viernes, 22 de mayo de 2026

¡¿Que para qué tomarse la molestia de escribir!?

Mis siempre nobles y generosos cuatro lectores, con tan grandes avances que han alcanzado las herramientas de inteligencia artificial (IA), quizás haya alguien que pueda preguntarse que para qué tomarse la molestia de escribir.

Foto de pxhere.com

¿Y por qué pudieran pensar eso, criatura?, tal vez se pregunte alguno. Porque ahora hay procesadores de palabras como el Microsoft® Word que incluyen una función de IA con su aplicación Copilot, la que te puede quitar la molestia de pensar y hasta de teclear. Solo basta con rellenar el área donde dice Describa lo que le gustaría redactar con Copilot…


¿Que qué?

Personalmente, parece que el Word me estuviera diciendo: sé que estás bien tontito, déjame hacer el trabajo a mí.


Concuerdo totalmente con el comediante Jerry Seinfeld cuando dijo en una graduación de una universidad, no hace mucho tiempo, que al contrario del eslogan de la marca Nike®, el eslogan de la IA sería: You just can't do it

Pareciera que la humanidad ha perdido la fe en sí misma.


Estamos perdiendo el verdadero objetivo de tener una máquina que te ayude o simplifique el trabajo. 



Se supone que la razón de ser de cualquier herramienta es ayudarte a realizar más fácilmente la tarea. Quienes alguna vez echamos mano de un cuchillo mantequillero al no tener cerca un desarmador lo tenemos más que claro.

Voy un poco más allá con las herramientas informáticas: son una maravilla cuando permiten automatizar tareas repetitivas y tediosas que no agregan valor al proceso y, al contrario, liberan a las personas para que puedan usar su inteligencia y su tiempo en cosas que verdaderamente generen valor.

Incluso, aterrizando el tema a lo cotidiano: esos robots que limpian el piso de manera autómata son una preciosidad. 

Pero en el asunto de quitarte la molestia de pensar, no estoy de acuerdo.

Recuerdo que siendo joven leí una frase —tal vez al final de un artículo de una revista Selecciones— que se me quedó muy grabada y decía lo siguiente: 

«La máquina es rápida, precisa y estúpida. El hombre es lento, impreciso y brillante»

La frialdad de la máquina nunca podrá igualar la calidez humana. Coincido con lo que Juan Villoro escribió: 

«Solo las manos verdaderas escriben poemas verdaderos. […] Los versos y las manos apelan al contacto con el otro, al 'misterio del encuentro'. El robot ya ata los zapatos, pero no necesita otras manos».


¿A qué puedo asemejar un poema, una canción, un texto redactado por un ser humano en comparación con una inteligencia artificial?

¿Cuál prefieres? ¿Una deliciosa tortillita nixtamalizada hecha cuidadosa y conscientemente a mano?


¿O una triste y aburrida tortilla escupida, como miles más, por una ruidosa máquina?


Así que: no, gracias; no necesito que hagan mi redacción, Word y Copilot. Yo puedo solo. Y, a diferencia de ustedes, disfruto haciéndolo.


Hasta la próxima.


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Ahora sí, adelante, Shakespeare.