Hay palabras que usamos como sinónimos cuando no lo son en absoluto, pero el habla popular nos lo hace creer. Hoy, apreciados cuatro lectores, me referiré a un par de ellas: opinión y comentario.
Empecemos por las definiciones que nos da el diccionario de la lengua española [dle], tomando solo las acepciones que son pertinentes en este momento.
Juicio o valoración que se forma una persona respecto de algo o de alguien.
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Juicio, parecer, mención o consideración que se hace, oralmente o por escrito, acerca de alguien o algo.
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Mis inteligentes lectores ya se percataron de que estas definiciones son similares en parte. Pero hay una diferencia enorme entre ambas, la cual me permití subrayar en la segunda definición: se hace oralmente o por escrito. Es decir: sale de uno, la damos a conocer al mundo exterior.
Todos y cada uno de nosotros nos formamos opiniones, pero no todos decidimos expresarlas, es decir, hacer comentarios.
Mi admirada Fran Lebowitz declaró en una entrevista: "Toda la gente tiene opiniones, todos los seres humanos; hasta los niños de tres años tienen opiniones". Y su remate fue sencillamente tan magistral como brutal: "Eso es lo que es un berrinche".
La afirmación de Fran da lugar a una pregunta: ¿podríamos decir que existe una relación entre la inmadurez y la expresión desbocada de opiniones (ergo, comentarios) hecha tanto en persona como mediante las redes sociales?
Indudablemente.
Como lo he mencionado antes, las redes sociales han generado varios fenómenos, entre ellos la aparición de una nueva y cibernética tribu urbana apodada los opinólogos —aunque yo más bien los llamaría los comentólogos. Son personas, de todo tipo, que sienten la necesidad apremiante de dar su opinión sobre cualquier asunto (y cuando digo cualquier asunto, en realidad es sobre cualquier asunto, por nimio que sea).
Son individuos que han transmutado la famosa frase de René Descartes "Pienso, luego existo" por "Comento, luego existo".
En otras palabras: "Si no comento, no existo".
Pero a los opinólogos eso no les basta; si alguien no le da un Me gusta (Like) a su comentario (la tan ansiada validación) o, al menos, se lo rebate, es cuando en realidad sienten que no existen.
Epicteto dice que dentro de aquello que sí nos pertenece y es nuestra total responsabilidad están nuestras opiniones. Deberíamos atesorar nuestros pensamientos —formadores de dichas opiniones—, cuidarlos y guardarlos para nosotros mismos, o quizás para compartirlos con gente que sabemos que sí los va a apreciar.
"Tampoco echen sus perlas delante de los cerdos", aconseja el buen libro. Como siempre, deberíamos hacerle caso.
"Eres dueño de tus silencios y esclavo de tus palabras", es otro aforismo muy pertinente.
Corrobora al enunciado anterior el siguiente dicho que atribuyen al famoso líder sindical y político mexicano Fidel Velázquez : "Si lo piensas, no lo digas. Si lo dices, no lo escribas. Si lo escribes, no lo firmes. Si lo firmas, niégalo".
Sigamos formándonos nuestras opiniones, eso es sano en grado sumo. Pero, antes de espetarlas deberíamos preguntarnos: ¿en verdad vale la pena hacerlo?
Hasta la próxima.



Ciertamente hay personas a las que sí les va importar lo que tengas que decir, y muchas otras que ni siquiera vale la pena escuchar o leer, contimás expresarles nuestra opinión.
ResponderEliminarEs correcto.
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