aquí). Díganle que van de parte mía y les hace buen precio. 

Qué chulada de vino, verdá de Dios

Y así nomás, sin pensarlo mucho, se experimentan momentos maravillosos: tener en una mesa una buena comida, una buena bebida y a las personas que amas. ¿Qué más se puede pedir?


«…porque todo se aprende menos la magia de lo espontáneo»


La vida es buena.

Hasta la próxima.


El consumo de vino afecta su capacidad para conducir u operar maquinaria. Nunca beba y conduzca.



viernes, 4 de septiembre de 2026

La verdad sobre la uva «nebbiolo» de Baja California

Mis imperturbables cuatro lectores, les cuento que mi capacidad de asombro fue puesta a prueba al enterarme de que, tras una serie de muchos estudios serios realizados por el confiable Dr. Alejandro Cabello Pasini, todos estos estudios totalmente documentados, llegó a la conclusión (con respaldo científico) de que la variedad de uva plantada en Baja California (México) que se ha identificado por muchas décadas como nebbiolo*, en realidad es otra variedad llamada lambrusca de Alessandria.

*Nota al pie de página.- Como bien me explicó el maestro Sandro Cohen (aquí lo pueden leer), los nombres de las variedades de uva se escriben iniciando con letra minúscula, no con mayúscula. En este caso, no cabe aplicar ni siquiera la llamada mayúscula de relevancia.


Y su identidad es… ¡lambrusca de Alessandria!

Los invito a leer la serie de tres artículos que publicó en el nuevo blog de Vinos Pasini. A continuación, les comparto los enlaces:

  • Desmitificando el Nebbiolo de Baja California: Un análisis químico y sensorial (Parte 1)

https://www.vinospasini.com/blog/nebbiolo-1

  • Desmitificando el Nebbiolo de Baja California: Características ampelográficas (Parte 2)

https://www.vinospasini.com/blog/nebbiolo-2

  • Desmitificando el Nebbiolo de Baja California: Análisis genético (Parte 3)


¿Y saben qué me sorprende más? ¡Que el buen Alejandro ya tenía estos resultados desde el 2007! Él mismo lo dice en el tercer artículo de la serie: «Aprovechando mi labor en la investigación sobre fisiología vegetal en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), durante los veranos de 2006 y 2007 realicé estancias de investigación en el laboratorio del Dr. Andrew Walker en la Universidad de California en Davis (UC Davis) para determinar el origen genético de esta y otras variedades cultivadas en la región».

¡Hace casi 20 años! Y miren qué curioso: en mi etapa anterior de bloguero de vino (wineblogger nos hacíamos llamar, nomás por sangrones), tres años después de que el buen Alex ya tuviera ese conocimiento, los winebloggers organizamos la segunda Catatwitter (un evento que quizás —y digo quizás sin muchas ganas— merecería alguna mención posterior), en la que la uva estelar sería precisamente la nebbiolo. Pueden dar clic aquí para leer una nota al respecto.

En dicho evento se catarían cuatro vinos mexicanos elaborados con uva nebbiolo de Baja California (Planeta [Sinergi.VT], Bella Terra [Bella Terra], Equinoccio [Lafarga] y Albarolo [Shimul]) y un vino italiano elaborado con uva de la región de Piemonte (Italia), específicamente de la DOCG Barolo (de la bodega Giribaldi).

Como lo pueden leer en el primer artículo de Alejandro, la uva nebbiolo es algo grande, verdaderamente grande en el Piemonte, en Italia. Los vinos Barolo y Barbaresco son otra cosa. Y no son tan baratos, no crean.

Bueno, precediendo a ese evento Catatwitter que se efectuó el 15 de mayo de 2010 en 14 ciudades de México (aquí encuentran la lista), yo publiqué en la página de Vinisfera.com un artículo el día 10 que se tituló ¿Necesitamos en México una uva insignia? (lo pueden leer aquí). Esto porque ya todo el mundo (bueno, no todo, nomás los aficionados al vino mexicano) querían que se considerara a la uva nebbiolo como la uva insignia de México (así como la malbec en Argentina, por ejemplo). Y miren, ¡oh, sorpresa! ¡No es nebbiolo! 

En serio que al ver las evaluaciones que hizo Alex, te das cuenta desde la misma forma de la hoja (ampelografía) que ni se parecen.

Tomada del blog Vinos Pasini
https://www.vinospasini.com/blog/nebbiolo-2

Luego, en un examen que cualquiera de nosotros puede hacer, que es el sensorial u organoléptico, teniendo al mismo tiempo estos vinos en copa, también notas que son muy diferentes en color, aroma, sabor.

Yo me propongo hacer una cata de nebbiolos aprovechando que tengo dos vinos mexicanos y un Barolo (lo consiguen con el buen Sandro Fornera [Fornera Wine House], en esta liga). Albarolo y Barolo se verán nuevamente las caras después de aquella Catatwitter hace 16 años. Chan chan chan chaaaaaaaa…

Curiosamente, uno de estos vinos que tengo guardados fue elaborado precisamente por el Dr. Alejandro Cabello Pasini: su vino Artigiano (significa artesano en español). Lo consiguen en su tienda (dar clic aquí).


Esperando en la cava su momento

Como quizás ya se imaginaron, no me aguanté las ganas y tuve una llamada con Alejandro para aclarar unas dudas. Entre ellas le pregunté si hay seguridad de que el 100% de las vides de «nebbiolo» (nótese las comillas) que hay en Baja California sean de lambrusca de Alessandria. La respuesta es no, pues sí hay quienes tienen nebbiolo (que consiguieron con proveedores certificados); pero más del 90% son de lambrusca*, pues las consiguieron localmente con quienes ya las tenían.

*Nota al pie de página.- El mismo Alex aclaró que lambrusca de Alessandria no es la uva con la que se elabora el vino barato conocido como Lambrusco, en la zona de la Emilia-Romaña (por coincidencia, la zona de Italia de donde es la mamá de Alex).

Alex me dio el nombre de un productor de Baja California que posiblemente sí tenga nebbiolo auténtico. Lo voy a buscar para poder comparar con el Barolo, a ver si es cierto. 

No se las voy a hacer de emoción: ese productor es el enólogo italiano Camillo Magoni, de quien he probado uno de sus vinos (aquí la nota). Ya les contaré.

Bueno, ¿y ahora qué sigue? Pues lo primero sería, ante la abrumadora evidencia científica, ser honestos y dejar de usar el nombre nebbiolo en las etiquetas de vino que se hayan elaborado con lambrusca de Alessandria. Alex lo tiene claro y seguramente pondrá el ejemplo.

Lo segundo, y que creo ya están haciendo los honestos, es aprovechar que la lambrusca de Alessandria tiene otros nombres por los que se le conoce, de tal manera que seleccionen uno que tenga menos connotación negativa, pues lambrusca […] y Lambrusco (ese vino simplón y baratón) se parecen harto demasiado. 

Algunos otros nombres que tiene esta uva son Aglianico Dolce Précoce, Anra Nostrano, Anrè, Anrè Grossolano, Badino, Caruét, Cascarello, Cassolo, Corva, Croetto, Crova, Covra Astigiana, Crova Nera, Crovet, Crovin, Farinellona, Grosso Covarevo, Lambrusa, Lambrusa di Alba, Lambrusa Saluzzese, Lambrusca, Lambrusca Viola, Neretto di Alessandria y Stupèt, Pezzé, Porcina, Crovet y, finalmente, Moretto. 

Según pude leer, algunos entusiastas del vino mexicano se decantan por este último, Moretto. Como decía Don Francisco: «¿Qué dice el públicooooooo?».

Lo tercero dependerá de nosotros: ser honestos como consumidores, pues si ya disfrutábamos de estos vinos elaborados con esta uva cuyas vides lograron aclimatarse en una región que es totalmente diferente a aquella de donde es originaria, echando raíces (literalmente) en nuestro suelo mexicano y creando, con el sumamente arduo trabajo y cuidado de agrónomos y enólogos, mexicanos y extranjeros, una identidad propia que es fuerte y tiene carácter, sigamos consumiéndolos. Yo sí lo voy a hacer porque, como dijo Guillermo del Toro…


Ya veremos qué sucede en el futuro cercano. Mientras tanto, ya me ando imaginando esa cata de nebbiolo y «nebbiolo». Va a estar de poca.

Hasta la próxima.