viernes, 22 de mayo de 2026

Uso y abuso de la inteligencia artificial (IA) | por Rafa Ibarra


 

Uso y abuso de la inteligencia artificial (IA)

Autor: Rafael Ibarra Mojica

Use it or lose it. Así han denominado los neurólogos a un mecanismo utilizado por nuestros cerebros que puede explicarse sencillamente así: mientras más utilices herramientas externas para realizar tareas o resolver problemas en vez de usar tu cerebro, más pronto perderás esa capacidad de hacerlo tú mismo.

¿Acaso es una exageración? Desafortunadamente la evidencia demuestra que no: expertos explicaron ante el Senado de Estados Unidos que la generación Z es la primera en la historia moderna en registrar un rendimiento inferior a sus progenitores en mediciones de atención básica, memoria, alfabetización y coeficiente intelectual.

¿Para qué memorizar algo si con Google puedo buscar cualquier información en el momento que quiera, desde el lugar que quiera, con mi dispositivo móvil?

¿Cuál es la necesidad de desarrollar mi capacidad de análisis, de abstracción, de síntesis, de comprensión (las llamadas habilidades de pensamiento) si puedo pedirle a una herramienta de inteligencia artificial que piense por mí?

            ¿Qué uso tiene aprender a redactar correctamente (sintaxis, semántica, ortografía, puntuación) si una herramienta de IA puede escribir por mí los ensayos, la tesis y posteriormente los correos electrónicos y las presentaciones que mi profesión precise?

¿Por qué desperdiciar el tiempo aprendiendo a sumar, restar, dividir y multiplicar si mi dispositivo móvil puede resolver incluso operaciones más complejas?

            Cada una de estas preguntas retóricas se siente como un golpe a mi pensamiento crítico, aunque esa última es una estocada directa a mi corazón físico matemático que aprendió que cada asignatura estudiada —y a veces, odiada— era la base para acceder a conocimientos más complejos y desarrollar mejores competencias.

            Debo decir que me preocupa enormemente el derrotero al que nos ha conducido el uso y abuso de la inteligencia artificial (IA). Creo que lejos de traerle un beneficio a las personas, facilitándoles la vida, las está perjudicando grandemente. Y no solo a nivel cognitivo, que ya de por sí es algo alarmante, sino que existe algo más grave en lo que he meditado en fechas recientes. Procedo a explicarlo.

            Primero, debemos saber que protestar por facilitarle la vida a los jovencitos en sus deberes escolares no es algo nuevo. Cuando a finales de los años 1970 se permitió en las escuelas de los Estados Unidos que los estudiantes utilizaran calculadoras de bolsillo hubo voces que protestaron. ¿Cuáles fueron sus argumentos? Obviamente, algunos mayores sintieron que si a ellos les tomó tres años aprender a hacer divisiones grandes, a los jovencitos debería costarles otro tanto. Pero hubo una argumentación que me llamó mucho la atención: las calculadoras de bolsillo inducen a los niños a pensar que tienen en su mano todas las respuestas. Lo anterior mirado desde el punto de vista de que es antinatural que un niño pueda dividir 17.3 entre 945.8 en un segundo.

            Las calculadoras de bolsillo inducen a los niños a pensar que tienen en su mano todas las respuestas. Reflexionando en esta frase es que observé el verdadero peligro: cuando somos niños, estamos en nuestros primeros años de formación, por lo que es imprescindible reconocernos ignorantes de muchas cosas: darnos cuenta de que no sabemos todo, de que no podemos todo. Ser consciente de esto te ayuda a desarrollar dos virtudes lastimosamente escasas hoy día: la modestia y la humildad.

También es imperativo para cada uno comprender que, si te esfuerzas por aprender, lo conseguirás. Te va a costar, quizás mucho, pero valdrá la pena. El aprendizaje mismo será tu premio; algo que nadie te regaló, sino que tú mismo te granjeaste. Es tuyo por mérito propio. Este es el otro grave riesgo que ya estamos sufriendo: quienes abusan de la IA no pueden desarrollar el sentido de logro de quien sí se esforzó por aprender y tiene un mérito real y auténtico por lo que hizo.

En conclusión, creo que las generaciones «viejas» tenemos el deber de no facilitar demasiado las cosas a la generación actual. En vez de eso, debemos enseñarles a esforzarse y a adquirir un sentido de logro verdadero.

Créanme: para eso no hay —ni habrá nunca— una app.

Use it or lose it.


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Ahora sí, adelante, Shakespeare.