viernes, 31 de julio de 2026

Con lo que crecí


Estoy escuchando con mi tornamesa el vinilo original de 1982 de la película E. T., el extraterrestre. Bebo de mi taza de café: es negro, sin azúcar ni leche ni nada más.

¿Es perfecto el sonido que sale de las bocinas del estéreo? Se escucha el crepitar de la aguja sobre el disco, como si hubiera una fogata a un lado y la leña se quejara de su destino. Medito un poco y pienso: para mí, sí es perfecto.

Me remonto a mi infancia y temprana adolescencia en que escuchaba ese sonido una y otra vez; los chasquidos de la aguja ahí estaban. Vuelvo a esos tiempos cuando cierro los ojos... escucho... y no pienso en nada más.

Por supuesto, llegó luego el disco compacto (o CD) y esos «ruidos» desaparecieron. Los archivos musicales digitales mantuvieron la impecabilidad. Y eso me parece genial. Pero nunca superarán lo que un vinilo de mi colección me hace sentir, me hace revivir.

Agradezco haber vivido en esa época, y por la buena música y el buen café. No quisiera haber crecido creyendo que las cafeterías vendían cualquier tipo de bebida saborizada y demasiado azucarada, cuyo resultado sabe a todo menos a café.

Me quedo con lo que crecí.



2 comentarios:

  1. Chillidos, lamentos, ese chillar de la aguja, ese sonido rasposo que anunciaba la magia de la musica, poniendote en un trance adhoc

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Gracias por tu comentario. Este será revisado, y en caso de pasar un estricto control de calidad (ja ja ja ja, hasta yo me la creí), se decidirá si pasa a la catafixia (donde puede mejorar o empeorar, no lo sabemos). Si eres un bot, ni lo intentes. Si no lo eres, pero quieres serlo, busca ayuda amigo(a).
Ahora sí, adelante, Shakespeare.