domingo, 22 de marzo de 2026

Observando el mundo | Rolland y Parker: ¿héroes o villanos?

El viernes 20 de marzo de 2026 murió Michel Rolland.

—¿Y quién era ese señor?— se preguntarán, mis apreciados cuatro lectores.

Quienes tenemos un rato en el mundo del vino sabemos que él era un enólogo muy conocido en el negocio vitivinícola. Algunos dirán que era famoso; otros, que era infame.

Por ejemplo, si buscan en Google las noticias recientes sobre Rolland, encontrarán varias como la que pueden leer en esta liga, a la cual titularon: "Murió Michel Rolland, el enólogo francés que impulsó el vino argentino y dejó su huella en los Valles Calchaquíes". De hecho, hay muchas notas por ese estilo.

Es decir, para esas personas, era un héroe.

Entonces, ¿cuál es su lado de villano? El que se mostró en el documental del 2004 llamado Mondovino (ver el trailer aquí), de Jonathan Nossiter, en el que expuso como la tríada formada por él (como enólogo), por el influyente crítico de vinos Robert Parker y el poderoso vitivinicultor Robert Mondavi, estaban borrando la individualidad de los viñedos y sus vinos, para establecer un estándar a su modo.

De ahí la ironía del póster de ese documental, en el que aparece un avión "bombardeando" con botellas —obviamente, con el gusto de los tres individuos mencionados— toda la Tierra. A Michel Rolland se le conocía como un flyingwinemaker, porque se la pasaba visitando viñedos de todo el mundo dando sus asesorías enológicas.

Mondovino (Jonathan Nossiter, 2004)

¿De qué es lo que acusaba Nossiter a este trío? De algo muy sencillo que trataré de explicar de la misma manera: el enólogo (Rolland), en las bodegas que lo contratan, sustituye la personalidad natural de la uva y el terruño, e impone su propio estilo estandarizándolo en todas; el crítico de vinos (Parker), con su propio método para calificarlos —llamado los Puntos Parker— que usa en la revista especializada Wine Advocate para la que escribe, favorece los vinos que hace Rolland dándoles siempre puntuaciones altas; finalmente, el poderoso hombre de negocios Mondavi, tanto en sus viñedos de Estados Unidos como los que se pone a comprar por todo el mundo, aplica el método Rolland-Parker para que sus productos sean los más caros y buscados del mercado.


Cabe aclarar que Robert Mondavi murió en 2008, y que Robert Parker se retiró en 2019 de la revista Wine Advocate, pero su método de calificación aún se utiliza. Posiblemente, lleguen a ver algunos vinos con un letrerito colgado en el cuello de la botella, o que diga en la descripción de este en la tienda o la página de internet donde lo vendan algo así como RP 90. Eso quiere decir que obtuvo 90 Puntos Parker.

Aunque en el año 2004 todavía no se establecía el vocablo influencer (o influenciador, en español), eso es lo que era Robert Parker para el mundo del vino. Él probaba vinos y en la columna para la revista que escribía daba sus calificaciones. Eso es todo lo que a ciencia cierta podemos saber qué hacía. ¿Es eso un delito? En absoluto.

Ahora bien, que existan personas —hoy abundan y son más notorias— que no tengan criterio propio y necesiten desesperadamente que alguien les diga lo que les debería gustar, eso es otro asunto que vemos en todos los ámbitos de la vida.

De ahí que empezaran a aparecer personas que no compraban un vino sin antes saber cuántos Puntos Parker había obtenido. ¿Había un vino con 85 puntos y otro con 90? ¡Deme el de 90 puntos, por supuesto!

¿Que si los Puntos Parker influenciaban el precio del vino? ¡Faltaba más! A mejor calificación, más caros. Marketing.

Me gustó la manera en la que Roger Ebert, el crítico de cine comentó sobre el documental  Mondovino, en mayo del 2005, al escribir: 

Mondovino applies to the world of wine the same dreary verdict that has already been returned about the worlds of movies, books, fashion, politics, and indeed modern life: Individuality is being crushed, marketing is the new imperialism, people will like what they are told to like, and sales are the only measurement of Good".

Traducido al español:

Mondovino aplica al mundo del vino el mismo veredicto pesimista que ya se ha emitido sobre el cine, la literatura, la moda, la política e incluso la vida moderna: la individualidad está siendo aplastada, el marketing es el nuevo imperialismo, a la gente le gustará lo que se le diga que le guste y las ventas son la única medida de lo bueno.


Mis instruidos cuatro lectores, afortunadamente es decisión de cada quien ceder o no ante tal pesimismo que describe Ebert. 

Al igual que ustedes, mis inteligentes lectores, prefiero darme la oportunidad de probar cosas —entre ellas, vino— sea que hayan ganado premios o no (ya lo mencioné en mis principios editoriales: "Yo bebo vinos, no medallas").

Ver una botella tapizada de stickers (o calcomanías, en español) indicando los premios que ha ganado o los puntos que le han otorgado (ah, porque deben saber que hay más calificaciones además de los Puntos Parker), no me dice nada.

Tan condecorado como general norcoreano lambiscón

¿Quién no te dice que esas medallas fueron ganadas en puras copas moleras (aprovechando la euforia futbolera mundialista)?

Abundan las copas moleras

Por fortuna, he probado vinos de muy diversas uvas y regiones cuyo sabor no está estandarizado. Por supuesto, si siento el deseo de probar cierto vino en particular que me ha agradado o que le quedará especialmente bien a algún platillo que probaré —como mi adorado Chanti Ruffino—, lo busco. Pero no siento la imperiosa necesidad de que todos los vinos que pruebo sepan igual. ¡Qué aburrido!

Ah, se me olvidaba. Otro maridaje para el que busco un vino específico, y que les menciono aquí porque saqué el tema de las copas moleras a colación, es el Casa Madero Shiraz con unas enmoladas de queso de cabra, como las probamos por primera vez en Parras de la Fuente, Coahuila.




¿Que si en verdad quedó bien el maridaje? No me crean a mí. Preguntémosle a Elsa.

La patrona approves

¿Ven?

Hasta la próxima.

2 comentarios:

Gracias por tu comentario. Este será revisado, y en caso de pasar un estricto control de calidad (ja ja ja ja, hasta yo me la creí), se decidirá si pasa a la catafixia (donde puede mejorar o empeorar, no lo sabemos). Si eres un bot, ni lo intentes. Si no lo eres, pero quieres serlo, busca ayuda amigo(a).
Ahora sí, adelante, Shakespeare.