En mis tiempos del bachillerato (o preparatoria) llevé la materia de Filosofía. Desconozco si todavía se incluya en los planes de estudio (también llevábamos la de Lógica, algo que les hace mucha falta a los estudiantes hoy día, pero esa es otra historia). En aquella época, y dada mi inclinación más hacia lo físico matemático, no me parecía una materia atractiva. Creo que no fui el único que sentía lo mismo hacia tal asignatura. De hecho, hasta podría afirmar que mucha gente que llevó esa materia terminó odiando (o al menos, evitando) todo lo que sonara a Filosofía.
Así es, mucha gente cuando escucha esa palabra frunce el ceño o pone los ojos de huevito cocido (en blanco). Sobre todo, la gente que se considera a sí misma como religiosa. Pero lo que desconoce esa gente es que ellos aplican la filosofía todos los días de su vida. Es más: todas las personas con dos dedos de frente lo hacemos. Procedo a explicarme.
La palabra filosofía proviene de la unión de dos palabras griegas: philos, que significa amor, y sophia que significa sabiduría. Literalmente, filosofía significa «amor a la sabiduría».
Mas ¿cuál sabiduría es la que se ama? Depende. Por ejemplo, puede ser aquella que se aprende al estudiar los libros inspirados de la Biblia (la sabiduría de Dios), o la que descubrimos leyendo las Meditaciones del emperador Marco Aurelio (la sabiduría estoica).
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| El apóstol Pablo y el emperador Marco Aurelio, dejando sabiduría por escrito |
¿Y cómo se demuestra que se ama algo? Con acciones. En el caso de la sabiduría, esta se evidencia aplicándola en la vida. Esto es: vivir de acuerdo con esa sabiduría. Quien lo hace, basa su conducta en cierta filosofía.
La filosofía no es solamente un ejercicio mental: es una forma de vida. Debe transformarte, notarse en cómo vives.
La filosofía no es solo hacerse preguntas profundas con la razón, sino amar tanto la sabiduría que eso te cambia por dentro y se nota en cómo actúas.
Los estoicos decían que de nada sirve conocer la virtud si no la practicas día tras día.
Cuando mencioné que todas las personas con dos dedos de frente aplicamos la filosofía todos los días, lo hice basado en una frase que leí hace tiempo: «El sabio vive de acuerdo con cómo piensa; el tonto piensa de acuerdo con cómo vive». Si vives de acuerdo con cierta sabiduría que aprendiste, eres sabio. Por el contrario, si cambias tu criterio, como una veleta, dependiendo de lo que experimentas en cada momento, vaya que eres una persona tonta. No tienes una base sólida.
Y ustedes, mis cuatro lectores, ¿viven de acuerdo con alguna filosofía?
Hasta la próxima.

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Ahora sí, adelante, Shakespeare.