La frase que da titulo a este artículo, mis meditabundos cuatro lectores, se la escuché decir a la escritora Fran Lebowitz (constante referente de este blog) en una entrevista en que le pidieron dar su opinión de la generación actual. Si desean ver un fragmento de dicha entrevista, pueden dar clic en esta liga.
Con esto afirmó que no podemos entender a los que son más jóvenes que nosotros ni a los que son mayores, pero entendemos sin problema el porqué los de nuestra misma generación piensan así, se comportan así, se visten así.
Cada vez hay más personas compartiendo su desconcierto con las generaciones que los preceden (los milenials y generación Z con los de generación X y los boomers) y las que los suceden (generación X y boomers con los milenials y generación Z).
Pero ¿saben qué? Siempre ha sido así: la generación anterior desconfía de la capacidad de la generación actual. Y así seguirá siendo in saecula saeculorum, es decir, ad nauseam.
Ahora bien, si lo que se desea es buscar culpables del desastroso resultado de la generación Milenial o la Z, les doy una pista: fíjense en los padres que los criaron. ¡Ah, caray! ¡Son de mi generación, la X!
La única manera de que una generación salga igual que la anterior (tal y como sucede en las ecuaciones matemáticas) es que los factores sean los mismos (y no hablemos de los operadores). Y estos son muchísimos. Mas la crianza tiene un papel preponderante.
Si desean continuar con esas discusiones bizantinas de «mi generación es la mejor de todas», échenle ganas.
Hasta la próxima.

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Ahora sí, adelante, Shakespeare.