domingo, 1 de febrero de 2026

Salvador Costa Artigas: ejemplo de sencillez y coherencia de vida

Domingo 4 de enero de 2026. Reviso mis mensajes de Whatsapp y leo uno que me hacer poner una gran sonrisa: "Tengo un Priorat del 2002, que sí era vino para guardar, pero no sé qué tanto dure. Cuando quieras lo abrimos."

Quien remite es mi buen camarada Salvador Costa Artigas, con quien pacto la fecha y la hora para este memorable evento: miércoles 21 de enero a las 6:00 p. m. en su tienda de vinos La Boquería (Instagram: @laboqueriavinos)

Con el buen Salvador Costa Artigas, en la trastienda
21 de enero de 2026

He conocido muy, pero muy pocas personas que representen en toda plenitud la definición de la palabra bonhomíaafabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento. Salvador es una de ellas. Pocas cosas hay que sean tan gratas al corazón que conocer a alguien así.

Para quienes tenemos la fortuna de tratarlo más allá del mero trámite mercantil, la personalidad de los sorprendentes vinos que ha y sigue comercializando queda eclipsada por la que él mismo te revela con su cortesía. 

Salvador, regiomontano de nacimiento y descendiente de padres catalanes (su papá, originario del pueblo Port de la Selva; su mamá, de Barcelona), tiene una amplia trayectoria en el medio restaurantero, trabajando con su padre Salvador Costa Costa (†) (leer aquí la nota de El Norte) en el icónico Luisiana y posteriormente en La Guacamaya, ambos especializados en alta cocina internacional.

Salvador Costa Artigas y su padre, en La Guacamaya

Mi mente no logra ubicar el momento exacto en que nos conocimos, quizás porque valora más el presente y decir que se cuenta entre aquellas personas valiosas para mí.

Hago un recuento en mi acervo fotográfico, buscando aquellos momentos en que hemos coincidido, aunque sé que hubo muchos más de los que no guardo ninguna instantánea.

Presentación de vinos de Iberomex, en La Guacamaya
Izquierda a derecha: Manuel Pérez, Salvador Costa Artigas, Reynaldo Gómez, João Cavaco y yo



Presentación de vinos argentinos, en Buké Winestaurant
Izquierda a derecha: Nestor Leal y Salvador Costa Artigas


Cata de vinos Vinisterra, en restaurant Pangea
Izquierda a derecha: Salvador Costa Artigas, Guillermo Rodríguez Macouzet (†), yo y Christoph Gaertner


Presentación conjunta Comvinart y Vinos de Culto, en La Guacamaya
Izquierda a derecha: Salvador Costa Artigas y Humberto Falcón


Cata privada de la Bodega Ostatu, en Vinos y Vinos
Izquierda a derecha: Juan Mijares, Salvador Costa Artigas, yo, MaAsu Sáenz de Samaniego y Gonzalo Sáenz de Samaniego


Cata privada de vinos riesling, en restaurant Pangea
Izquierda a derecha: Salvador Costa Artigas y Daniel Pérez Whitaker


Una de la media docena de veces que nos reunimos los ERAP (enófilos regios anti paleros) en La Guacamaya
Izquierda a derecha: Iván Pérez Arteche, Salvador Costa Artigas, yo, David Valencia, Temo Villasana y Luis Cantú

El aprecio que Salvador ha desarrollado por esta maravillosa bebida que es el vino, como se dice, viene de familia. Al igual que otros conocedores, con quienes por ventura he interactuado (como don Carlos Villarreal, conocido de él también), Salvador probó primero el vino rebajado con agua, en su infancia. Al preguntarle qué edad tenía, me responde: "Ponle que desde los 12 [años]. 10 se oye muy grosero. Era vino a granel. Te vendían por 4 ó 5 dólares un garrafón de 5 litros", recuerda. Vino de mesa, que en catalán —el idioma de la tierra de sus padres — se conoce como vi de taula. Porque, por supuesto, Salvador habla también catalán. Faltaba más.

Ahora que, tanto el restaurante Luisiana como La Guacamaya ya no están en operación, algo que se extraña —y mucho— es la selección de vinos que ponían a nuestra disposición, pues el mismo Salvador se encargaba de buscarlos para incluirlos en su carta, sobre todos los de la madre patria, es decir, España. Olvídense de esas típicas y aburridísimas cartas de vinos que no salen de las mismas opciones: Ribera del Duero y Rioja. Y que creen que dan muchas opciones solo porque incluyen el vino joven, el crianza, el Reserva y el Gran Reserva de varios de ellos. ¡Pfffff! ¡Parfavar!

Claro, en las cartas de Salvador encontrábamos vinos españoles de Ribera del Duero y de la Rioja (cómo olvidar el sensacional Remelluri Reserva), pero además ponía a nuestro alcance otros de muy variadas regiones vitivinícolas como  D. O. Catalayud, D. O. Cigales, D. O. Q. Priorat, D. O. Montsant, D. O. Campo de Borja, D. O. Bierzo, D. O. Somontano, D. O. Terra Alta, entre otros. 

Como dicen en mi tierra: "¡Atáscate que hay lodo!".

¿Y vinos de otros países? Por supuesto. Francia, Argentina y México son de los que que más recuerdo, y que sigue vendiendo en su tienda La Boquería.

Datos de su tienda La Boquería

Al vino mexicano, Salvador siempre le ha dado oportunidad, como recientemente con los vinos ensenadenses Shimul del Ing. Álvaro Ptacnik. Pero no es de la única región vitivinícola mexicana que maneja.

Shimul is in da house!

Pero, eso sí, hay algo que tenemos que tener bien presente: Salvador sabe muchísimo de vino, pero también mucho del negocio restaurantero. Cuando él prueba vinos, además de evaluar las características de estos, ya anda pensando a qué restaurantes les pueden quedar mejor, dependiendo de los platillos que ofrecen en sus menús. Tiene el toque de Midas.

Salvador en su tienda La Boquería

Este querido camarada, graduado de Ingeniero Industrial y Sistemas por el Tecnológico de Monterrey (ITESM), tiene amplios conocimientos de cocina con sólidos fundamentos en la vida real ("al pie del fogón", diría el chef Loco Herrera, conocido de Salvador), respaldado con un postgrado gastronómico —inconcluso— en España, donde tuvo como compañero a su camarada y ahora famoso chef chocolatero JoséRa Castillo

Como buen ingeniero, le gusta saber el porqué de las cosas, por lo que muchísimo autoestudio lo ha llevado a adquirir un conocimiento sobre los vinos, las regiones, los suelos, las uvas y un largo etcétera que haría palidecer a muchos sommelieres titulados. 

Y es que, cuando Salvador tiene la amabilidad y la generosidad de contarte sobre alguna experiencia, sobre los vinos de una determinada región o sobre algún maridaje recomendado, lo más sabio que puede hacer el oyente es quedarse callado y ponerle mucha atención, pues indudablemente va a aprender algo valioso.

Cuando el buen Salvador habla, hay que ponerle atención

¿Por qué vinos de diferentes regiones, aunque sean de la misma uva, saben tan diferente con un mismo platillo? Algunos pueden hacer que la comida te sepa a que estás chupando un metal. La respuesta: el terruño (o terroir) . Y Salvador te lo puede explicar con conocimiento de causa.

Que un comensal quiere comer pescado, pero a la fuerza quiere acompañarlo con un vino tinto. Salvador sabe cómo salir al paso de situaciones de este tipo, dejando al cliente contento.

Para estos —y otros— asuntos, Salvador es una sumamente afable y simpática enciclopedia con patas: tanto si hablas de temas enológicos y culinarios, como de buena música de rock, pues es todo un melómano. 

Tan tranquilo que se mira, pero trae al música —rock— por dentro

—"Oye, Rafa. ¿Y qué pasó con ese vino del 2002 que iban a abrir?", quizás se preguntarán mis inteligentes cuatro lectores.

—Ah, sicierto.

Primero, les comento que la propuesta de Salvador se dio a raíz de un comentario mío sobre un vinazo que aún añoramos Elsa y yo: el Perinet, de la extinta bodega del cantante Joan Manuel Serrat, ubicado en la región del Priorat. Mi camarada Edgar Aguilar abrió el año pasado una botella que le quedaba —las compramos juntos— de la cosecha 2003. Creo que hasta lloró de lo buenísimo que estaba aún después de 22 años de su elaboración.


Vinazo

Ahora, gracias a la invitación del buen Salvador, tendríamos la oportunidad de probar otro vinazo de la misma región, el Priorat, aunque un año más antiguo que el que probó mi camarada Edgar.

Se trataba de un vino de la bodega catalana Capafons-Ossó (capafons-osso.com), el cual tiene por nombre Mas de Masos. Salvador me explicó que la palabra catalana mas significa finca en español. Por lo tanto, Mas de Masos se traduce como Finca de Fincas. Como dice la misma página del productor : "Del viñedo más viejo plantado en 1952 nace nuestro mejor vino, el MAS DE MASOS". ¡Wow!

Mas de Masos 2002, de la bodega Capafons-Ossó

Salvador me cuenta que conoció personalmente esta bodega y sus viñedos en un viaje a España, y me explica cómo tienen sus vides plantadas en terrazas (laderas o pendientes pronunciadas).

Mas de Masos 2002, de la bodega Capafons-Ossó

Al revisar la ficha técnica de este vino de más de 23 años, encontramos que está elaborado con cuatro uvas: garnacha peluda, garnacha del país, cabernet sauvignon y cariñena. Además, reposó por 12 meses en barricas nuevas de roble francés. 

¿Cómo se mostraría al descorchar este vino de 14% de alcohol? Solo había una manera de averiguarlo.

Tras batallar un poco con el corcho, el cual valientemente se resistió protegiendo celosamente el caldo que se le había confiado dos décadas atrás, nos lo servimos en copa.

Vista del Mas de Masos 2002, de la bodega Capafons-Ossó

Era de un muy profundo y opaco color granate, lo que denotaba que había envejecido con la dignidad que se esperaría de un vino de su categoría.


Vista del Mas de Masos 2002, de la bodega Capafons-Ossó

¿Presentaba sedimentos? Por supuesto, pues no en balde llevaba tanto tiempo guardado. Era de esperarse.

Aunque se recomienda decantar con tiempo los vinos del Priorat más jóvenes antes de beberlos (para que "abran"), este no lo necesitó en absoluto. En copa, la nariz se mostró excepcionalmente compleja e integrada, aún con notas frutales mezcladas con especiadas; todo un concierto único, que difícilmente podré volver a experimentar. En la boca fue una delicia, con un cuerpo pleno y sedoso, que mantenía una acidez impactante; lo dicho: la adecuada acidez es la columna vertebral de un buen vino. El exquisito sabor de este vino mantuvo una larga persistencia. Definitivamente, el paso del tiempo domó este vino que, sin duda, fue bravío cuando recién salió al mercado, un par de décadas atrás.


Tal como sucede con los grandes vinos, solo el paso del tiempo puede hacer patente la calidad de las personas que conocemos. Nos encontraremos a lo largo de la vida con algunas que fueron como estrellas fugaces: un espectáculo luminoso de corta duración, que a veces se desintegra por fricción y simplemente desaparece. Pero habrá otras, como mi estimado Salvador Costa Artigas, que demuestran su gran fortaleza interior gracias a su apacibilidad, a saber afrontar la vida con calma, humildad y modestia. Y compartiendo a los demás generosamente sus conocimientos. 

Levanto mi copa y brindo por él, reconociendo su gran valor como ser humano y agradeciéndole su amistad.


Si quieren probar excelentes vinos —y algunos de ellos no los encontrarán en ningún otro lado—, les recomiendo que se den una vuelta a su tienda, La Boquería (más atrás les dejé la cuenta de Instagram y su tarjeta con la dirección). Les aseguro que no van a salir decepcionados.


Hasta la próxima.