sábado, 27 de junio de 2026

«El respeto al derecho ajeno (y a las creencias ajenas) es la paz»


Atribuyen a un expresidente mexicano la siguiente frase: «El respeto al derecho ajeno es la paz». Haya sido él o no quien la expresó (existe polémica al respecto), no nos enfoquemos en el mensajero sino en el mensaje, ¿les parece?

Tal y como lo escribí en el primer párrafo de mi artículo sobre el lenguaje inclusivo (lo pueden leer aquí), además de que creo que cada persona tiene el derecho a formarse su opinión, también cuenta con el derecho a tener sus creencias basadas en lo que ella decida. Y me refiero a creencias en un sentido amplio, no solo a las religiosas.

Con lo que no estoy de acuerdo es que alguien juzgue a los demás con base en sus creencias propias, o en que quiera imponerlas a los otros.

Por ejemplo, sé que existen personas que han decidido no beber ni una gota de alcohol (cerveza, vino, tequila, vodka, etcétera). Algunas no lo hacen porque aceptaron vivir de acuerdo a un código religioso que lo prohíbe, mientras otras únicamente lo hacen por motivos de salud. Asimismo, hay personas cuyas creencias religiosas (aceptadas por ellas) les prohíben tomar café. En mi caso, yo sí bebo alcohol y café. Así como ellos están en su derecho de no hacerlo, yo estoy en el mío de sí hacerlo. Ni mi religión ni mis condiciones de salud me lo impiden. Si yo los juzgara, y hasta condenara, por no hacer lo mismo que yo, ¿adivinen quién estaría mal? Por supuesto: yo.

Naturalmente, ir en contra de las leyes del país en que se vive, aunque la persona crea que está bien, acarrea una sanción. Pero si alguien hace algo que es permitido por las leyes, pero no concuerda con mis creencias, y ese alguien no forma parte, ya sea de mi religión u otra organización a la que yo pertenezco, pues eso es su asunto. 

Digo, si en Inglaterra manejan del lado izquierdo de la calle, mientras que en México se hace del lado derecho, ¿quién soy yo para decir que están mal allá? Desde luego, si un británico tratara de conducir en México por el lado contrario al aceptado aquí, sin duda se las verá con las autoridades. Pero si lo hace allá en su país, ¿cuál es el problema?

Mis perspicaces cuatro lectores, ¿han escuchado la frase: «Hasta lo que no come, le hace daño»? No seamos así. 

Hasta la próxima.


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Ahora sí, adelante, Shakespeare.