La niña Patamaldita
Juana Inés Dehesa
Yo no
recuerdo haber pateado a mi mamá. No era mi estilo. A Mariana sí, una vez, pero
ya las dos estábamos grandes y el contexto se prestaba. A mi mamá, no.
Sin
embargo, los resultados indican que sí sucedió. O algo similar tiene que haber
pasado para que Germán me bautizara con el nombre de La niña Patamaldita. No
duró mucho, pero fue memorable. Y, como todo, iba acompañado de una narrativa:
“la niña Patamaldita”, decía con acento terrible, “a quien se le volvió la
pierna de malvavisco por patear a su mamá”.
¿Por qué
de malvavisco? Tampoco lo sé. Supongo que porque narrativamente una pierna de
malvavisco es un recurso mucho más rico e interesante que, por ejemplo, una
pierna que se vuelve de piedra, o de madera, como las de Pinocho. La idea de la
pierna de malvavisco, sobre la cual bordaba después, que si no podía correr,
que si no podía patear una pelota, que si no podía bailar, daba para escribir
mucho.
Era, desde
luego, mucho más interesante que la consabida mano seca. “Se te va a secar la
mano”, nos decían también, cuando amagábamos con soltar un zape mal averiguado;
“pues me la mojo”, gritábamos y salíamos corriendo, no fuera a ser. Pero no era
muy seguido, ni tan divertido.
Con
frecuencia, y últimamente, más, pienso en las historias que guardaba Germán y
que se le iban filtrando por todos los intersticios. Era un ser de historias,
era un ser que tejía tramas, que imaginaba personajes, acciones, desenlaces, y
a diferencia de los novelistas y cuentistas, los iba colando en su narración de
la vida cotidiana, tanto en la que escribía, como en la que vivía. Siempre
pensó en escribir, en poner en papel y ordenadamente esas historias, lo dice al
final de Fallaste, corazón, pero nunca lo hizo. Pensó que tendría
tiempo.
Ayer,
tratando de adaptar una historia para niños de tercero de primaria, recordé a
la niña Patamaldita. Y como no veo mucha forma de contarla ahí, la dejo por
aquí y espero que el último martes de septiembre los encuentre justos y
felices.
Abrazos.

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Ahora sí, adelante, Shakespeare.