Mis sagaces cuatro lectores, qué peculiar (para no decir rara) es la gente.
Miren, les cuento algo que me sucedió: se me acerca una persona, me saluda y luego me dice que ya no le he mandado mensajitos, a lo que le contesto que ya no tengo Whatsapp, y me dice sí, tal persona me dijo eso, pero usted ya me ha enviado SMS, a ver si luego me manda más mensajes por ahí.
Lo que me parece peculiar es que la gente crea que en las aplicaciones de mensajería instantánea (sea WhatsApp, SMS o el que ustedes gusten y manden) los mensajes solo viajan en un solo sentido, cuando todos quienes las usamos sabemos que son como una calle de doble vía o doble sentido: yo puedo enviarle mensajes a una persona y dicha persona también puede enviármelos de vuelta. Ping-pong, toma y daca, mano a mano.
Traigo esto a colación porque esta persona tampoco me ha enviado mensajes de vuelta. Sin embargo, el obligado (al parecer) a hacerlo es acá su servilleta. ¡Mira qué bonito! (como decía Rómulo Lozano).
Qué peculiar es la gente, no cabe duda.
Hasta la próxima.

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Ahora sí, adelante, Shakespeare.