Mis queridos cuatro lectores, con gran placer les notifico que las intensas negociaciones en que nos involucramos fueron finalmente exitosas, por lo que pudimos hacernos de los derechos de publicación de una nota que fue originalmente editada en el blog In Cervesio, bajo la autoría de su siempre Serenísima y Jocosa Majestad: Mr. Moustache (conocido en los barrios bajos, la deep y la dark web como Eslem Torres).
Me interesa que lean dicho artículo, pues en breve pondré la evaluación de la cerveza que aparece al final de este, y creo que será más interesante si conocen su historia.
Gracias, Eslem, por dar tu magnánima e inmerecida bendición a este humilde blog (we're not worthy).
Nota: tanto el texto como las imágenes son las originalmente publicadas.
La leyenda de Athör
Por: Eslem Torres
Una de las historias que más me gusta contar cuando hay cerveza alemana en la mesa, así como gente importante y estudiada —además de algunos considerables niveles de alcohol en la sangre— es la siguiente:
Athör era un joven monje de la hermandad Paulaner, algo
rebelde con las tradiciones, pero no había un solo compañero de la congregación
con tanta creatividad y disciplina como él. De hecho, se le adjudican varios
descubrimientos cerveceros que crearon los monjes. Él estaba consciente de que
debían respetar la Cuaresma, pero se le hacía absurdo que tuvieran que sufrirla
de esa manera, por lo que empezó a diseñar una bebida que fuera un verdadero pan
líquido.
Jugó con los ingredientes, aplicó métodos que él mismo había
desarrollado, y así, después de meses de buscar la respuesta, creó la
Doppelbock.
El Santo Padre, molesto por las provocaciones de los Paulaner, mandó un ultimátum a ellos: o dejaban de producir su herética cerveza o serían excomulgados , además de colgados por atreverse a desafiar las santas tradiciones de la Cuaresma. Esto es la iglesia, no se supone que deba ser divertida gritaba molesto el Papa cuando envió sus deseos a los monjes alemanes.
Todos estaban decididos a prohibirle a Athör su método cervecero,
aunque con una enorme tristeza, pues había sido su salvación durante
algunos años para sobrevivir los días santos. Este joven monje, en un último
intento para salvar a su hermandad del sufrimiento, tomó una importante
decisión: llevaría al Santo Padre un barril de su famosa Doppelbock para que él
mismo probara las virtudes y delicias de su creación, y así lograr recibir el
perdón del monarca para seguir produciendo su brebaje y que los hermanos
estuvieran tranquilos.
Todos los Paulaner estaban de acuerdo. No había nada que
perder, por lo que encargaron a Athör que hiciera la Doppelbock más deliciosa
que jamás hubiera creado; la llevaría él mismo a Roma y le explicaría al Papa
las razones por las cuales se atrevieron a hacer esa pecaminosa cerveza. Si no
podía hacerlo él, nadie más lo haría.
Una vez que estuvo lista la extraordinaria bebida, Athör se despidió de sus
compañeros y llevó el barril desde Alemania hasta Roma. Sufrió horribles
tormentas, despiadadas temperaturas, intensos soles; pero al final, después de
varias semanas, llegó hasta la Santa Sede, donde ya lo esperaba el Papa.
Athör mostro sus respetos, y le comento las propiedades que
se le atribuían a su cerveza: como era un gran sustituto a los alimentos y
podían sobrevivir perfectamente durante la Cuaresma sin peligro a
descompensarse y morir. Utilizó todo su arsenal de conocimiento de la doctrina
religiosa, logrando captar la atención del Santo Padre, el cual decidió que
probaría la cerveza para dar definitivamente su opinión final. Pero había un
truco detrás, el Papa comentó que si la cerveza era tan deliciosa como lo decía
Athör, tendría que excomulgarlos porque entonces estarían disfrutando algo
extraordinariamente bueno en la época de guardar más importante para la
iglesia. El monje alemán se sentía devastado y veía venir la muerte, pues había
creado la Doppelbock más deliciosa que jamás habían hecho los Paulaner. Cuando
el Papa llevo su cáliz a los labios, Athör cerró los ojos esperando lo peor.
El monarca religioso escupió con tal fervor y disgusto , que
los guardias pensaron que era un veneno y acorralaron al monje para asesinarlo, cuando el Santo Padre los paró y dijo unas palabras:
—¿Esta es la cerveza de la que tanto has hablado? ¿La que
los demás tanto envidian? ¿Lo que beben ustedes durante la Cuaresma?
—Así es su Excelencia. Puedo decir que esta, en especial, fue la que con más empeño hicimos; todos mis hermanos y yo coincidimos en que
era bastante digna de la época.
—Me parece asquerosa, imbebible, agria, intomable. No veo, en verdad, una razón por la cual beban esto. Me parece un gran sufrimiento cada
trago que di. Por lo que veo, solo me han infundido mentiras generadas por
envidias; no sé qué conflicto tienen con sus hermanos de otras abadías, pero
supongo que esto solo fue su excusa para eliminarlos. Ustedes, los Paulaner, son
buenos monjes; me agradan, y viendo que en Cuaresma sufren más que todos
nosotros, les permitiré seguir haciendo su brebaje. Vete, antes de que cambie de
opinión. Y llévate tu barril contigo, que no quiero volverlo a ver.
Al retirarse de Roma, Athör no se explicaba que había pasado, pues estaba seguro que esta cerveza no era nada menos que extraordinaria, su mejor creación sin duda; él mismo la había seleccionado entre varios barriles que tenían. Se decidió a darle un trago… y escupió. ¡Su gran creación no era más que un horrible vinagre! Pensó en todo lo que hizo desde que salió de su abadía hasta llegar a Roma, y fue cuando descubrió que el horrendo clima había hecho de las suyas, destrozando su cerveza. Era eso o que el mismo Dios intervino en su rescate.
Llegó con sus hermanos y les contó lo sucedido. No hubo más que alegría y emoción por parte de los Paulaner. Athör siguió produciendo esa cerveza año tras año, la cual ahora los monjes llamaban Salvator (Salvación) en honor a su creador.
Esa es, sin duda, una de mis historias favoritas, de mi
estilo alemán favorito. Honrar esta Cuaresma bebiendo Salvator es lo menos que
podemos hacer. Por supuesto, yo estoy en ello.
Nos estamos leyendo
Mr. Moustache
NOTA: Evidentemente es una historia falsa, pero
basada en una leyenda real.
Fin del artículo original.
El consumo de vino afecta su capacidad para conducir u operar maquinaria. Nunca beba y conduzca.



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Ahora sí, adelante, Shakespeare.