Mis queridos y versados cuatro lectores, si algún científico influenció a mi generación para aumentarnos la curiosidad e interesarnos más en la ciencia fue sin duda Carl Sagan , quien obtuvo su Maestría en Física y Doctorados en Astronomía y Astrofísica. Fue un gran divulgador de la ciencia que se dio a conocer a nivel mundial en 1980 gracias a su serie documental llamada Cosmos.
Les dejo aquí abajo el tráiler de esa famosísima serie, la cual hace que se nos ponga la piel chinita a sus fans al escuchar la magnífica música que el laureado compositor griego Vangelis creó para los trece capítulos que duró (en esta liga encuentran el playlist).
Carl Sagan luego publicó un libro basado en dicho documental que se convirtió en un bestseller de inmediato ante un público ávido, deseoso de conocer más de ciencia.
Pues les cuento, apreciados lectores, que estoy leyendo otro libro de Carl Sagan (escribió varios), publicado originalmente en 1995, que tiene como título El mundo y sus demonios: La ciencia como una luz en la oscuridad (Booklet, 2023).
Este libro me deja más que claro algo que todo el mundo sabía sobre Sagan: era un defensor del método científico y el pensamiento crítico. En lo personal, como un egresado de una facultad de ciencias exactas y con gran aprecio por la ciencia en general, me hace mucho sentido que él haya defendido tanto el ser escéptico y no aceptar inmediatamente y sin pruebas lo que se pretende hacer pasar como una verdad. Hoy día, el pensamiento crítico está en franca caída, y su desuso aumenta por el peligro de la utilización indiscriminada que los más jóvenes (y unos no tan jóvenes) hacen de la inteligencia artificial.
He decidido llamar a esta nueva sección del blog Carlsagueando ando para publicar artículos inspirados en mi lectura de libros y artículos, así como en videos de Carl Sagan. Este será el primero.
Al inicio de su libro El mundo y sus demonios… Carl Sagan menciona a un taxista que lo reconoce como el famoso científico y que lo llevará a su destino, mas quiere aprovechar el viaje para preguntarle sobre asuntos que creía él le podría aclarar. Sagan escribe:
«Y nos pusimos a hablar. Pero no de ciencia. Él quería hablar de los extraterrestres congelados que languidecían en una base de las Fuerzas Aéreas cerca de San Antonio, de 'canalización' (una manera de oír lo que hay en la mente de los muertos… que no es mucho, por lo visto), de cristales, de las profecías de Nostradamus, de astrología, del sudario de Turín… Presentaba cada uno de estos portentosos temas con un entusiasmo lleno de optimismo. Yo me veía obligado a decepcionarlo cada vez.
—La prueba es insostenible— le repetía una y otra vez—. Hay una explicación mucho más sencilla».
Pasa entonces a explicar que ese taxista, aunque quería saber de ciencia, prácticamente no había oído nada de ciencia moderna; esta había sido purgada antes de llegar a él. «Nunca le habían enseñado a distinguir la ciencia de la burda imitación. No sabía nada del funcionamiento de la ciencia». Pero Sagan se daba cuenta de que no era culpa de este individuo (ni de tantos millones iguales a este), sino que en parte era falla del sistema educativo, de los recursos naturales y los medios de comunicación. A lo que al taxista le llamaba la atención, Carl Sagan lo llamaba pseudociencia, pues esta no pasa la prueba en absoluto al aplicar el método científico y el pensamiento crítico.
Me impactó leer lo que Sagan menciona de un texto que Hipócrates de Cos (Cos, c. 460 a. C.-Tesalia c. 370 a. C.), el padre de la medicina, escribió: «Los hombres creen que la epilepsia es divina, meramente porque no la pueden entender. Pero si llamasen divino a todo lo que no pueden entender, habría una infinidad de cosas divinas». Hipócrates introdujo elementos del método científico en el diagnóstico de las enfermedades. Claro que esto mejoraría con el avance del tiempo, ¿verdad? ¿Verdad? Desafortunadamente, no. El mismo Sagan explica: «Mientras en el mundo islámico florecía la medicina, en Europa se entró realmente en una edad oscura. […] Abundaba la confianza en la oración y las curaciones milagrosas».
Así es, además de la pseudociencia, algo que ha hecho mucho daño a la humanidad ha sido el extremismo en las creencias religiosas. Carl Sagan hace este apunte: «Podemos rezar por una víctima del cólera o podemos darle quinientos miligramos de tetraciclina cada doce horas. (Todavía hay una religión, la 'ciencia cristiana', que niega la teoría del germen de la enfermedad; si falla la oración, los fieles de esta secta preferirían ver morir a sus hijos antes que darles antibióticos)».
Además, menciona otras cosas que sucedían en pleno año de 1995, a finales del siglo 20, tales como que «Todavía hoy se queman 'brujas' en Sudáfrica». Y lo verifiqué: era cierto. Aquí les comparto la liga a The Seattle Times donde se menciona una de esas noticias (dar clic aquí para leerla). En esta otra liga encuentran una copia de esa misma noticia (dar clic aquí). Menciona también que en esa misma época «En Tailandia se tratan enfermedades con pastillas fabricadas con Escrituras Sagradas pulverizadas». Háganme el recanijo favor. Y menciona muchas otras barbaridades similares, todas avaladas por algunas religiones.
Cuando se deja de lado la ciencia, junto con su pensamiento crítico y escepticismo necesarios, la superstición y el control de las voluntades comete este tipo de locuras.
«¿A qué intereses sirve la ignorancia», es una pregunta lapidaria que hace Sagan.
Una frase que Carl Sagan escribió en este libro, la cual tras leerla y meditarla he hecho mía, es la siguiente:
«Para mí es mucho mejor captar el universo como es en realidad que persistir en el engaño, por muy satisfactorio y reconfortante que sea».
Si como a mí, a ustedes también les parecieron atroces los actos mencionados arriba por Sagan respecto a las «brujas» y los medicamentos «milagrosos» en 1995, imagínense ahora, en pleno siglo 21, año 2026, que el líder de una secta religiosa en Kenia haya ordenado a sus seguidores dejar de morir de hambre a sus hijos porque ya iban pronto a encontrarse con Jesucristo. ¡Y esos padres le obedecieron!
Les dejo aquí la liga a la noticia publicada por un medio tan serio como lo es la BBC de Londres (dar clic en esta liga).
Parafraseando a Sagan, el líder de esta secta los engañó con algo «muy satisfactorio y reconfortante»: la muy próxima venida de Jesucristo.
Creo, sin temor a equivocarme, que pocas cosas son tan despreciables en este mundo como esos líderes religiosos que a sus muy fuertemente adoctrinados (y mentalmente cautivos) seguidores les dan instrucciones que ponen en evidente peligro su salud y su vida. Los engañados adeptos son capaces de justificar su muerte pensando que cumplen con la palabra de su «Dios». Eso es un acto criminal.
Y algunos líderes de sectas que hacen cosas como estas dirán que ellos no obligaron a nadie, que fue decisión de conciencia personal de la víctima. Y así, como si nada, se lavan las manos.
Esos líderes merecen la cárcel, ser llamados para responder por su culpabilidad.
Como ya lo escribí antes (dar clic aquí para leerlo), así es como funcionan las sectas destructivas.
Haciendo punto y aparte, les comento que publicaré más artículos con base en lo que Carl Sagan hizo, dijo o escribió. Hay cosas muy interesantes respecto a este hombre de ciencia, como ¿qué pensaba de la fe?
No se lo pierdan.
Hasta la próxima.





Buenísimo
ResponderEliminarEsperando ya los que siguen