sábado, 7 de marzo de 2026

"El Gladiador": 26 años después

Mis cinéfilos cuatro lectores, les cuento que el fin de semana pasado volví a ver la película El Gladiador (Gladiator), dirigida por Ridley Scott en el año 2000, y protagonizada por Russel Crowe. 

Gladiator (Ridley Scott, 2000)

Han pasado prácticamente 26 años desde que se estrenó esa película en México (mayo del 2000). En todo ese tiempo, han sucedido muchas cosas en mi vida, desde tener un estado civil diferente (soltero), estarme consolidando en mi profesión (iniciada en 1993), contar con un estado de salud casi óptimo (a la edad de 28 años), así como con buenas amistades, y mirando con ilusión y confianza el futuro. 

Recuerdo que me gustó muchísimo tanto la película como la música. ¡Qué difícil todo lo que le ocurrió al personaje principal, el general romano Maximus Decimus Meridius! Y con qué entereza lo enfrentó. Estando yo tan joven, no tenía más remedio que admirarlo.

Ahora, a mis casi 54 años, veo con otros ojos —quizá más cansados y suspicaces— lo que vivió el protagonista, y siento una mayor identificación y admiración por lo que representa.

Al estar viendo este filme, recuerdo decirle a mi esposa: "Es lo malo de vivir con principios entre quienes no los tienen". Íntegro a su filosofía de vida y fiel a su emperador, Marco Aurelio, tuvo que ver como su familia tuvo que sufrir por esa integridad. Pero ¿de qué otra forma podría ser? Era impensable que fuera de otra manera.

Lo que el nuevo emperador, Commodus (Joaquin Phoenix), consideraba como sus "virtudes" —claramente odiadas por su padre, Marco Aurelio—, solo dieron lugar a las infames acciones que la política busca como la envidia, la mentira, la conspiración, el deseo del poder por el poder, la distracción del pueblo y la destrucción de sus enemigos (asesinando a la esposa de Maximus y a su hijo, y enviando a ejecutarlo a él). ¡Oh, cómo he visto eso de cerca estos años! Así como Maximus, uno no quiere saber absolutamente nada de esa gente que actua con tanta política e hipocresía. "[...] y de estos apártate", dice el buen libro.

Cuando Lucilla (Connie Nielsen) le cuenta a Maximus acerca de un hombre que conoció (en clara referencia a él) al que admiraba por algunas características que ahora ve que ha perdido, Maximus le contesta: "Ese hombre ya no existe. Tu hermano hizo bien su trabajo". Esa dureza estaba justificada, pues junto a su integridad y su esperanza de volver a ver a su esposa e hijo en el más allá, era lo único que le permitía seguir viviendo. Lo entiendí.

Su compañero Juba (Djimon Hounsou), con quien Maximus entabla una amistad al estar esclavizado y luchar juntos en la arena, cuando escucha a la multitud gritar ¡Maximus! ¡Maximus!, le dice: "Tienen que destruir tu nombre antes de poder destruirte a ti".

Aunque suena muy bien e impactante esa frase, no creo que Maximus estuviera de acuerdo con ella. ¿Por qué lo creo? Porque ahora que he estado leyendo más sobre el estoicismo (Diario para estoicos, de Ryan Holiday y Stephen Hanselman, y El obstáculo es el camino, de Ryan Holiday), me queda claro que un estoico de buena cepa —como lo era el emperador Marco Aurelio, quien seguramente enseñó a Maximus, al que consideraba como un hijo— sabe que lo primero que tiene que tener claro es qué controla y que no; de esta manera, se enfoca en aquello que sí depende de él, y no pierde tiempo ni energía con cosas que no puede controlar, entre ellas la reputación. Como dice la frase popular: "Lo que piensen de mí, no es asunto mío".

Si les interesa ver un video donde este autor, Ryan Holiday, habla de algunas lecciones del estoicismo de esta película, aquí le dejo la liga (dar clic aquí).

Al final, haciendo su mayor esfuerzo (como todos debemos) cumple con lo que se había propuesto, logrando que el sueño de su amado emperador Marco Aurelio tenga oportunidad de realizarse, aunque para eso tenga que confiar en que existe al menos un político que quiere hacer las cosas bien (es verdad, son sumamente poquísimas, pero existen algunas buenas personas). Entonces, al ver su obra terminada, se nos achica el corazón y anuda la garganta cuando Maximus ve de nuevo a su esposa e hijo que lo esperan en el más allá, donde la fe en que él cree le dice que estarán.

Hay tantas lecciones estoicas más que aprender: ser sencillo y no buscar la grandeza, trabajar hombro a hombro con tu gente y no enviarlos solos a guerrear, saber encontrar la belleza en las cosas que nos rodean (esa escena inicial del pájaro es sublime), tener claro tu rumbo y seguirlo, entre muchas más.

¡Ah! Por supuesto, como olvidar esta lección de oro: Memento Mori.

Apreciados lectores, si tienen la oportunidad, les recomiendo volver a ver esta película con otros ojos. Si alguno no la ha visto… ¡ups!, una disculpa por los pequeños spoilers.


Hasta la próxima.


1 comentario:

Gracias por tu comentario. Este será revisado, y en caso de pasar un estricto control de calidad (ja ja ja ja, hasta yo me la creí), se decidirá si pasa a la catafixia (donde puede mejorar o empeorar, no lo sabemos). Si eres un bot, ni lo intentes. Si no lo eres, pero quieres serlo, busca ayuda amigo(a).
Ahora sí, adelante, Shakespeare.