sábado, 24 de octubre de 2026

La niña Patamaldita | por Juana Inés Dehesa


La niña Patamaldita

Juana Inés Dehesa

Yo no recuerdo haber pateado a mi mamá. No era mi estilo. A Mariana sí, una vez, pero ya las dos estábamos grandes y el contexto se prestaba. A mi mamá, no.

Sin embargo, los resultados indican que sí sucedió. O algo similar tiene que haber pasado para que Germán me bautizara con el nombre de La niña Patamaldita. No duró mucho, pero fue memorable. Y, como todo, iba acompañado de una narrativa: “la niña Patamaldita”, decía con acento terrible, “a quien se le volvió la pierna de malvavisco por patear a su mamá”.

¿Por qué de malvavisco? Tampoco lo sé. Supongo que porque narrativamente una pierna de malvavisco es un recurso mucho más rico e interesante que, por ejemplo, una pierna que se vuelve de piedra, o de madera, como las de Pinocho. La idea de la pierna de malvavisco, sobre la cual bordaba después, que si no podía correr, que si no podía patear una pelota, que si no podía bailar, daba para escribir mucho. 

Era, desde luego, mucho más interesante que la consabida mano seca. “Se te va a secar la mano”, nos decían también, cuando amagábamos con soltar un zape mal averiguado; “pues me la mojo”, gritábamos y salíamos corriendo, no fuera a ser. Pero no era muy seguido, ni tan divertido. 

Con frecuencia, y últimamente, más, pienso en las historias que guardaba Germán y que se le iban filtrando por todos los intersticios. Era un ser de historias, era un ser que tejía tramas, que imaginaba personajes, acciones, desenlaces, y a diferencia de los novelistas y cuentistas, los iba colando en su narración de la vida cotidiana, tanto en la que escribía, como en la que vivía. Siempre pensó en escribir, en poner en papel y ordenadamente esas historias, lo dice al final de Fallaste, corazón, pero nunca lo hizo. Pensó que tendría tiempo. 

Ayer, tratando de adaptar una historia para niños de tercero de primaria, recordé a la niña Patamaldita. Y como no veo mucha forma de contarla ahí, la dejo por aquí y espero que el último martes de septiembre los encuentre justos y felices.

Abrazos.

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Nota del editor (o sea, yo mero). Si desean recibir estos textos de parte de Juana Inés Dehesa (ella lo llama boletín) directo en su correo electrónico, escríbanle a su correo electrónico oyejuanaines@gmail.com y pidan que los agregue. 

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Ahora sí, adelante, Shakespeare.