Uso y abuso de la inteligencia artificial (IA)
Autor:
Rafael Ibarra Mojica
Use
it or lose it. Así
han denominado los neurólogos a un mecanismo utilizado por nuestros cerebros que
puede explicarse sencillamente así: mientras más utilices herramientas externas
para realizar tareas o resolver problemas en vez de usar tu cerebro, más pronto
perderás esa capacidad de hacerlo tú mismo.
¿Acaso es una exageración? Desafortunadamente
la evidencia demuestra que no: expertos explicaron ante el Senado de Estados
Unidos que la generación Z es la primera en la historia moderna en registrar un
rendimiento inferior a sus progenitores en mediciones de atención básica,
memoria, alfabetización y coeficiente intelectual.
¿Para qué memorizar algo si con Google
puedo buscar cualquier información en el momento que quiera, desde el lugar que
quiera, con mi dispositivo móvil?
¿Cuál es la necesidad de
desarrollar mi capacidad de análisis, de abstracción, de síntesis, de
comprensión (las llamadas habilidades de pensamiento) si puedo pedirle a una
herramienta de inteligencia artificial que piense por mí?
¿Qué uso tiene aprender a redactar
correctamente (sintaxis, semántica, ortografía, puntuación) si una herramienta
de IA puede escribir por mí los ensayos, la tesis y posteriormente los
correos electrónicos y las presentaciones que mi profesión precise?
¿Por qué desperdiciar el tiempo
aprendiendo a sumar, restar, dividir y multiplicar si mi dispositivo móvil
puede resolver incluso operaciones más complejas?
Cada una de estas preguntas
retóricas se siente como un golpe a mi pensamiento crítico, aunque esa última es
una estocada directa a mi corazón físico matemático que aprendió que cada asignatura
estudiada —y a veces, odiada— era la base para acceder a conocimientos más
complejos y desarrollar mejores competencias.
Debo decir que me preocupa
enormemente el derrotero al que nos ha conducido el uso y abuso de la
inteligencia artificial (IA). Creo que lejos de traerle un beneficio a las
personas, facilitándoles la vida, las está perjudicando grandemente. Y no solo
a nivel cognitivo, que ya de por sí es algo alarmante, sino que existe algo más
grave en lo que he meditado en fechas recientes. Procedo a explicarlo.
Primero, debemos saber que protestar
por facilitarle la vida a los jovencitos en sus deberes escolares no es algo
nuevo. Cuando a finales de los años 1970 se permitió en las escuelas de los
Estados Unidos que los estudiantes utilizaran calculadoras de bolsillo hubo
voces que protestaron. ¿Cuáles fueron sus argumentos? Obviamente, algunos mayores
sintieron que si a ellos les tomó tres años aprender a hacer divisiones
grandes, a los jovencitos debería costarles otro tanto. Pero hubo una argumentación
que me llamó mucho la atención: las calculadoras de bolsillo inducen a los
niños a pensar que tienen en su mano todas las respuestas. Lo anterior mirado
desde el punto de vista de que es antinatural que un niño pueda dividir 17.3
entre 945.8 en un segundo.
Las calculadoras de bolsillo
inducen a los niños a pensar que tienen en su mano todas las respuestas.
Reflexionando en esta frase es que observé el verdadero peligro: cuando somos
niños, estamos en nuestros primeros años de formación, por lo que es
imprescindible reconocernos ignorantes de muchas cosas: darnos cuenta de que no
sabemos todo, de que no podemos todo. Ser consciente de esto te ayuda a
desarrollar dos virtudes lastimosamente escasas hoy día: la modestia y la
humildad.
También es imperativo para cada uno
comprender que, si te esfuerzas por aprender, lo conseguirás. Te va a costar,
quizás mucho, pero valdrá la pena. El aprendizaje mismo será tu premio; algo
que nadie te regaló, sino que tú mismo te granjeaste. Es tuyo por mérito
propio. Este es el otro grave riesgo que ya estamos sufriendo: quienes abusan
de la IA no pueden desarrollar el sentido de logro de quien sí se esforzó por
aprender y tiene un mérito real y auténtico por lo que hizo.
En conclusión, creo que las
generaciones «viejas» tenemos el deber de no facilitar demasiado las
cosas a la generación actual. En vez de eso, debemos enseñarles a esforzarse y
a adquirir un sentido de logro verdadero.
Créanme: para eso no hay —ni habrá
nunca— una app.
Use it or lose it.

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