sábado, 15 de agosto de 2026

Dos meses sin Whatsapp


Querido lector, querida lectora, hace ya dos meses que cerré mi cuenta de WhatsApp.

—Y en lugar de WhatsApp, ¿qué tienes ahora?

Una tranquilidad y paz mental que ya extrañaba.

—Pero ¿no perdiste algo por dejar de usar esa aplicación?

Ah, claro que sí: perdí completamente el FOMO (fear of missing out), pero en cambio he abrazado (con singular alegría) el JOMO (joy of missing out).

—Uy, entonces ya no te conectas con nadie.

Si vieras que no es así. Le avisé mediante SMS a todos mis contactos frecuentes que me podrían encontrar por ese medio. Solo unos pocos respondieron y con ellos es con quienes intercambio mensajes periódicamente.

De hecho, unos pocos (muy pocos en realidad) me mandaron un SMS diciéndome "Oye, no te puedo contactar por WhatsApp". Es decir, hicieron el esfuerzo de comunicarse conmigo y lo lograron. Buena onda. Supongo que para la mayoría cuando algo deja de ser fácil y el interés no es suficiente, ni le intentan, no se molestan (prefieren «evitar la fatiga», como decía Jaimito, el cartero).

Si vieran lo rico que se siente sacudirse la autoimpuesta tiranía de tener que estar siempre disponible…

Hasta la próxima.


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Ahora sí, adelante, Shakespeare.