viernes, 22 de mayo de 2026

Observando el mundo | De los "amigos por correspondencia" a los "amigos de redes sociales"


Quizás el más joven de mis cuatro lectores no sepa que hace mucho tiempo, antes de que las redes sociales (como Facebook) irrumpieran en el escenario mundial, existía la figura de los amigos por correspondencia, o pen pals, como se les llamaba en inglés. Eran personas de diferentes países que mediante el correo postal se enviaban cartas escritas a mano o mecanografiadas. 

¿Cuál era una particularidad esencial de los amigos por correspondencia? ¡Que posiblemente nunca se conocieron en personal! Tal vez intercambiaron fotografías para saber cómo eran físicamente, pero muchos de ellos nunca estuvieron cara a cara.

Recuerdo que en la historieta cómica de Charlie Brown él mismo tenía su amigo por correspondencia, al que habitualmente le escribía hasta Escocia (aunque batallaba mucho con la pluma fuente).

Copyright Peanuts Worldwide LLC ®


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Viene a mi memoria también una película en inglés llamada 84 Charing Cross Road, la cual tuvo en español varios títulos, entre ellos La carta final y Nunca te vi, siempre te amé.


Como bien lo explica la entrada correspondiente de Wikipedia, el argumento era el siguiente:

«Una escritora americana, Helene Hanff (interpretada por Anne Bancroft), que vive en Nueva York, busca algunos libros. Entra en contacto con una librería de libros usados especializada de Londres, el número 84 de Charing Cross. Inicia así una relación epistolar de veinte años con Frank Doel (Anthony Hopkins), empleado de la librería; y que la llevará incluso a enviar comida a los empleados de la librería, cuando se entera de que Londres vive aún sumergida en una economía de posguerra. Los dos no se encontrarán nunca, pero terminarán siendo amigos, compartiendo el amor por los libros, por la literatura, por la lectura».

Lo más interesante es que esta película de 1987 está basada en hechos reales: ese intercambio de cartas en verdad sucedió.

Surgió una amistad sin que se llegaran a conocer en persona.

Hace poco escuché a la escritora, observadora social y neoyorquina por excelencia Fran Lebowitz, de 75 años de edad, decir que los tiempos van cambiando, y lo que ella llamaba o conocía de cierta manera ahora ya no es igual, aunque mantenga el mismo nombre. Su declaración me llevó a pensar en lo que para la generación de ella y la mía significa el concepto de ser o tener un amigo, comparado con las generaciones más recientes (los milenials y las generaciones Zeta y Alfa). Para estas puede ser suficiente conectar con alguien por una red social para afirmar que tienen una amistad. Si así lo consideran, están en su derecho, así como los integrantes de las generaciones anteriores valorábamos a los amigos por correspondencia

Por supuesto, ahora es más peligroso para los más jóvenes hacerse amigo de alguien a quien no conocen, por el riesgo de grooming. Pero librado ese peligro, no podemos afirmar dogmáticamente que mediante las redes sociales no puedan llegarse a formar amistades duraderas.


Hasta la próxima.

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Ahora sí, adelante, Shakespeare.