sábado, 14 de marzo de 2026

La leyenda de Athör | por Eslem Torres (aka Mr. Moustache)

Mis queridos cuatro lectores, con gran placer les notifico que las intensas negociaciones en que nos involucramos fueron finalmente exitosas, por lo que pudimos hacernos de los derechos de publicación de una nota que fue originalmente editada en el blog In Cervesio, bajo la autoría de su siempre Serenísima y Jocosa Majestad: Mr. Moustache (conocido en los barrios bajos, la deep y la dark web como Eslem Torres).

Me interesa que lean dicho artículo, pues en breve pondré la evaluación de la cerveza que aparece al final de este, y creo que será más interesante si conocen su historia.

Gracias, Eslem, por dar tu magnánima e inmerecida bendición a este humilde blog (we're not worthy). 

Nota: tanto el texto como las imágenes son las originalmente publicadas.


La leyenda de Athör

Por: Eslem Torres

Una de las historias que más me gusta contar cuando hay cerveza alemana en la mesa, así como gente importante y estudiada —además de algunos considerables niveles de alcohol en la sangre— es la siguiente:


Durante la Cuaresma, los monjes tenían que ofrecer su alimentación como tributo, un castigo que pagar, el cual consistía en que, durante esos días, no podía pasar alimento sólido por sus bocas. Aunque ellos consideraban a la cerveza como un alimento, esta no incluía aún los suficientes niveles calóricos para poder vivir tranquilamente. Vaya, la idea era que fuera un sufrimiento.

 

Athör era un joven monje de la hermandad Paulaner, algo rebelde con las tradiciones, pero no había un solo compañero de la congregación con tanta creatividad y disciplina como él. De hecho, se le adjudican varios descubrimientos cerveceros que crearon los monjes. Él estaba consciente de que debían respetar la Cuaresma, pero se le hacía absurdo que tuvieran que sufrirla de esa manera, por lo que empezó a diseñar una bebida que fuera un verdadero pan líquido.

 

Jugó con los ingredientes, aplicó métodos que él mismo había desarrollado, y así, después de meses de buscar la respuesta, creó la Doppelbock.


Para sus hermanos, no había más que alegría en la Cuaresma; una potente cerveza que, además de satisfacerlos alimentariamente hablando, con su alto nivel alcohólico les brindaba una alegría perpetua durante la época en que deberían de estar penando. Eso fue algo que las congregaciones hermanas (con las cuales Athör no compartió el secreto de la Doppelbock) no veían con buenos ojos, por lo que, en una acción de envidia, fueron hacía el Papa para explicarle la situación.

 

El Santo Padre, molesto por las provocaciones de los Paulaner, mandó un ultimátum a ellos: o dejaban de producir su herética cerveza o serían excomulgados , además de colgados por atreverse a desafiar las santas tradiciones de la Cuaresma. Esto es la iglesia, no se supone que deba ser divertida gritaba molesto el Papa cuando envió sus deseos a los monjes alemanes.


Todos estaban decididos a prohibirle a Athör su método cervecero, aunque con una enorme tristeza, pues había sido su salvación durante algunos años para sobrevivir los días santos. Este joven monje, en un último intento para salvar a su hermandad del sufrimiento, tomó una importante decisión: llevaría al Santo Padre un barril de su famosa Doppelbock para que él mismo probara las virtudes y delicias de su creación, y así lograr recibir el perdón del monarca para seguir produciendo su brebaje y que los hermanos estuvieran tranquilos.

 

Todos los Paulaner estaban de acuerdo. No había nada que perder, por lo que encargaron a Athör que hiciera la Doppelbock más deliciosa que jamás hubiera creado; la llevaría él mismo a Roma y le explicaría al Papa las razones por las cuales se atrevieron a hacer esa pecaminosa cerveza. Si no podía hacerlo él, nadie más lo haría.

 

Una vez que estuvo lista la extraordinaria bebida, Athör se despidió de sus compañeros y llevó el barril desde Alemania hasta Roma. Sufrió horribles tormentas, despiadadas temperaturas, intensos soles; pero al final, después de varias semanas, llegó hasta la Santa Sede, donde ya lo esperaba el Papa.

 

Athör mostro sus respetos, y le comento las propiedades que se le atribuían a su cerveza: como era un gran sustituto a los alimentos y podían sobrevivir perfectamente durante la Cuaresma sin peligro a descompensarse y morir. Utilizó todo su arsenal de conocimiento de la doctrina religiosa, logrando captar la atención del Santo Padre, el cual decidió que probaría la cerveza para dar definitivamente su opinión final. Pero había un truco detrás, el Papa comentó que si la cerveza era tan deliciosa como lo decía Athör, tendría que excomulgarlos porque entonces estarían disfrutando algo extraordinariamente bueno en la época de guardar más importante para la iglesia. El monje alemán se sentía devastado y veía venir la muerte, pues había creado la Doppelbock más deliciosa que jamás habían hecho los Paulaner. Cuando el Papa llevo su cáliz a los labios, Athör cerró los ojos esperando lo peor.

 

El monarca religioso escupió con tal fervor y disgusto , que los guardias pensaron que era un veneno y acorralaron al monje para asesinarlo, cuando el Santo Padre los paró y dijo unas palabras:

 

—¿Esta es la cerveza de la que tanto has hablado? ¿La que los demás tanto envidian? ¿Lo que beben ustedes durante la Cuaresma?

—Así es su Excelencia. Puedo decir que esta, en especial, fue la que con más empeño hicimos; todos mis hermanos y yo coincidimos en que era bastante digna de la época. 

—Me parece asquerosa, imbebible, agria, intomable. No veo, en verdad, una razón por la cual beban esto. Me parece un gran sufrimiento cada trago que di. Por lo que veo, solo me han infundido mentiras generadas por envidias; no sé qué conflicto tienen con sus hermanos de otras abadías, pero supongo que esto solo fue su excusa para eliminarlos. Ustedes, los Paulaner, son buenos monjes; me agradan, y viendo que en Cuaresma sufren más que todos nosotros, les permitiré seguir haciendo su brebaje. Vete, antes de que cambie de opinión. Y llévate tu barril contigo, que no quiero volverlo a ver.


Al retirarse de Roma, Athör no se explicaba que había pasado, pues estaba seguro que esta cerveza no era nada menos que extraordinaria, su mejor creación sin duda; él mismo la había seleccionado entre varios barriles que tenían. Se decidió a darle un trago… y escupió. ¡Su gran creación no era más que un horrible vinagre! Pensó en todo lo que hizo desde que salió de su abadía hasta llegar a Roma, y fue cuando descubrió que el horrendo clima había hecho de las suyas, destrozando su cerveza. Era eso o que el mismo Dios intervino en su rescate.

Llegó con sus hermanos y les contó lo sucedido. No hubo más que alegría y emoción por parte de los Paulaner. Athör siguió produciendo esa cerveza año tras año, la cual ahora los monjes llamaban Salvator (Salvación) en honor a su creador.




Con el paso del tiempo, las demás cervecerías fueron clonando esta Salvator, ya que empezaron a buscar la forma de hacer ellos mismos su Doppelbock, pero respetando a su creador y la manera en que había logrado conseguir el perdón papal. Todas las cervezas terminaban con el sufijo –ator. Por eso, tenemos además de la Paulaner Salvator otras como Spaten Optimator, Ayinger Celebrator, Ballast Point Navigator, Tucher Bajuvator y demás.

 

Esa es, sin duda, una de mis historias favoritas, de mi estilo alemán favorito. Honrar esta Cuaresma bebiendo Salvator es lo menos que podemos hacer. Por supuesto, yo estoy en ello.

 

Nos estamos leyendo

Mr. Moustache

 

NOTA: Evidentemente es una historia falsa, pero basada en una leyenda real.


Fin del artículo original.


El consumo de vino afecta su capacidad para conducir u operar maquinaria. Nunca beba y conduzca.


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Ahora sí, adelante, Shakespeare.