viernes, 27 de marzo de 2026

Curso básico de Redacción Sin Dolor | Tarea 2


Siguiendo con la serie de tareas que nos encargan en el curso de redacción, ahora el tema fue Hecho de la infancia, cuya descripción decía "Debe escribirse en primera persona y en pasado. Se narra un suceso que haya marcado la vida y que se recuerda muy nítidamente. Es importante mencionar qué sentiste en ese momento".

Esto fue lo que redacté.

Vip

Rafael Ibarra Mojica

 Recuerdo que estaba cursando sexto año de primaria. Esa vez, después de salir de clases, fui a la oficina de papá a recoger unos papeles. Caminé hacia el gran edificio de oficinas, pues no quedaba tan lejos de casa. Había pasado muchas veces frente a sus grandes instalaciones, que tenían rejas muy altas y guardias de seguridad las 24 horas. Esa sería mi primera y única vez que entré. Crucé la amplia puerta principal y me dirigí a la recepción, la cual vi que estaba en un costado. Le dije a la recepcionista que buscaba a José Luis Ibarra Ríos —mi papá—, y que él me estaría esperando. Ella buscó en una lista, marcó en su conmutador un número de extensión y le informó a papá que yo ya había llegado. Colgó el teléfono y me dijo que, por favor, esperara ahí.

   Nunca había visto un edificio tan grande y moderno por dentro. Como el vestíbulo al que entré era un área abierta, desde la cual se veía el segundo piso, estaba embobado admirando la gran altura del techo, mientras que atestiguaba el ir y venir de los empleados. Desde que entré, vi que, en el frente, justo en el centro, había un pequeño elevador con paredes de cristal que se desplazaba únicamente entre la planta baja y el segundo piso. A la derecha y a la izquierda de este había un par de amplias escaleras que curvaban, y por estas discurrían como hormigas algunos empleados. Miré a papá bajando por una de ellas.

   Me acuerdo de que subí con él a su oficina, sacó copias a unos papeles y me los entregó en una carpeta. Cuando me encaminaba a la salida, le comenté del elevador que vi.

—Ese elevador solo lo usan los directivos de la empresa— me dijo. Entendí entonces que su uso estaba reservado solo era para personas importantes.

Al acercarnos a la escalera curva por la que bajaríamos, sentí que papá me tomó de la mano y se encaminó al elevador; oprimió un botón, la puerta de abrió y nos introdujimos. Oprimió otro botón, se cerró la puerta y descendimos lenta y suavemente a la planta baja, a donde salimos cuando la puerta se abrió de nuevo.

—Nos vemos en casa— me dijo al despedirme, mientras yo me dirigía a la puerta principal para salir del edificio e irme a casa.

¿Cómo me sentí en esos momentos? Creo que no había otro niño con una sonrisa más grande que la mía ni que se sintiera tan importante para su papá.



Hasta la próxima.


2 comentarios:

Gracias por tu comentario. Este será revisado, y en caso de pasar un estricto control de calidad (ja ja ja ja, hasta yo me la creí), se decidirá si pasa a la catafixia (donde puede mejorar o empeorar, no lo sabemos). Si eres un bot, ni lo intentes. Si no lo eres, pero quieres serlo, busca ayuda amigo(a).
Ahora sí, adelante, Shakespeare.